Nervios y dudas entre los empleados

Los trabajadores de AFJP siguieron los anuncios con angustia e incertidumbre
El celular de Adriana Santoro no paró de sonar ayer en todo el día. Con un nudo en la garganta, la joven respondió una y otra vez a sus amigos y familiares que no sabía nada. Que no tenía idea de qué iba a hacer. Con el correr de las horas, su angustia se fue incrementando. Adriana tiene 32 años y desde hace cinco trabaja como empleada administrativa en Met AFJP. A mediados de diciembre tenía planeado casarse con su novio de toda la vida. Ahora, la inestabilidad de la economía y las medidas del Gobierno alteraron sus planes personales.

"Me casaba en dos meses... pero ahora no sé. Vamos a tener que suspender todo. Creo que me acabo de quedar desocupada y con un solo sueldo hoy no se vive", contó ayer la joven en la puerta del edificio de la aseguradora, en Perón 949, evidentemente consternada.

Así vivieron ayer los anuncios oficiales los empleados de las Aseguradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP). Pasadas las 17, muchos conversaban en la vereda frente a los edificios de las empresas, en una jornada en la que cualquier actividad productiva, como llamar o atender a clientes, preparar informes o adelantar trabajo pendiente, parecía ridículo. Entre los que salían a fumar había conversaciones por lo bajo, intercambio de rumores y mucha preocupación.

En la entrada del edificio de Orígenes, en Paseo Colón 357, un hombre de unos 40 años enciende un cigarrillo con la colilla del que acaba de fumar. "Y... hoy todo trabajo parece inútil. ¿Qué vamos a hacer? Tenemos que esperar los anuncios y después decidir, si queremos convertirnos en empleados estatales, después de hacer carrera en una empresa privada. Es un poco ridículo, pero a muchos, a los que realmente necesitan el trabajo, no les va a quedar otra alternativa", explica el sujeto, que prefiere no dar su nombre.

Cerca de las 18, un grupo de empleadas de Met cruza la puerta de acceso al edificio y anuncia que el Gobierno confirmó todo lo que se sabía y temía. "Me acaba de llamar una amiga para contarme. Acá, estuvimos como aislados, nadie nos dijo nada oficialmente", relató Carla Frisco, que trabaja allí desde hace un año y medio. Otro grupo de empleados sale y avisa que se van a juntar en el bar de la esquina a escuchar los discursos.

"Es increíble, se define si nos quedamos desocupados y nos tenemos que enterar por la televisión, por los pasillos, como si fuera el chisme del barrio", protestó Frisco.

Soledad Caballero se acomoda una y otra vez el pelo mientras habla, en un evidente signo de nerviosismo. "Tengo un hijo a cargo, nunca imaginé que pasaría esto. En la Anses no nos van a contratar a todos, sería ridículo y supongo que tampoco nos van a indemnizar", dice.

Julieta tiene 20 años y salió casi corriendo por la puerta de Nación AFJP, en San Martín al 900. "Mirá, no sé que decir... no sé nada. Con unos compañeros nos quedamos viendo los anuncios por la televisión. Todo esto te da mucha bronca e impotencia. Pero no hay mucho que se pueda hacer. Encima, ahora me voy a rendir una examen de la facultad... Imaginate que tengo la cabeza en cualquier lado", dice la chica apurada y preocupada.

Unos pasos detrás sale Lilian Monestier, que trabaja en el área de Recursos Humanos de la misma AFJP. "Hoy fue todo incertidumbre. Ni siquiera nosotros sabíamos qué decirles a los empleados, porque de todo nos estamos enterando ahora", cuenta la mujer. Por el momento, piensa ir al trabajo como siempre. Tiene tres hijos y los ojos se le ponen vidriosos cuando habla del futuro.

Cerca de las 20.30, un mensaje de texto comenzó a circular en cadena por los celulares porteños. Convocaba a un cacerolazo: "Anunciado el gran saqueo, decile NO al robo de tus ahorros. Cacerolas, bocinas, lo que sea. Hoy, 21.30, hacete escuchar, es tu derecho, pasalo". Poco más tarde, en algunas esquinas de la ciudad, como en el cruce de las avenidas Santa Fe y Callao, y en Quintana y Rodríguez Peña un grupo de vecinos salió a la calle con sus cacerolas.

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