Neuquén tendrá que confiar sólo en lo que tiene

Tanto hablar de las estrecheces económicas, ahora se viene una muy real y posible. En un mundo de transición, complicado por la caída del sistema financiero, Argentina no está bien posicionada, y los Kirchner han acrecentado las dudas que ya había. Neuquén, en este panorama, ve tambalear obras importantes.
Nada es seguro en esta Argentina llena de vacilaciones en un contexto internacional inestable. Y Neuquén no está “firme en la marejada”, para utilizar la imagen usada por la Presidenta hace muy poco, pretendiendo una inmunidad ante la crisis que –después se demostró- era tan solo una ilusión ingenua.

Aunque parezca extraño, el gobierno neuquino se concentró en una visita poco importante, la del ministro Julio De Vido, para encontrar motivaciones en medio del desaliento. De Vido vino, recorrió por unos minutos la represa Piedra del Aguila, constató que había agua suficiente y se volvió después de reafirmar que el proyecto Chihuido I es “importante” para el gobierno nacional.

El gobierno neuquino no pudo obtener más que esa calificación. Poco para disimular el mal trago que ha implicado la sentencia a muerte que ha decretado el matrimonio Kirchner para las AFJP, y con ello, para la principal fuente del financiamiento para inversiones con que contaba el país.

La ampulosa declaración de que el Estado “garantiza”, es evidente, no sirve para todo. En realidad, no sirve para nada. Los argentinos recuerdan muy bien la declaración de intangibilidad de los depósitos, que meses después devino en un saqueo de impresionante violación a la propiedad privada, que con cierto sentido del humor se denominó corralito, y que después se mezcló con la salida de la convertibilidad, la devaluación, y la aniquilación de los ahorros en dólares.

Chihuido I y también Chihuido II dependen de esa “garantía”. Esto en realidad querrá decir, en poco tiempo más, que el Estado debería poner plata. Sí, plata de los jubilados, porque ese manotazo a las AFJP –si lo convalida el Congreso- irá a parar, entre otros destinos menos confesables, a inversiones en obras públicas, necesarias para un año electoral en el que los Kirchner arriesgan perder la gobernabilidad.

Es altamente improbable que las empresas que manifestaron interés en Chihuido consigan los mil millones de dólares en los mercados internacionales. Para cualquier emprendimiento en Argentina, si antes era difícil conseguir crédito, ahora lo es mucho más.

El mundo capitalista estará muy ocupado socorriendo a los bancos, pilares del mercado financiero, y en reformar el sistema para evitar que vuelva a ocurrir una crisis de la actual magnitud. Demasiado ocupado como para pensar en la seguridad de tres ó cuatro poblados perdidos en el sur del mundo, amenazados por un río que arrasa con todo cuando llueve un poco de más.

También será difícil que el gobierno nacional pueda cumplir promesas que todavía ahora hace. No sólo tiene cruentos vencimientos de deuda que enfrentar en el 2009. El superávit comercial puede hacerse trizas, a manos de la mayor competitividad de Brasil, Chile, y hasta Uruguay; y el fiscal también de la mano de la caída de las retenciones a las exportaciones. Apenas si podrá, tal vez, mantener más o menos fuerte el consumo interno protegiendo y fomentando el mercado, como para que no se caiga también la recaudación de impuestos como el IVA o Ganancias.

Será, por lo tanto, improbable que cumpla su palabra como para que Neuquén pueda construir 5.000 viviendas con los planes federales. En concreto, para el año 2009 hay presupuestado 68,5 millones de pesos apenas, con ese fin. Da para hacer unas 685 casas. Las 4.315 restantes para cubrir la promesa pertenecen por ahora al mundo de la fantasía.

Así las cosas, de aquí a fin de año, la convivencia política se complicará, cada vez más.

La Concertación que sigue uniendo a radicales y peronistas en algunos municipios y en la Legislatura, acaba de proponer que 400 millones de pesos de los nuevos contratos petroleros se apliquen a viviendas, y otros 120 millones a escuelas y hospitales.

Esos fondos la oposición al MPN los diferencia del 15 por ciento que irá a municipios, más otro 15 por ciento para hacer obras también en las comunas.

El MPN en el gobierno enfrenta esta situación mientras percibe que en la pulseada con los gremios está solo. No escuchará una sola voz de solidaridad de parte de peronistas y radicales, más allá de la proclama también solitaria de Martín Farizano, acosado también en su propia administración.

La ambivalencia opositora es posible porque el propio gobierno neuquino está embretado en esa ambivalencia. Atrapado por una postura que llevó al extremo de aparecer como parte de la Concertación, ahora que la Concertación hace tiempo que vive el sueño de los muertos en una tumba con el nombre de Julio Cleto Cobos, no sabe cómo salir de la telaraña.

Son momentos difíciles en el país, y en Neuquén también. Puede aumentar el desempleo en el sector petrolero. Pueden complicarse las negociaciones con las petroleras que todavía no firmaron la renegociación. La temporada frutícola no tiene ningún indicio de que será mejor que la anterior.

Aun así, el gobierno de Jorge Sapag tiene la ventaja relativa de contar con obras para inaugurar, y con plata asegurada para invertir con el acuerdo ya firmado con YPF. Sólo le queda asumir que su proyecto de contar con el gobierno nacional se irá diluyendo por el impiadoso pragmatismo de los Kirchner, y su osadía casi suicida en procura de sostener el poder político, que ven tambalear.

En ese contexto, al gobierno del MPN le quedará confiar en sus propias fuerzas, y en el dinero que Neuquén por sí solo pueda conseguir.

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