Nervios, llamadas y una cancelación inesperada

Nervios, llamadas y una cancelación inesperada
Cristina Kirchner faltó a la sesión, ante la caída de los acuerdos
Era el mediodía; terminaba su recorrida por La Matanza, y la seguridad presidencial se enteraba de que Cristina Kirchner no iría al Congreso. El despliegue previo con personal de Ceremonial de la Casa Rosada en el recinto de la Cámara de Diputados había creado expectativas de revivir la imagen de hace cuatro años, cuando él, como jefe del Estado, había ido a la jura de su esposa como senadora.

Pero la Presidenta desistió a último momento de presenciar la tumultuosa sesión en la que Néstor Kirchner juró como diputado. De alguna manera, leyó de antemano que no sería nada tranquila. "No había buen clima", confió a LA NACION un funcionario de estrecho vínculo con la jefa del Estado para explicar la marcha atrás. Quedó en las gradas destinadas a los familiares, por amor al yerno, la madre de Cristina, Ofelia Wilhem, acompañado por su otra hija, Giselle Fernández.

La falta de acuerdo y la dureza de Kirchner para negociar se vivió desde temprano en los despachos oficiales. Todo hacía presagiar una complicada sesión. Y fue la Presidenta la que decidió al mediodía evitar el mal trago. Se fue a la quinta de Olivos, almorzó con su esposo y con el secretario de Inteligencia, Héctor Icazuriaga, y desistió de asistir a la jura.

En naves separadas, con una diferencia de apenas media hora, los dos Kirchner aterrizaron en el helipuerto de la Casa de Gobierno. Primero llegó Néstor; después, Cristina. Como si los relojes se hubiesen puesto de acuerdo, en uno de los momentos de mayor tensión en la Cámara baja, Cristina comenzaba su actividad de la tarde con una reunión concurrida. Mientras todos los televisores de los despachos de los principales funcionarios estaban clavados en los noticieros con el quórum que conseguía la oposición por primera vez en la era kirchnerista, las imágenes del sistema interno de prensa mostraban a Cristina Kirchner con el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Alberto Moreno, junto con el gobernador bonaerense, Daniel Scioli y los ministros de Economía, Amado Boudou; de Planificación, Julio De Vido, y de Ciencia, Lino Barañao.

En los despachos contiguos al de la jefa del Estado aumentaban las llamadas. El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández; el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, y el operador peronista Juan Carlos Mazzón se encargaban de mantener contactos con los posibles aliados. Cada uno por su lado se encargó de contar una y otra vez los supuestos apoyos, que con el correr de las horas no crecían. Ardían los teléfonos de los diputados y sus asesores, con la característica numérica de la Casa Rosada.

Pero la Presidenta se mantuvo ajena, y aunque corrió la versión de que ella había llamado a Kirchner para inducirlo a bajar al recinto cuando la oposición ya había superado ampliamente el número necesario de diputados para comenzar la sesión, desde la Casa Rosada nadie confirmaba la información y la ponían en duda. "Cristina estuvo todo el tiempo involucrada en la gestión", referían los voceros. "Con el carácter de Néstor es imposible que la Presidenta pudiera obligarlo a eso", confiaba un conocedor del matrimonio presidencial.

A pesar de que la mayoría de sus ministros estuvo pendiente de la sesión, Cristina ni siquiera pudo ver por TV el momento de la jura de su marido. Como fue uno de los primeros en hacerlo, la Presidenta estaba en ese momento en otra reunión, esta vez con el ex presidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso.

Se fue de su despacho cuando la sesión aún pasaba por el extenso y agónico cuarto intermedio de media tarde. Eran las 20.45 cuando, acompañada de Parrilli, se la vio irse por la explanada de la Casa Rosada. Siguió el desenlace por televisión, desde Olivos.

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