En Neuquén se apunta al post kirchnerismo

Han aumentado los contactos entre quienes buscan construir opciones al oficialismo nacional, sin perder de vista la confrontación con el MPN. En el propio partido provincial, la posición frente a los K divide aguas, desde hace tiempo. La traducción de la situación nacional es dificultosa.
La adhesión o el rechazo al gobierno K, circunstancia que divide aguas en los preparativos del año electoral a nivel nacional, tiene una dificultosa lectura en Neuquén, distrito donde, como decía Discepolín, los políticos han estado en el mismo lodo todos manoseaos.

La traducción neuquina de la situación nacional es coincidente en el afán por encontrar espacios anti K de quienes se han mantenido al margen de la euforia oficialista, o bien han participado para después renegar de ella.

Son muchos los contactos estivales, entre fiestas y vacaciones, que se han hecho o intentado hacer. Desde la interna del MPN y sus partícipes, hasta los constructores de variantes competitivas contra el partido provincial, han estado muy ocupados visitando o llamando por teléfono a referentes “vírgenes” de la letra K en su abecedario político.

Uno de los que se ha preocupado por explorar el ambiente de los postergados por el matrimonio presidencial ha sido Horacio Quiroga, por ejemplo. Se sabe que “Pechi” quiere refundar su espacio político neuquino acudiendo a una amalgama pragmática que haga coincidir los planes coyunturales de Julio Cobos con sus propias necesidades rumbo a una candidatura a gobernador en 2011, con escala previa en el Congreso nacional.

Felipe Solá, Duhalde, Macri, son algunos apellidos que suenan como referentes nacionales para estas expectativas de construcción neuquina apuntando a lo que vendrá, es decir, al post-kirchnerismo.

Claro que en Neuquén hay demandas de traducción singulares. El pragmatismo gubernamental es una de ellas. En el año que pasó, hubo un énfasis oficialista quizá desmedido en “restablecer” relaciones con el gobierno nacional. Este énfasis derivó en una progresiva y mayor dependencia de los estamentos gubernamentales hacia planes, programas, objetivos, convenios, que se fueron construyendo como una lenta telaraña con distintas dependencias del gobierno central.

En 2008, los viajes de intendentes neuquinos a Buenos Aires para hacer gestiones fueron record. Con el tema viviendas y la necesidad de obras de infraestructura como motivo principal, los jefes comunales se fatigaron en las salas de los aeropuertos y en los pasillos de las dependencias porteñas. A algunos les fue más o menos bien; a otros, decididamente mal; pero a todos les quedó como herencia una mayor dependencia y compromiso con tal o cual funcionario, que necesariamente cuelga o depende de algunas exigencias políticas concretas.

Así, los partidos políticos reflejan las dos caras de la coyuntura electoral: la de quienes ven la oportunidad de crecer en función de la decadencia K; y la de quienes admiten que necesitan de los K y los tres años de gobierno que le quedan para sus propias gestiones ejecutivas.

En el MPN, el tema K divide la interna con precisión casi matemática, entre el sapagismo y el sobischismo. Uno participa de la “nueva” concertación armada por Néstor Kirchner; el otro conserva y acentúa su rebeldía frente al poder santacruceño. En medio de estos dos polos, intenta hacer pie una “tercera posición”, que a su vez predica la renovación partidaria sin apellidos tradicionales, posición impulsada centralmente por José Brillo. También ha surgido en los últimos tiempos una variante: la de una candidatura de “Pipe” Sapag, hermano del gobernador, aunque parte de una línea que –con ser oficialista- admite alguna diferencia de criterios.

En el radicalismo, se da una situación quizá más compleja: Martín Farizano, por ejemplo, le debe obediencia debida al gobierno nacional, aunque paradójicamente no se siente representado por quien es el mayor exponente neuquino hoy en la Concertación nacional, el diputado Hugo Prieto. Eduardo Benítez y la nueva conducción radical jugarán una apuesta a mantener la concertación neuquina como herramienta a oponer a la hegemonía del MPN; pero al mismo tiempo, sin resignar candidaturas. Todos tienen un gran tema a resolver: cómo conjugar las candidaturas al Congreso nacional con el PJ. Hay dos variantes: una, es anti K, con Quiroga, y obligaría a nuevas alianzas con sectores peronistas disidentes; la otra, es pro-K, no tiene candidato todavía, pero es claro que no sería Quiroga.

En el peronismo, la batalla entre los K y los rebeldes está cobrando cada vez más importancia. Es una batalla sorda, poco clara a la vista del público, pero no por ello menos real. Aquí jugará decisivamente la permanencia o no de Oscar Parrilli en el gabinete de Cristina. Según algunas versiones –de las que este diario se hizo eco- la permanencia de Parrilli como secretario de la Presidencia está amenazada por sectores ultra del gobierno. Esto puede influir en el armado electoral neuquino; aunque independientemente de este factor, hace tiempo que el peronismo provincial ve crecer sus variantes no K, expresada en referentes que por ahora intentan mantener un bajo perfil.

Por otro lado, la posición frente al oficialismo nacional también juega en los aliados de la UCR y el PJ, es decir, el frente que se formó en el 2007, que incluyó a Libres del Sur, al Frente Grande, y a UNE.

Libres del Sur, con Jesús Escobar, ya se abrió del kirchnerismo, como lo ha hecho a nivel nacional, y lanzó su candidatura propia para competir por una banca en el Congreso este año.

La gente de UNE ha propuesto hacer internas para elegir candidatos. A este partido le interesa sobre todo el distrito Neuquén y su elección para renovar parte del Deliberante. Por eso, se menciona desde hace tiempo la posible candidatura de Mariano Mansilla como primer candidato a concejal, haciendo abstracción lo más posible de la coyuntura nacional.

Comentá la nota