NÉSTOR Y SU TEOREMA DE LA RETIRADA Las preocupaciones del ex presidente Kirchner

Anticipa que Clarín le dictará el momento de su salida. Y que por eso necesita medios leales que le cubran las espaldas. Su estrategia para 2011.
Hace apenas un año, Néstor Kirchner imaginaba que su proyecto político iba a prolongarse en el poder por lo menos durante dieciséis años. Pensaba en una alternancia con su esposa y en una transformación duradera. 2008 cambió la correlación de fuerzas y ahora el presidente intuye otro escenario, bastante menos amable. Hace algunos días, Kirchner sorprendió a su círculo íntimo con una mirada en retrospectiva de los distintos gobiernos que pasaron a la historia desde el regreso de la democracia. El santacruceño repasa la forma en que se fueron y ya ensaya variantes para su propia retirada.

Kirchner visualiza al multimedios Clarín como el verdugo que vendrá a anunciarle que su tiempo de gracia en el poder ha expirado. Sabe que falta bastante poco para que ese llamado se concrete de manera tajante. “Tiene un teorema: el poder de un presidente es inversamente proporcional al poder del Grupo”, le dijo a Crítica de la Argentina un funcionario que comparte sus horas. El jefe del PJ se queja en sus discursos de que los medios de comunicación no van a elecciones y, en privado, considera al holding un poder de facto que condiciona la gobernabilidad y, lo que más le preocupa ahora, la vida de los ex presidentes.

“Clarín cuida a los ex jefes de Gabinete. Menem fue preso, pero Eduardo Bauzá jamás tuvo problemas. De la Rúa está procesado, pero nadie se acuerda de Christian Colombo”, le dijo Kirchner, la semana pasada, a un empresario de su confianza. La saga continuaría con él como protagonista. El trato privilegiado que Alberto Fernández tuvo con “el gran diario argentino” lo eximirá de responsabilidades, afirma, pero lo pondrá a él y a sus hombres de mayor confianza en la línea de fuego.

Sus razonamientos coinciden con la embestida de Elisa Carrió, que todas las semanas amplía la denuncia judicial en su contra por asociación ilícita y gana un centimetraje que hace muy poco no tenía.

En sus cinco años en el gobierno, el kirchnerismo no pudo edificar una fuerza política propia que lo respalde en la escena pública. Intentó con distintas alquimias transversales, incorporó a las llamadas organizaciones sociales y a la mayor parte de los organismos de derechos humanos y finalmente se rindió ante el pejotismo y el sindicalismo ortodoxo. Kirchner considera que, en ese lapso, los medios no lograron horadar su base electoral. Así, el oficialismo logró disputar –y muchas veces imponer– la agenda mediática en base a su iniciativa política y a un archipiélago de medios afines, en su mayoría pequeños. El conflicto por las retenciones móviles abrió las puertas a otro escenario. Ahora, Kirchner ve a sus huestes en decadencia y quiere contar con medios que lo sostengan o lo cubran en su hipotética retirada. El sábado, el presidente volvió a participar de la reunión de los intelectuales de Carta Abierta y prometió que, ahora sí, se avecina el tiempo de la nueva Ley de Radiodifusión.

El mismo ejercicio que hace con respecto a los ex presidentes en privado, lo planteó en público el martes último en el Teatro Argentino de La Plata para analizar a los vicepresidentes. Kirchner sostiene que existen dos formas de resolver el conflicto entre presidente y vice: la subordinación o la renuncia. Dice que Víctor Martínez, Carlos Ruckauf y Daniel Scioli se disciplinaron pese a las diferencias que tenían con quienes habían sido sus compañeros de fórmula, y cumplieron con su mandato. Chacho Álvarez tuvo la “dignidad” de abandonar el proyecto de la Alianza. “(Julio) Cobos debe tomar uno de los dos caminos, no puede ser opositor desde el Ejecutivo”, sostiene. En La Plata, dijo que no quiere que se vaya sino que recapacite. Ninguna de las dos cosas figura entre las prioridades del ex gobernador de Mendoza.

En ese razonamiento se inscriben las elecciones de 2009, antesala decisiva de 2011. A Kirchner no se le cruza por la cabeza entregar el poder con docilidad. Está dispuesto a jugarse entero en el año electoral que, para él, ya comenzó.

Con los resultados de los comicios de 2009 sobre la mesa, podrá designar un candidato presidencial que no le obedezca pero al menos lo preserve, aspirar a ser el jefe de una oposición fuerte o, en el peor de los casos, resignarse a seguir imaginando el día después. Lo que no hará, advierte, es quedarse a gobernar con el manual que le escriban otros. Para los que se acostumbraron a leer su pensamiento, el amague de renuncia que hizo el día que Cleto votó “no positivo” aún está vigente.

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