Néstor le puso límites a la oferta de Boudou

Para asegurar el éxito de la operación, el ministro preparó una propuesta superadora de la del canje de 2005. Pero Kirchner la vetó en Olivos y ordenó que, cuanto menos, se empardara el convite de hace cuatro años.
Amado Boudou había llegado a la quinta de Olivos con las prolijas carpetas bajo el brazo. Néstor Kirchner escuchó con atención la presentación del ministro y enseguida rebatió: "La quita tiene que ser igual o peor que la vez pasada", le dijo. La propuesta de Boudou para arreglar con los bonistas que en 2005 rechazaron el canje de la Argentina mejoraba la oferta de hace cuatro años y medio. Su argumento es que ésa es la única manera de lograr la aceptación masiva del nuevo canje y el cierre definitivo de la cuestión. Pero el ex presidente no compró la ilusión del titular de Hacienda y lo conminó a rehacer las cuentas. La idea es ofrecer bonos con precios inferiores a los de mercado.

Boudou, junto con los bancos coordinadores de la operación (Deutsche, Citigroup y Barclays), vienen armando la propuesta a los denominados holdouts. Esas entidades habían concluido que si a los acreedores se les ofrecía 45 dólares por cada 100 que acercaran al canje, la aceptación sería masiva. Después de la operación de 2005, en la actualidad, la mayor parte de los bonos argentinos en default quedaron en poder de una gran cantidad de fondos de inversión, en su mayoría ingleses y estadounidenses.

En total, hay 20 mil millones de dólares en títulos que están en manos de esos fondos. Pero la cuarta parte de ellos, unos 5 mil millones, se encuentran bajo litigio. Es decir, que sus dueños aguardan ganarle a la Argentina en los tribunales internacionales. Son los que no van a ir al canje porque esperan cobrar el ciento por ciento de la acreencia, el valor facial del bono. Sin ninguna quita.

A pedido de Kirchner, el ministro de Economía armó una oferta que será presentada en las próximas jornadas. Los puntos principales son:

* Se emitirá otra serie de bonos Discount, con vencimiento en diciembre de 2033. Podrá elegirse entre pesos y dólares.

* Se reconocerán los intereses caídos desde 2005. Para ello, se dará otro bono a siete años de plazo y con una tasa de interés anual en torno al 11 por ciento.

* Los bancos organizadores de la operación pondrán el 10% de lo que ingrese al canje en efectivo. Alcanzaría a u$s 1.500 millones si, como aspira el Gobierno, adhieren bonistas con 15 mil millones en títulos de la deuda. El Gobierno destinará esos fondos al pago de compromisos de la deuda. Lo mismo ocurrirá con los 2.500 millones que ya ingresaron al país como rebote de la capitalización del FMI.

* El Gobierno enviará al Congreso un proyecto para cambiar la ley cerrojo que le impide reabrir el canje.

Según cálculos que están ajustando en Economía, esta oferta tendría un valor de entre 32 y 35 dólares por cada 100 que acerquen los acreedores. Si fuera así, sería una propuesta similar a la realizada en 2004. Hay que destacar que en el mercado los bonos en default cotizan a un promedio de 38,5 dólares.

Este borrador tiene dos diferencias sustanciales con el original hecho por Boudou. Para que se respete el pedido de Kirchner se eliminó:

* El reconocimiento de los cupones del crecimiento del PBI ya pagados a los acreedores en los últimos años. Hubiese mejorado la oferta en 4,5 dólares por cada cien.

* Tampoco habrá cupones del PBI si hubiera expansión económica en el futuro. Este punto agregaba 6,7 dólares por cada cien.

En el Gobierno creen que una vez cerrada la operación con los holdouts, se podrá retornar a los mercados voluntarios de crédito internacionales a una tasa inferior a la que los bancos piden ahora. Hace un par de semanas, Martín Redrado recibió una oferta para emitir un bono por hasta 10 mil millones al 13,5% anual. Esa tasa podría reducirse al 10 u 11% anual si se completa la operación con los bonistas. Ése es el tope que se han impuesto los funcionarios para salir a endeudarse. Por eso tienen prisa por borrar el término holdouts de la agenda.

OPINIÓN

Las cuentas detrás del otro riesgo país

Alejandro Bercovich

Un hospital de complejidad media de 5 mil metros cuadrados, donde se pueden atender 50 mil personas, cuesta 40 millones de pesos. Con los 374 millones menos que el Presupuesto 2010 asigna al área de Salud (6,7% de ajuste contra este año) podrían levantarse nueve hospitales el año que viene. Y con los 2.072 millones que se agregan a las partidas para el pago de la deuda pública (8,5% más), otros 50 se harían realidad.

Sacar cuentas de lo que podría hacerse con los 20 mil millones de dólares que el ministro de Economía les quiere reconocer a los acreedores que rechazaron la quita de 2005 es un ejercicio estéril. No es plata que se les entregará en efectivo, pero sí una carga monumental que asumirá el fisco justo cuando el crecimiento y la recaudación aflojan por la crisis mundial.

Amado Boudou sostiene que la reconciliación con el FMI, las tratativas con el Club de París y la oferta que prepara para los denominados holdouts son las necesarias "señales" que esperan los financistas extranjeros para volver a prestarle plata al Gobierno. Y que con los préstamos que se obtengan se podrán solventar las políticas sociales que de otro modo habría que recortar. Palabras más, palabras menos, el mismo argumento que se repetía en tiempos de Menem y de la Alianza, cuando el Palacio de Hacienda parecía una antena radial de tanto emitir "señales" para los mercados.

El ministro fuerza su creatividad en malabares retóricos para que la idea resulte digerible en las huestes kirchneristas que no se resignan a entregar el electorado de centroizquierda. "Hay que bajar el riesgo país, aunque tengamos nuestros reparos sobre cómo se mide y para qué se mide", dijo en el Congreso al defender el Presupuesto 2010 con su ajuste en Salud y todo.

El pago a los bonistas fue reivindicado en los últimos días por Roque Fernández y Domingo Cavallo, dos ex ministros de los denostados 90. Pero ni siquiera entre los funcionarios de aquella década hay unanimidad sobre la conveniencia económica de la movida que impulsa Boudou.

Daniel Marx, negociador estrella de la deuda entre 1987 y 1993 y luego con Cavallo en 2001, les planteó sus reparos un tiempo atrás a dos hombres del gabinete que alternan en Olivos con Néstor Kirchner. Les advirtió que los fondos "litigantes" no aceptarán ningún arreglo y que aunque sean minoría seguirán haciendo juicios y acusando al Gobierno de estafador. Según él, antes de ofrecer nada habría que garantizarse neutralizarlos.

Los 35 centavos por dólar que se reconocerán a los tenedores de bonos en default implican un descuento del 65% respecto de la deuda original, pero distan de ser una estafa si se tiene en cuenta que la inmensa mayoría de esos acreedores compró los bonos a 15 centavos, cuando nadie los quería. Ellos –los bancos locales, por caso– se anotarán una ganancia del 100% en un plazo de un par de años.

Los que sí perdieron son quienes compraron esos papeles originalmente, instigados por los bancos cuando el riesgo país era bajo. Pero no hay forma de compensarlos.

Todo puede debatirse. Pero después de un año con dos epidemias que colapsaron el sistema de salud pública donde se atienden los 20 millones de argentinos sin cobertura de obras sociales ni prepagas, ¿por qué no empezamos por los hospitales?

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