Neuquén, el cristal en un terremoto.

La recesión golpea fuerte, porque ha afectado mucho al sector petrolero. Se negocia intensamente, pero con el temor indudable de que a las suspensiones le sigan los despidos. Es un año paradojal, y sin soluciones en el corto plazo. Las razones comenzarán a encontrarse recién a partir del 28 de junio.
No hace falta mucho para que asistamos a una versión remozada pero igualmente patética de una Argentina confundida por rencores y amores inconducentes.

Algunos dicen que ya estamos ahí, pero que todavía no lo asumimos.

Más tarde o más temprano, la realidad siempre impone su criterio, que –como se sabe- es independiente de lo que nos guste o disguste a cada uno.

En Neuquén, la situación se puede caracterizar antes que nada por la fragilidad.

La economía provincial parece una cristalería fina en medio de un terremoto: solo la suerte puede salvarla. Las instituciones vacilan entre la torpeza política y el voluntarismo empecinado. La ciudadanía vuelve a padecer el síndrome de la ausencia de representación real.

No es una exageración retórica esta conceptualización de la coyuntura. Veamos:

* La recesión que siguió a los disparates económicos argentinos se disparó impulsada por la crisis global, que influyó directamente en la caída de los commodities. En la región, la baja en el precio del petróleo demostró que el precio nacional es nada más que una convención que regula ingresos estatales pero no actividad económica. Consecuencia: se prevén unos 3.000 puestos de trabajo menos en el sector petrolero. La cantidad de suspensiones ya ha sido suficiente para reducir la plata circulante, y esto se transformó en caída de alquileres, de compras en supermercados, en tiendas y en concesionarias de automóviles.

* Todavía falta lo peor, aseguran. El gremio que conduce Guillermo Pereyra trata desesperadamente (junto al gobierno provincial) de renovar el compromiso de las empresas para que no despidan gente. Pero al mismo tiempo presiona para que los suspendidos cobren un salario sin recortes. Negocia cuestiones insólitas, como por ejemplo que las empresas paguen los aportes que le corresponden a los trabajadores. Las empresas ya anticiparon que si el contexto no cambia, a las suspensiones le seguirán inevitablemente los despidos.

* A la debacle privada que provoca la caída en la actividad petrolera, la complementa el Estado con una caída en la recaudación propia y de coparticipación, más una meseta con tendencia declinante en la percepción de regalías; y un nivel de gastos que por ahora no se reduce, sino que aumenta.

* Así, el gobierno de Sapag intenta concientizar para adentro y para afuera. Pero comienza a obsesionarse con los conflictos impulsados por los gremios estatales, que -hay que reconocer- saben ser muy molestos. Falta poco más de una semana para terminar marzo y las clases en las escuelas no se normalizan. Los hospitales parecen tiendas de campaña en medio de una guerra no declarada. Las calles de la capital comienzan a ser copadas diariamente por movilizaciones, cortes, escraches y demás delicatessen del singular mundo sindical neuquino. Los municipios sufren tomas de sus edificios. Las rutas están siempre al borde del bloqueo. Todo esto en un año electoral.

* El año, por ende, entra de lleno en lo paradojal. Es el primer ciclo de gobierno, desde aquel acuerdo de principio de siglo entre Sobisch y Repsol, en que hay ingresos extraordinarios para la provincia, por la renegociación de los contratos petroleros. A estos ingresos, se le sumará el apresurado aporte de algunas migajas sojeras, parte de un federalismo mercachifle de apurones promovido por el gobierno de Cristina Fernández. El gobierno duda entre mantener la inflexibilidad de destinar estos fondos a inversión en infraestructura y reconversión económica, o ceder ante la presión sindical que a todas luces busca repartir esa plata en el propio Estado, con el precario argumento de que el sostén de la economía de consumo en Neuquén surge del empleo público.

En este contexto, el gobierno de Sapag ha dado un paso adelante simplificando la interna del MPN sobre la base de correr del centro de la escena a los dos protagonistas principales: Jorge , Sapag y Jorge Sobisch. Es un paso adelante porque Sapag necesita concentrarse en la gestión, con un partido que respalde al gobierno sin fisuras apreciables.

Obviamente, esto no alcanza en sí mismo para solucionar nada. En realidad, no hay soluciones, sino en todo caso la posibilidad de hacer lo más conveniente, porque entonces el sufrimiento social será menor.

Crece la convicción de que Neuquén solo podrá encontrar razones en una Nación que encuentre primero las suyas, superando esta coyuntura donde el rencor que eclosiona en la política parece el anticipo de una violencia inexorable.

Esas razones se tendrán el 28 de junio, si es que ese día se vota en Argentina.

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