Neuquén es la provincia patagónica que más fiestas populares celebra

Un estudio de la Secretaría de Cultura de la Nación indica que son 77. La mayoría de ellas conmemora aniversarios o realza las producciones regionales.

Más allá de su valor cultural, las festividades colectivas representan un bien económico y turístico que apuntala el desarrollo de las localidades.

Neuquén > Siempre hay motivos para festejar. Por lo menos así lo entienden los neuquinos, que durante el año celebran 77 fiestas populares, una cada cuatro días.

El número se desprende de un relevamiento realizado por la Secretaría de Cultura de la Nación, a partir de datos recogidos de las distintas provincias.

Según el informe, Neuquén cuenta con 77 celebraciones y se convierte así en el distrito con mayor cantidad de festividades en la Patagonia.

Curiosamente, también se ubica por encima de otras provincias con más tradición e historia, como es el caso de La Rioja, que sólo cuenta con 74 fiestas populares o San Juan que tiene 43.

Sin embargo, está lejos de la provincia de Córdoba, que posee casi 700 o Salta que celebra unas 265 veces a lo largo del año.

De la misma forma, según señala el estudio, la mayoría de las celebraciones de esta provincia y del resto de la Patagonia son de tipo civil, como es el caso de los aniversarios de las localidades, o está vinculada a algún sector productivo. Esto marca una diferencia con el norte del país, donde las festividades religiosas –que conmemoran tanto a santos como a paganos-, son las más comunes.

Tradición

Otra característica de la provincia es la vinculación de las fiestas populares con la producción regional. A la ya tradicional Fiesta del Chivito en Chos Malal se suma, por ejemplo, la Fiesta Homenaje al Hombre Petrolero, que se lleva a cabo en Rincón de los Sauces para distinguir a los trabajadores del sector hidrocarburífero, corazón de la economía neuquina.

También existen otras fiestas menos conocidas que generalmente se celebran en pueblos del interior. Tal es el caso de la Fiesta del Loro Barranquero en Tricao Malal, la del Caballo Soguero y La Amistad, en Loncopué o la de La Yerra del Pial Puerta Afuera, en Añelo.

Economía y cultura

Además de constituir el patrimonio cultural de un pueblo, las celebraciones de este tipo representan un bien estratégico desde el punto de vista económico ya que se convierten en un atractivo turístico. Es que, conjuntamente con el hecho festivo, se mueve toda una cadena de actividades vinculadas a la gastronomía, la venta de artesanías y otros tipos de servicios como cabalgatas o recorridos guiados.

Según detalla el estudio de la Secretaría de Cultura, las fiestas populares poseen la virtud de ser federales al representar la verdadera idiosincrasia de las distintas regiones. Al mismo tiempo, logran superar las contradicciones sociales, porque se celebran tanto en ciudades y poblados ricos, como en aquellas localidades más pobres.

Patrimonio

Atendiendo a la importancia tanto para el circuito productivo como cultural, la UNESCO declaró en su Conferencia General de 2003 que este tipo de celebraciones representan una parte central del patrimonio inmaterial de un pueblo.

A partir de la valoración de los festejos colectivos, los especialistas comenzaron a conceptualizarlos. Es así que, tal como aclara la Secretaría de Cultura, existe una diferencia entre lo que se conoce como fiesta popular y un festival.

En el primer caso, se trata de "un hecho cultural colectivo que evoca un ser o un acontecimiento sagrado o profrano a través de ceremonias, rituales, festejos o actos conmemorativos".

En tanto, los festivales son "acontecimientos artísticos o folklóricos, que rescatan y difunden expresiones culturales y tradiciones populares".

Más allá de las definiciones académicas, el hecho de celebrar está en la propia naturaleza del hombre. Una doma, un baile o un desfile son alternativas para sobrellevar la vida cotidiana. A festejar entonces.

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