Una Neuquén que ya fue

Pese a que la percepción mayoritaria quizá todavía no lo asuma, lo cierto es que hay indicios claros de que Neuquén entra en una etapa distinta de su vida política y económica. En lo coyuntural, debe asumirse, por ejemplo, que ya hay recesión. Y que muchas demandas no podrán ser satisfechas desde el Estado.

Hay una ancha senda que divide la realidad de la percepción sobre la realidad, en estos singulares momentos de Neuquén. Es una brecha que puede inducir a una terrible equivocación, si es que realidad y percepción no se ponen rápidamente de acuerdo.

La realidad (es decir, lo objetivo de la situación) pasa por algo que los empresarios definen con menos tapujos que los políticos: en Neuquén, como en el resto de los distritos que tienen directa vinculación con la industria petrolera, la recesión ya empezó.

La percepción equivocada viene por arrastre cultural. En los últimos 10 años, Neuquén siempre creció, aún durante la crisis del 2001. Sus supermercados estuvieron al tope de ventas, lo mismo que la construcción, la venta de automóviles, el promedio salarial, en fin: los principales indicadores marcaron una tendencia siempre alcista en el consumo.

Pero ya no es así. Desde marzo-abril del año pasado, las ventas en supermercados se frenaron. Muchas inversiones se congelaron. La industria petrolera puso un gran freno, los puestos de trabajo comenzaron a declinar, y la inestabilidad laboral comenzó a sentirse.

En fin: la percepción continúa siendo, en muchos sectores, la de un Neuquén que ya no es, que ha cambiado, que debe abrir urgentemente un prudente período de austeridad y control de gastos.

Esto no debe interpretarse como una agorera visión catastrófica, sino como un renovado ciclo entendible en una economía altamente dependiente del precio internacional del petróleo. Es ese precio el que incide sobre la actividad, no el ficticio precio nacional, que solo le importa a los Estados por la percepción de regalías. Y es la actividad petrolera la que sigue moviendo a Neuquén, una provincia cuyo principal déficit es su atraso en generar economías sustentables opcionales al monocultivo de los hidrocarburos.

La situación reconoce algunos elementos paradojales. Por ejemplo, la negociación de los contratos petroleros –que por ahora le ha significado a Neuquén un plus extra-presupuestario (fondo fiduciario mediante) de más de 350 millones de dólares- comenzó con una enorme expectativa cuando el petróleo cotizaba cerca de los 150 dólares el barril. En el camino, se fue desinflando de la mano de la enorme crisis internacional. Ahora, estos recursos se tornan muy valiosos, pero al mismo tiempo de deslucen porque cae la coparticipación, la recaudación propia, y hasta las regalías no tienen mejora (pese al tres por ciento de canon extraordinario) porque los volúmenes de producción siguieron cayendo sin cesar.

Esta es la realidad, que obviamente no es desconocida por el gobierno de Jorge Sapag, que ha elegido el camino de reforzar su vinculación con el gobierno de Cristina Fernández en procura del mismo objetivo que tuvo desde el primer día de gobierno: gobernar con ayuda económica o, en todo caso, financiera, del Estado nacional.

El problema para el gobierno no es asumir esa realidad, sino enfrentar la necesidad de ser coherente con una política que objetivamente lo enfrenta no sólo con las demandas de los gremios estatales (para los que hay una conjura del capitalismo salvaje que condena a los trabajadores permanentemente a ser la variable de ajuste de las crisis), sino también con amplios sectores de la población que tardarán todavía mucho en asumir la caída del podio de los ganadores del estatus provincial.

Así las cosas, se torna complejo el panorama para el año, sobre todo si se tiene en cuenta el proceso electoral, que aumentará el nivel de mentiras, engaños y disimulos, y no precisamente la sinceridad como característica del comportamiento de la clase política.

Ante la coyuntura, no obstante, sería importante aumentar el esfuerzo por entender y asumir la realidad, no solo la propia, sino también la del contexto. La Neuquén de las vacas gordas (o del subsuelo gordo) se ha terminado tal como se la conocía. Hay otra Neuquén que nacerá de sus cenizas, posiblemente tan rica o más que la anterior. Pero la senda, la brecha entre una y otra, deberá ser transitada con prudencia y responsabilidad.

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