Neuquén, el reino de la extorsión permanente.

Entre la visión optimista (se arregla todo con el precio del gas) y la pesimista (hay una tormenta perfecta) crece una opción de análisis y acción política que pronostica una salida posible para el actual encierro neuquino. En la coyuntura, sobresale el tremendo riesgo de pretender convivir con un sistema de extorsión permanente.
Hay una visión optimista y una pesimista acerca de este presente en Neuquén. Es una dicotomía que no enfrenta a oficialistas y opositores, sino a visiones distintas sobre una realidad que transcurre en otra dimensión; alejada de la percepción engañosa de una Argentina política que persiste en el error de intentar una criatura que, como el Golem o el monstruo de Frankestein, responda a los deseos plebeyos de su artífice.

La visión optimista es, como casi siempre ocurre con el optimismo, la más ingenua. Es la que ha creído desde 2007 hasta ahora que un cambio de estilo y de relación con el gobierno de los Kirchner bastaría para crear una nueva provincia, amasada en la concordia y la fecundidad de sus entrañas.

Esta visión, traducida a la coyuntura, sigue empujando la noción de que la dialéctica negociadora conseguirá remendar aquí y allá; y que con el petróleo y el gas a mejores precios (aunque no sean los que deberían tener) se podrá redistribuir la riqueza indudable que la provincia no ha perdido; y que políticos, sindicalistas y empresarios unirán sus esfuerzos en una cruzada con destino a la "condena del éxito" que alguna vez pregonó Eduardo Duhalde, el padrino arrepentido del kirchnerismo.

La visión pesimista se acerca peligrosamente al Apocalipsis. Describe, con realismo que asusta, una tormenta perfecta: recesión, más inflación, más pandemia de gripe A, más paranoia y progresiva ausencia de confianza. Un gobierno paralizado, que no acierta con respuestas ni soluciones, sino que se encapsula en su autosatisfacción de poder insaciable; y una sociedad que otra vez reclama sin rumbo ni conducción política, al borde del estallido en el caso de los sectores más empobrecidos.

Esta visión indica para Neuquén que la política de "recuperar relaciones" con el gobierno nacional (en realidad, una falacia objetiva) ya ha fracasado; que el gasto público aumentado ya no podrá cubrirse con recursos corrientes; que será una utopía pretender afrontar crecimiento con recursos participados de Nación, cuando el poder central necesita restringir y acumular para no caerse a pedazos; que los sectores que presuntamente pueden garantizar la paz social o subvertirla –los sindicatos estatales- en realidad han ganado un terreno político importante y están a las puertas de comenzar a conducir el Estado, directa o indirectamente con su sistema extorsivo de presión constante.

Entre los dos extremos de estas visiones optimista y pesimista, una tercera vía de diagnóstico y propuestas incipientes asoma, todavía no traducida en acción política concreta en Neuquén. Es la que muchos dirigentes –de distintas fuerzas políticas- leen de la actual coyuntura nacional. Y se basa fundamentalmente en dos argumentos: 1) el poder de los Kirchner cae inexorablemente, dando origen a una nueva etapa; 2) la actual debacle se resolverá vía parlamentaria, consiguiendo en los hechos un gobierno desde el Congreso, encauzando con leyes y modificaciones la política del Ejecutivo.

En el caso de Neuquén, este análisis también morigera las visiones extremas. Se afirma que el MPN encontrará un punto de equilibrio, acuciado nuevamente por el pánico a perder el poder ancestral que le dio origen, y que resolverá de algún modo la actual parálisis gubernamental, con más cambios en el Gabinete que en realidad evidenciarán una modificación del rumbo político, con la asunción plena de que el negocio de los K ha sido poco redituable en términos concretos.

Se especula también con un crecimiento real de dos sectores políticos: el peronismo no K, que pretende limar el poder de la variable política CTA y por ello seguirá aliado al MPN en políticas económicas; y el radicalismo, que está en la misma tarea para erradicar parásitos indeseables que se han metido en su organismo a partir del experimento capitalino.

El cálculo alcanza también la proyección de crecimiento del sector CTA a partir del pragmatismo ejercido desde la conducción de UNE, que se refugia cada vez más en el círculo áulico de Mariano Mansilla. De cualquier manera, no despierta demasiadas ansiedades, porque se evidenciará en muy poco tiempo –el 23 de agosto- el poder real (el aval del electorado) que conseguirá esta propuesta de construcción política a la neuquina, con una receta que ha combinado la disciplina sindical, con el populismo del MPN, y una difusa ensalada ideológica que es capaz de balancear en el mismo plato a Perón con Evo Morales, Chávez, Castro y Barack Obama.

Mientras, las dudas superan largamente a las certezas. El "triunfo" petrolero es una engañifa circunstancial, no significa nada más que ganar un poco de tiempo. La espada sigue pendiendo de la crin, y Damocles seguirá tembloroso apostando a la suerte para superar el largo día de la prueba.

En el fondo de la conciencia de los actuales dueños del gobierno, se cierne la sombra de esa espada.

Basta observar el disparate de un EPEN gobernado por ATE, amenazando a un pueblo entero –como ya hizo con Plottier- para entender hasta dónde puede llegar una provincia cuando la institución política sucumbe ante la corporación sindical. Que Zapala –que hasta hace unos meses tenía "la cooperativa mejor administrada"- atraviese este momento, sólo es explicable desde la lógica de la extorsión permanente.

La espada, no cabe duda, es la encarnación metálica de esa extorsión.

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