El nepotismo se consolida

Los últimos años, sin pudor ni demasiadas explicaciones, padres, hijos, sobrinos, primos y cuñados, compartieron importantes cargos públicos sin que se les mueva un pelo por lo que digan los ciudadanos. Antes el nepotismo era condenado por muchos de los que ahora lo practican; por caso Simón Hernández, que libraba batallas heroicas en defensa de esa bandera republicana, y ahora parece haberse cruzado de bando definitivamente. ¿Quién podrá defendernos?
Es una lástima el retiro efectivo que revista Simón Hernández en estos tiempos; ayer, por caso, en Valle Viejo juraron como funcionarios del gabinete del intendente Gustavo Roque Jalile, su hermano, Augusto Cesar, en la Secretaria de Cultura Educación y Deporte, y su hijo, Jair Gustavo , en la Dirección de Descentralización y Participación ciudadana.

La semana pasada hubo otro atracón nepótico que Hernández habría gradecido a la providencia en el pasado, ahora ya no; su hijo, Simón Hernández jrs., juró como concejal reelecto, para colmo también reelegido presidente del Concejo Deliberante. En esa misma reunión juraron dos sobrinos del gobernador Eduardo Brizuela del Moral, Simón jr. y Pablo Herrera.

El caso de Eduardo Brizuela del Moral debe ser sin duda uno de los más paradigmáticos, no solo por sus sobrinos concejales, Simón jr. y Pablo Herrera, sino por los acomodos con que ennobleció a otros sobrinos suyos. Por ejemplo, Rubén Herrera, hermano de Pablo, es diputado provincial reelecto y anteriormente varias veces concejal. Otros sobrinos del Gobernador ocupan cargos importantes en su corte, por caso uno llamado Félix, influyente como pocos en el entorno brizuelista. Están también acomodados el propio hijo del Gobernador, su homónimo, Eduardito jr., que preside el IPV, y hasta un cuñado del Gobernador, Simón Hernández padre, el mismo que dejaba jirones de su vida en las batallas contra el nepotismo saadista ahora es Fiscal de Estado.

En el senado provincial juró Bernardo Quintar, hijo de Amado David Quintar, el popular "Coco", otro general de las luchas del pasado.

Lo que si, hay que reconocerles una características a todos estos personajes vencidos de la lucha contra la lacra del nepotismo, Hernández, Brizuela del Moral, Castillo, Quintar y hasta el mismo Jalil claro; y es que su republicanismo, a diferencia de la tendencia que vivencian otros espíritus, que lo mantienen bien alto siempre, en ellos decrece con el paso del tiempo. Antes aborrecían el nepotismo, ahora parece que no tanto.

Uno caso muy famoso de ese republicanismo distinto al de los Hernández, los Brizuela del Moral y otros apellidos reputados del FCS se puede encontrar en la historia argentina. Cuando Roque Saenz Peña tuvo que escoger un compañero de fórmula para las elecciones de 1910, su primera elección recayó sobre Pedro Olaechea y Alcorta, destacado jurista, juez federal y legislador por Santiago del Estero. Olaechea y Alcorta era un hombre de Estado pero no estaba afiliado a ningún partido político ya que, según él mismo explicaba, "carecía del temperamento necesario para soportar la influencia de la disciplina política que impone la acción de un partido" (parece que aquí en la Catamarca actual ese temperamento sobra).

Hasta los motivos los por los que en esa época se elegía a parientes eran distintos, antes se buscaba apaciguar ánimos, ahora solo se logra encenderlos. Cuando la Unión Nacional designó al ilustre Olaechea y Alcorta buscaba apaciguar los ánimos de las revueltas sociales lideradas por anarquistas, socialistas y radicales. Pero estos no fueron los motivos que llevaron al entonces senador nacional a rechazar el ofrecimiento de Sáenz Peña.

Olaechea y Alcorta, increíblemente, se bajó de la candidatura en aquella época debido a que las elecciones debían realizarse durante el mandato de su primo, José Figueroa Alcorta, y por lo tanto temía que en la opinión pública se produjera la impresión de nepotismo, es decir de un trato preferencial a parientes en la concesión de cargos públicos. Cuanto debemos aprender los catamarqueños, empezando por los prestigiosos Eduardo y Eduardo jr., Simón y Simón jr. o Gustavo Roque y Jair Gustavo, o Bernardito y el "Coco".

Eran otros tiempos. También había corrupción, pero el temor a la opinión pública, al deshonor y al descrédito, hacía mella sobre aquellos hombres de bien, ahora parece que ya no tanto.

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