Néstor, las reservas y el síndrome Cleto

Por Damián Glanz.

El ex presidente volvió a sufrir el peso de la derrota tras el fracaso de la sesión preparatoria de Diputados de hace un mes. Redrado era considerado un soldado de la Rosada, pero les dijo "no" a los Kirchner y es el nuevo Julio Cobos.

Néstor Kirchner comenzó a convivir con la derrota. Al fracaso de la sesión preparatoria de la Cámara de Diputados de hace un mes, donde los partidos de la oposición impusieron su mayoría para dominar al Congreso, el oficialismo sumó ayer una nueva frustración. Un funcionario clave, considerado como propio por la Casa Rosada, les dijo "no" y se agazapó en su cargo para enfrentar desde adentro al matrimonio presidencial. Martín Redrado es hoy el otro enemigo íntimo, el nuevo Julio Cobos.

El "voto no positivo" sobre el Fondo del Bicentenario, que prevé el pago de deuda con reservas, convirtió al "Cleto Redrado" en un actor aficionado al juego de la oposición. No fue sino la cumbre con la cúpula radical lo que alteró los nervios del jefe del PJ y gatilló la decisión de expulsar al economista de la autoridad monetaria. Desde ahora, la conflictiva permanencia en su cargo dependerá del acuerdo que el propio Redrado alcance con los adversarios de la Casa Rosada en el Congreso. Una comisión parlamentaria, presidida por el propio Cobos, deberá aconsejar al Poder Ejecutivo sobre el destino del funcionario.

Kirchner se estrelló por segunda vez contra la misma pared. En julio de 2008, la intransigencia de Olivos elevó al otrora compañero de ruta de Cristina Fernández al rango de héroe agropecuario nacional que desde allí escaló al podio de los presidenciables con chances. El santacruceño tuvo en sus manos la fórmula para evitar la invención de su enemigo: Cobos le había ofrecido suspender la votación sobre la resolución 125, reabrir el diálogo y lograr el consenso. Dijo "no". Esta vez, Redrado le hizo saber al Ejecutivo que no habilitaría las reservas hasta que el Congreso emitiera su opinión sobre el decreto de necesidad y urgencia. Kirchner apostó otra vez a su capacidad para imponerse, para hacerse temer. Y volvió a perder. El "no" de Redrado es un síntoma de la debilidad del ex presidente y no del protagonismo circunstancial del funcionario. Ahora sabe que se le atreven.

Esta vez el problema no es sólo político. La rebelión de Redrado atenta contra el plan más urgente y delicado de la Casa Rosada: el road show por Estados Unidos, Europa y Japón que programó el ministro Amado Boudou para promocionar la reapertura del canje de deuda. A diferencia de Cobos –cuyo margen de presión está acotado al insólito y cuestionable desempate en la Cámara alta y a un presupuesto anual de apenas 5 millones de pesos–, los movimientos del presidente del Banco Central tienen un efecto inmediato sobre los caprichosos mercados y sobre las cuentas fiscales. El Gobierno depende de los 6.600 millones de dólares que necesita para llegar a salvo a 2011 y que Redrado no quiere soltar.

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