Néstor Gorosito: "Yo no me caso con nadie"

Dirigir a River es el mayor desafío de su carrera. Le dice sí al paladar negro, pero no negocia sus reglas.
Declaración de principios uno: "Para ser un equipo ofensivo no hay que tener un tatuaje del Che Guevara, ni hacer asado todos los días ni estar de joda cada dos por tres. Al contrario: a un equipo de ataque hay que dedicarle mucho más tiempo para formarlo que a uno defensivo o de contraataque. Destruir siempre es más fácil que construir".

Declaración de principios dos: "No vamos (casi siempre habla en nombre de todo su grupo de trabajo) a cambiar la forma de ser ni de pensar. El fútbol es muy simple y lo más importante son los jugadores. En mi época de futbolista no me gustaban los técnicos que si ganaban, ganaban ellos; y si perdían, perdían los jugadores. En la semana, el entrenador tiene un porcentaje de importancia del 80% y los jugadores, del 20. El domingo es al revés: 80% los jugadores y 20% el técnico. Si hay algo que no trabajaste en la semana, por más que quieras no vas a poder hacerlo el domingo".

Declaración de principios tres: "El equipo debe tener una idea que le permita jugar de la misma manera en cualquier cancha. Jugar bien no es sólo pararla con el taco o dormirla con el pecho. Jugar bien también es trabar y ganar, cabecear y ganar, tirarla afuera si es necesario. Eso también es jugar bien".

Declaración de principios cuatro: "Hay que poner las reglas claras de movida. No hacer lo que no te gusta que te hagan. No me gusta fallarle a los jugadores como no me gusta que ellos me fallen a mí. Nosotros somos compañeros con otro rol, porque decidimos quiénes juegan y quiénes, no. Yo quiero que a nosotros nos vaya bien. Y para eso es necesario poner a los que juegan mejor. Si no, la competencia no es sana entre los jugadores. Si el suplente ve que el titular juega siempre por más que no esté en un buen nivel, ¿qué esperanzas puede tener de ocupar su lugar? Así, con las reglas claras que decía antes, tuvimos en todos los clubes una excelente relación con los jugadores; con los titulares y con los suplentes".

Declaración de principios cinco: "No nos casamos con nadie. No le mentimos a nadie. El que juega bien, juega aunque tenga quince años. Si tiene quince y juega bien, adentro..."

Está entusiasmado Néstor Raúl Gorosito. Por fin le llegó lo que tantas noches soñó ("Estuve en el club de los 6 a los 24 años... Sabía que en algún momento me iba a cruzar con River. Por mi forma de sentir el fútbol, por mantener una línea de conducta, porque no es necesario hacer declaraciones fuertes o demagógicas para ganarse un espacio"), aunque quizás la actualidad del equipo lo sorprenda como a la mayoría. El último puesto en el Apertura, tras una campaña impresentable e indefendible, todavía se clava como una daga en el corazón del hincha.

--Parece mentira pasar, en seis meses, de campeón a último... Son fenómenos que se dan, circunstancias completamente ilógicas. Dios quiera que sólo haya sido una casualidad.

--Y ahora, con vos como técnico, ¿confías en dar vuelta la parábola: pasar de último a campeón?

--Uno siempre tiene las mejores ilusiones. Sería un mediocre si no pensara así, más aún con una camiseta tan grande como la de River. Después dependerá de nuestra capacidad, de nuestro trabajo. La realidad es que River tiene que estar arriba, pero para eso antes hay que formar el equipo. Aspiro a que la gente se identifique con el equipo, que el que contagie a la gente sea el equipo y no al revés. Si tenés un buen equipo, las individualidades se potencian. Y al final, el que te hace ganar es el jugador.

--Tenés 44 años y hace seis que dirigís, desde aquel Chicago 2002. ¿Te sentís con la suficiente madurez y experiencia como para asumir el desafío más trascendente de tu carrera?

--Ser técnico es diferente a otras profesiones. Vos sos arquitecto recién cuando te recibís. Yo hice la experiencia en el fútbol de los 6 a los 38 años, cuando dejé de jugar. O sea: 32 años de práctica. La experiencia es más valiosa que un título; formarte como entrenador no es sólo un título. Para ser técnico hay que tener un poco de todo. Psicología, mucho más hoy en día; estar capacitado para la parte táctica-estratégica. También ser honesto, no mentir, trabajar mucho y hablar poco. Los jugadores son muy perceptivos: se fijan en todo, ven todo, se dan cuenta rápido de cómo sos y de cómo te manejás. Si un técnico dice que los jugadores no le entienden el mensaje es porque su mensaje no es claro.

--Hasta ahora no te aferraste a un dibujo táctico. ¿En River va a ser igual?

--Sí, porque todo depende de los jugadores con que cuentes. En Chicago jugué 4-2-3-1. En San Lorenzo, 4-3-3 y después 4-3-1-2. En Lanús, 4-2-2-2. En Central, 4-4-2. En Argentinos, 4-4-2 y 5-3-2. Fijate si cambié... Lo que no transo es la parte de tratar bien la pelota, de intentar ganar a partir de ser superior al rival. El 2 que juegue de 2, no que tire un caño o un sombrerito. Los defensores primero tienen que defender y luego, en vez de pasar al ataque ochenta veces sin sentido ni sorpresa, que pasen ocho pero que tiren un centro-gol o sirvan un pase-gol.

--River, sin Ortega, no tuvo jugadores rebeldes, que no se sometiesen tanto a las indicaciones tácticas del entrenador. Y así le fue en el Apertura y en la Copa Sudamericana... ¿Hasta dónde llega la libertad que vos le das en la cancha al futbolista?

--Si hablás del aspecto creativo, ofensivo, le otorgamos cuatro o cinco alternativas a los jugadores. Después, claro, hay que dejar volar la inventiva, el talento de cada uno. La cuestión es no desordenarse. En cualquier orden de la vida, lo más difícil es ser equilibrado. Mientras más ordenado estés, mejor te va a ir.

--¿Creés que aún existe el paladar negro del hincha de River o eso, definitivamente, quedó sepultado por el exitismo?

--Uno tiene que tratar de no perder el paladar negro. Si se juega bien es mucho más fácil ganar. Es muy lindo conseguir un triunfo como consecuencia de haber jugado bien, mejor que el adversario. En River hay valores históricos como los hay en la vida. ¿Qué quiero decir? Que en la vida hay que ser educado, decir buen día, decir gracias, darle el asiento a una mujer, dejarla pasar antes; todas esas cosas que nos enseñaron de chicos y que no deben resignarse, por más que pasen los años y que algunas parezcan antiguas. No es casualidad que River haya tenido a los mejores jugadores de la historia del fútbol argentino.

Antes de la despedida, el último concepto: "El fútbol no es un asunto de vida o muerte, pero se debe sentir bien la diferencia entre ganar y perder. No hay que acostumbrarse a perder, hay que rebelarse ante la derrota. Es muy importante ganar, pero con una idea. Que los jugadores reflejen esa idea y la defiendan a ultranza".

Otra declaración de principios. Los principios de Gorosito.

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