Neuquén, o la dimensión desconocida

Se trabaja para que haya al menos dos lados, dos bandos, dos contendientes. Pero en realidad hay un solo campo en donde están todos juntos, y cualquiera puede juntarse con cualquiera. El gobierno y la teoría de la cebolla. La oposición y el todo vale para ganar en el 2011.

"Es un hecho que el MPN se divide y que todos trabajamos para dividirlo. Pero es más posible que recolecte lo que queda de la división Pechi, antes que Mariano". El radical –veterano dirigente- elucubraba posibilidades café de por medio.

"Apostamos a que el MPN se divida lo más posible. Mariano se quedó con más de mil referentes ya, y va por más. Lo de Balda es serio, pero no se olviden del interior: lo que pasó en Centenario con Nueva Generación es solo una muestra de cómo podemos crecer". El dirigente de UNE –joven en la política- habla como un veterano, cerveza de por medio.

La política en Neuquén pasa por los amagues, las fintas boxísticas, las gambetas futboleras. Pero es indudable que, así como Palermo solo piensa en el gol, con la misma obsesión que Monzón pensaba en el nockout, los principales referentes de la política neuquina solo piensan en el 2011.

La presunción es la de casi siempre: el MPN especula con su pretensión de eternidad. La oposición, en desbancarlo del poder utilizando su propia fortaleza, como una imaginaria llave de aikido.

Los radicales, dicen, están cada vez más convencidos de que la alianza con UNE en el Municipio se romperá, sea por voluntad propia, o por acción de la naturaleza misma de la política.

Dicen que Horacio Quiroga aprovechará todo lo que pueda esta coyuntura de colisión por usurpaciones y cortes de rutas. Que marcará una zanja como aquella de Alsina para frenar los malones y dividirlos de la civilización. Y que de este lado de la zanja quiere juntar a todos los que no se ruboricen por aceptar ser "esclavos de la ley", aunque más no sea en los discursos.

De ese lado, imaginan, deberá estar Farizano. Y si Farizano va por la intendencia…Mansilla no debería ser su aliado, ya que aspira al mismo cargo.

Si se le pregunta a Mansilla, la respuesta es rápida: quiere ser candidato a intendente, y el único mecanismo que puede habilitar una candidatura en una coalición es el de internas abiertas. ¿Y entonces? ¿Competirá con Farizano? Tiempo al tiempo: no es el momento de meter esto en el debate público. Es tiempo de amagues, fintas, gambetas…y negociaciones.

Lo concreto es que nadie descarta nada. La sensación es que cualquier dirigente está abierto a aliarse con cualquier dirigente del otro lado, porque prácticamente no hay otro lado: están todos juntos en un barco que puede dar la vuelta al mundo, o chocar dentro de cinco minutos.

Depende de la suerte, de Sapag que está en el gobierno, y de Cristina que manda con lo que dice Néstor, ahora desde la soberbia de haber obtenido una victoria frente al poder mediático.

¿Y qué pasa en el MPN?

El partido provincial oscila entre el optimismo y la desesperación. El optimismo es casi una disciplina de la más profunda y escondida capa de la gran cebolla que es el gobierno. En ese corazón acorazado, la convicción pasa por demostrar que se podrá encarrilar el Estado, que se conseguirá mejorar el precio del gas, que se hará Chihuido I, y que todo esto se podrá al menos comenzar a evidenciar antes del 2011, con lo que el proyecto de la continuidad estaría garantizado.

El problema que afronta este corazón cebollero es que las capas más superficiales, las que enfrentan el medio ambiente, las que ponen el pecho a las balas, se van cayendo de a una. Son finas, pero no interminables. Cuidado: el corazón puede quedar al descubierto.

Con un pie dentro de ese súper Estado con el presupuesto de gastos más grande de la Argentina, los que tienen el otro pie afuera se refugian en el partido, que por ahora sigue comandando Jorge Sobisch.

Sobisch mastica la bronca de sus causas judiciales, que sabe alimentadas políticamente desde los sectores que coquetean o participan directamente de la corporación político-sindical que -es cada vez más evidente- sigue construyendo la CTA.

La situación tiene plazo: diciembre de este año. Para ese mes, Sobisch habrá zafado de las causas más resonantes, o habrá quedado trabado en esa telaraña que –con motivos o no- se ha tejido sin pausa.

Sobisch quiere volver a competir por el gobierno de la provincia. Tiene a su favor su propia disciplina espartana, su actividad militante que no cesa, y un grupo de dirigentes y adherentes que es dinámico, con gente que entra y sale, pero que más o menos se mantiene con epicentro en FUNDEPA.

La razón que alimenta la posibilidad de Sobisch es simple: la percepción de un eventual descalabro y desmadre de la situación político-social favorece su retorno, aunque este parezca, para algunos, imposible. Es una situación análoga a la de Eduardo Duhalde en el país. En Argentina, los políticos mueren solo cuando efectivamente estiran la pata. Y aún así suelen continuar, en boca y uso de otra gente, como ha pasado con Perón, como ya pasa con Alfonsín.

En medio de este contexto de amagues, sin certezas y con posibilidades de que ocurra todo o que no ocurra nada, las posibilidades son casi infinitas y no debe descartarse ninguna de ellas.

Quiroga puede aliarse con Mansilla, y éste a su vez puede firmar con algún sector del MPN, y Sapag puede fundirse con el peronismo no K, y los K pueden encontrar a Farizano, y Podestá puede resucitar tanto con Quiroga como con Parrilli, y hasta Massei puede volver al ruedo político si hay una oferta de "amplio consenso" para el 2011.

No es la dimensión desconocida, aquella vieja serie que alguna vez actualizó Spielberg. Pero se le parece bastante.

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