Néstor, contra Kirchner.

Por Edi Zunino.

No vayan a creer que, ahora, el hombre se va a rapar a cero, va a comprar una pandereta en Antigua Casa Núñez y, de túnica naranja, conenzará a dar vueltas por Plaza Francia cantando “hare Krishna, hare, hare” por más que Krishna en su boca suene a Cristina y se escriba con K.

No. Nada que ver. Sin embargo, todos los que se han reunido con Néstor Kirchner últimamente, aseguran que se lo ve bastante mansito, componedor y convencido (al menos por lo que anda diciendo) de que “el conflicto no suma”.

Tampoco vayan a creer que se trata del fruto de una autocrítica profunda. Lo que le pasa al menos ex presidente de nuestros ex presidentes se llama preocupación. Y es una preocupación muy grande. Está incómodo. Se sale de la vaina. Hoy, como nunca, su principal pelea es contra sí mismo. Néstor versus Kirchner. La furia natural contra cierta mesura que le imponen las circunstancias.

Octubre se le está viniendo encima, igual que cada vez más compañeros de aquellos que hasta hace meses sólo atinaban a lustrarle los mocasines. Hasta Daniel Scioli se le viene animando, preocupado por las encuestas, alterado por los rebrotes de maldita policía y necesitado de recomponer la relación con el campo.

De golpe, Kirchner les ha empezado a decir a casi todos que 2011 puede ser el turno de ellos. Se lo dijo a Carlos Reutemann, para devolverlo al korral. Se lo dice cada vez que puede al propio Scioli. Y se lo dijo, el miércoles pasado, al chubutense Mario Das Neves.

El tema Das Neves merece un párrafo aparte. Chubut, por las dimensiones de su padrón electoral, no decidirá jamás una elección nacional. Pero el gobernador podría convertirse en alguien muy peligroso si quedara definitivamente afuera de la legión de gobernadores peronistas que aún mantienen los pies en el plato. Por un lado, les tiene contadas las costillas a tres hombres del entorno íntimo de los Kirchner: los “empresarios” Cristóbal López (rey del juego), Lázaro Báez (eterno caballo del comisario en las licitaciones pingüinas) y Rudy Ulloa (cabeza visible del multimedios kirchnerista en Santa Cruz) han hecho buenos negocios en Chubut y quieren hacer más. Si los hombres de Das Neves en la Legislatura o la Justicia de su provincia quisieran encarar “investigaciones independientes”, esos tres mosqueteros de Kirchner podrían tener problemas muy serios. Por lo demás, para llegar por tierra a Santa Cruz, hay que pasar por Chubut, y las economías de ambas provincias están muy entrelazadas. Un piquete sería dañino.

El miércoles, Das Neves se topó con un Kirchner visiblemente debilitado. Y hasta receptivo de las críticas por el “inoportuno” tour fotográfico de Cristina a la habitación de Fidel Castro, mientras asumía Obama. No sólo Das Neves le arrimó esa crítica a Kirchner. También lo hizo el redivivo Alberto Angel Fernández.

Caso curioso el del ex jefe de Gabinete. Ahora que está afuera del Gobierno, y mientras otros viejos aliados en similares circunstancias se pasaron a la oposición, a él se lo ve más oficialista que nunca. Y muy activo, aunque con el tiempo suficiente para hacer las últimas correcciones a un libro sobre sus cinco años en aquel cargo.

Algunos interpretan que ha empezado a volver (aunque él afirma que nunca se fue del todo), a partir del fresquito nombramiento de Julio Vitobello al frente de la Oficina Anticorrupción. Un lugar estratégico para contrapesar al cada vez más díscolo fiscal de Investigaciones Administrativas, Manuel Garrido.

Sin embargo, el virtual regreso de Alberto F. tendría más que ver con que su reemplazante, el mediático y movedizo Sergio Massa, nunca acabó de conformar a Kirchner. Esta semana, Fernández habló del tema Massa con Néstor. En la reunión se dijeron cosas como ésta:

—Sergio no piensa como nosotros. Labura, pero se jacta de no tener ideología.

Extraña conclusión en boca de dos hombres que fueron funcionales a Carlos Menem, luego a Domingo Cavallo, más tarde a Eduardo Duhalde y, a partir de 2003, sorprendieron a propios y extraños convirtiéndose en adalides de una supuesta revolución continental contra un neoliberalismo que, en su momento, les vino bastante bien.

Lo concreto es que, ahora, estaría operándose otra vuelta de campana. No vayan a creer que es tan significativa. El INDEC sigue afirmando que vivimos en DisneyWorld.

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