El nerviosismo K

El kirchnerismo está muy nervioso. Sabe que la tendrá muy complicada en la elección del 28 de junio y que hasta un triunfo por escaso margen en la provincia de Buenos Aires sería una derrota, teniendo en cuenta que el oficialismo saldrá perdiendo en otros distritos de magnitud, como Capital Federal, Santa Fe y Mendoza.

Está claro que después de la elección, y pese a que los diputados electos recién asumirán en diciembre, los Kirchner ya no tendrán un poder discrecional y se abrirá una nueva etapa en la vida política e institucional del país.

El ex presidente prácticamente está resignado a recibir una dura paliza en el interior provincial, y sólo presta atención a un puñado de municipios a cuyos intendentes les promete obras.

Kirchner apuesta todas sus fichas al tercer cordón del Conurbano, a las localidades más humildes de la Provincia, donde campea el clientelismo político y donde existen los principales bolsones de pobreza estructural. Allí es donde pretende imponerse por un holgado margen, sin importar lo que suceda en otros puntos del territorio bonaerense, pese a que en varios municipios el peronismo aliado a la Casa Rosada se encontrará, seguramente, con serios problemas de gobernabilidad cuando se renueven las bancas en los concejos deliberantes.

La estrategia de Kirchner, de centrarse en el tercer cordón, es la misma que utilizó el polémico Carlos Ruckauf en 1999, cuando se impuso gracias a los votos que le traccionó la lista espejo de la Ucedé. El titular del Partido Justicialista también tendrá sus listas espejo en varios municipios bonaerenses.

Es un hecho de que el oficialismo en la Cámara de Diputados nacional perderá la mayoría. Y se verá obligado a negociar para mantener la gobernabilidad. Lo mismo ocurrirá en la Legislatura bonaerense, donde el Acuerdo Cívico y Social y el PJ disidente aumentarán significativamente su número de bancas.

Pero el escenario que se abrirá después de los comicios será harto dificultoso, ya que se deberá hacer frente a muchos de los problemas que se fueron pedaleando.

Los rumores de una devaluación, que es negada por el Gobierno, cada vez adquiere más fuerza.

Ocurre que la pérdida de competitividad del sector agropecuario (que fue el gran generador de divisas para el fisco), como consecuencia de las erráticas políticas oficiales y de la crisis internacional, está hundiendo al sector más dinámico de la economía argentina; y eso se ve reflejado en todos los indicadores económicos.

El conflicto entre el campo y el Gobierno nacional, potenciado a su vez por la crisis internacional, generó también un clima de incertidumbre y desconfianza que arremete directamente contra la demanda de pesos, lo que provocó una gran fuga de capitales en los últimos meses. Muchos especialistas afirman que es justamente esta fuga de capitales, que sumarían más de 25 mil millones de dólares, la que explica gran parte de la recesión que enfrenta la coyuntura económica argentina.

De esta manera, existe una excesiva demanda de dólares en el mercado, y el Banco Central por ahora optó por administrar cautelosamente la devaluación del peso, manteniéndolo en la franja de $ 3,70 a $ 3,80. Pero pocos se animan a pronosticar que la situación se mantenga después del 28.

Ocurre que el Gobierno ha comenzado a emitir moneda aceleradamente para intentar cubrir los baches de caja. Se trata de una medida peligrosa ya que una emisión descontrolada, sin un aparato productivo que le dé soporte (algo que los Kirchner nunca quisieron o pudieron desarrollar, pese a tener seis años ininterrumpidos de crecimiento económico), podría generar una peligrosa burbuja inflacionaria. Eso, a su vez, se combinaría con un escenario recesivo, generando las condiciones de lo que los economistas denominan stanflación.

A su vez, el Gobierno K sigue metiendo mano en los fondos previsionales, es decir, en los aportes de los trabajadores. La Anses se ha convertido en la principal caja de la política K.

No se trata de pintar aquí escenarios apocalípticos, sino de alertar acerca de lo que puede ocurrir como consecuencia del nerviosismo que impera en la Casa Rosada, ante la posibilidad de que se desmorone su estructura política.

El peor error que comete el Gobierno nacional es no pensar la emisión monetaria y la utilización de los fondos de la Anses en términos estratégicos, en planes de desarrollo a mediano y largo plazo que permitan crecer a sectores productivos que atraviesan por una crisis casi terminal.

Cierto es que los Kirchner nunca fueron afectos al diálogo. Su estilo de gobierno pasa por tomar decisiones dentro de cuatro paredes

y con un grupo muy reducido

de personas, en el que no se encuentran -por lo general- los ministros del gabinete. Pero la etapa que viene es absolutamente distinta, y el interrogante pasa por saber si el matrimonio presidencial estará a la altura de las circunstancias.

En tanto, el otro gran problema, que es una verdadera bomba de tiempo, es la inseguridad. Los asesinatos de policías ocurridos en los últimos días volvieron a poner de manifiesto que el crecimiento del delito, y de la violencia, corre de forma paralela con el deterioro de la situación económica. Las autoridades provinciales y nacionales evitaron referirse a lo ocurrido en los últimos días y optaron por el silencio. Su estrategia parece ser la de imponer otros temas en agenda pública, pero difícilmente se pueda tapar el sol con la mano.

Comentá la nota