Neuquén: ser o perecer.

El equilibrio político, económico y social es inestable. Al MPN le va bien en las elecciones, pero la economía –y su reflejo social- es cada vez más preocupante. El gobierno tendrá una oportunidad de oxigenar con un cambio de Gabinete que denote cierta energía. La declinación K solo trae más incertidumbre.
El gobernador Jorge Sapag está contento porque las últimas encuestas que se hicieron en la capital neuquina le dan ganador a Luis "Chito" Jalil, del MPN, con 32 puntos sobre el segundo, Mariano Mansilla de UNE, que suma poco más de 15 puntos de intención y que también está contento porque le alcanza para ganar la interna abierta del oficialismo municipal.

A Sapag le ha ido bien en lo electoral este año. Con José Brillo, el MPN ganó las elecciones a diputado nacional y se quedó con las dos bancas que ponía en juego en los comicios, ganándole al mejor candidato de la oposición, el radical Horacio Quiroga, y después de una interna prácticamente inexistente, en donde la junta electoral recurrió al "inflado" de los votos porque la participación fue paupérrima.

Ganó después las internas partidarias con la Lista Azul, derrotando con Jalil al candidato de la Lista Blanca sobischista, Jorge Lara. Celebró ese triunfo con un enorme desahogo, un discurso beligerante que le ganó reforzar el enfrentamiento con el propio Sobisch, y también una cierta distancia con Brillo, un dirigente que tiene en sus planes despegar como líder de una "tercera vía" partidaria que esquive o en todo caso se monte sobre los liderazgos históricos. A Brillo no le cayó bien el discurso, y mucho menos algunas señales que interpretó como un incipiente recorte a su afán de construcción alternativo.

Ahora, las encuestas, más allá de que falten cuatro semanas todavía para las elecciones capitalinas, favorecen al MPN, partido que por otra parte siempre ganó en los últimos años los comicios municipales como partido, y si no gobierna el Municipio es solo porque del otro lado lo enfrentaron coaliciones armadas sobre la base de la unión UCR-PJ.

Sin embargo, la alegría de Sapag cubre la mitad de su rostro. Como en las dos máscaras que simbolizan el teatro, la comedia y la tragedia conviven en la realidad más íntima del poder político provincial.

La certeza del avance de la pobreza y la demanda social es lo que más preocupa al gobierno. Es la consecuencia más grave de los díscolos años en los que el poder K arruinó la economía de las provincias con más centralismo, y particularmente condenó a las productoras de energía –la más importante es Neuquén- a un mercado de precios regulados que permitió vender a precio vil un recurso no renovable y por lo tanto precioso.

Este factor, más la tendencia siempre suicida del partido provincial a construir un Estado supernumerario, que redundó en la masa salarial más gravosa de las 24 provincias argentinas, en proporción a la cantidad de habitantes, bastaron para que en poco más de un año y medio de gestión las finanzas neuquinas vivan la mayor crisis desde el 2001 hasta el presente.

Así, la necesidad de modificar el Gabinete es en realidad la necesidad de modificar el rumbo. El estilo, evidentemente, no ha sido satisfactorio. El desempeño personal, desparejo. El grupo no ha funcionado como equipo: por el contrario, cada ministro, cada cartera, se ha movido espasmódicamente al compás de las urgencias y –durante el primer año- con una soberbia incomprensible.

Primero hubo encontronazos entre César Pérez y Jorge Tobares. Después surgió el escándalo de Walter Jonsson, quien agotó faltriqueras a un ritmo escalofriante. Guillermo Coco, con fama de "intocable", se sumergió en la cuestión petrolera con una dedicación que le hizo ganar méritos como el mejor gerente que tiene el gobierno. Leandro Bertoya intentó ser un dique de contención para el drama de los intendentes, pero su discurso "liberal" en una gestión populista e intervencionista incrementó el desajuste con jefes comunales que gobiernan regiones imposibles, donde el único trabajo que todo el mundo busca y ambiciona es el que puede dar el propio Estado.

El discurso y las gestiones de Bertoya parecen de otro gobierno, como siempre ha ocurrido en los gobiernos del MPN: es el ministro "verde" en una gestión teñida por el manto oscuro de los hidrocarburos.

La ministra de Hacienda, Ester Ruiz, es una funcionaria propia del escalafón administrativo del Estado. Su rol es gris, opaco, laborioso y sobre todo eficaz en la transmisión de una sensación evidente: ella no toma las decisiones, ella administra y advierte. Es la campeona del déficit crónico de las cuentas públicas provinciales: no hay mejor rojo empresario que el de una empresa que no puede declararse en quiebra.

En este contexto, un cambio de Gabinete provocado desde el formalismo por una nueva Ley de Ministerios es una oportunidad, casi la única, que parece tener el gobierno para oxigenar a tiempo una gestión que corre peligrosamente por la cornisa, no tanto por lo que ha hecho o dejado de hacer, sino porque simplemente comparte el drama nacional : otra caída en el caos económico en este país predecible, capaz de chocar cada 8 ó 10 años con la misma piedra.

¿Y la relación con el gobierno nacional? En estos momentos, es un factor de alta inestabilidad. El "acuerdo" petrolero, que este martes firmará el resto de las provincias de la OFEPHI, sigue sin cambiar las cosas, porque no abandona la inseguridad jurídica ni se basa en un cambio positivo de parte del Estado nacional. El 30 de este mes se deben abrir los sobres con las ofertas empresarias para Chihuido I. El actual ministro de Economía, Amado Boudou, había prometido financiar cuando estaba en ANSES. Paradójicamente, ahora que está en un cargo más importante, no está tan seguro: la plata de los jubilados se escurre como el agua entre los dedos de la mano de un gigante.

Definitivamente, ya no se trata de ser optimista o pesimista, positivo o negativo. Se trata, simplemente, de ser.

Ser con todas las ganas, dejando de lado las caretas de ocasión, esas que se usan para el teatro, pero que en la vida real solo producen confusión y sufrimiento para los más desposeídos.

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