La negociación sigue empantanada

Del lado brasileño se quejan por las licencias no automáticas que demoran sus exportaciones al país, pero al mismo tiempo buscan ponerle freno al ingreso de leche argentina. Las conversaciones seguirán dentro de quince días.
Los empresarios argentinos y brasileños cerraron ayer en San Pablo un nuevo encuentro de la Comisión de Monitoreo con pocos avances en su intento por adecuar el comercio bilateral al nuevo contexto de crisis. Del lado brasileño se escuchó nuevamente el reclamo por las licencias no automáticas, un recurso para dilatar algunas importaciones presuntamente lesivas para la producción local. También se manifestaron preocupados por la creciente importación de leche argentina, que en el primer bimestre se incrementó un 700 por ciento, respecto del mismo período del año anterior, y por la posibilidad de que nuestro país no pueda cumplir con sus embarques de trigo, cuya cosecha está comprometida por la sequía.

El regocijo de unos y otros provino del buen comportamiento que está teniendo el mercado automotor brasileño, bálsamo para las automotrices radicadas en ambos países. La comisión volverá a reunirse en Buenos Aires los días 29 y 30 de abril. Antes, el jueves 23, habrá una nueva cumbre entre Cristina Fernández de Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva y para entonces ya está agendado analizar la posibilidad de destrabar la exportación de la vacuna antiaftosa, que hasta ahora no ha podido superar las barreras paraarancelarias que impone el principal socio del Mercosur.

El temario de la Comisión de Monitoreo, cuerpo estatal que funciona en simultáneo con grupos de los empresarios privados, fue extenso y controvertido. En algún caso hubo avances y en otros promesa de buscarlo en los próximos encuentros. El de más jerarquía es el que congregará en Buenos Aires a los presidentes de ambos países y para esa ocasión la mandataria local reserva insistir con el planteo que ya le formulara a Lula en la entrevista de marzo sobre la vacuna antiaftosa.

Los lentos análisis de calidad que realizan los laboratorios brasileños para autorizar la importación están dilatando de un modo llamativo la operación que tanto anhela el laboratorio Bagó. La administración de Lula cuida los intereses de Merial, el laboratorio que en Brasil tiene el 50 por ciento del mercado de aquella vacuna para el ganado y al que nada le simpatizan las ampollas argentinas.

En los encuentros de ayer, Brasil también embistió con su reclamo porque las licencias no automáticas para importar que aplica la Argentina demoran las ventas de diversos productos brasileños bastante más allá de los 60 días que prevé la propia legislación local para resolver si ese permiso se otorga o no. "Es para proteger al mercado regional de las importaciones desde extrazona", explicaron los funcionarios argentinos. Aun así, prometieron "agilizar" esos trámites para los bienes made in Brasil, definiendo por sí o por no respecto de la extensión de esos permisos.

Los días 29 y 30 de abril continuará la ronda de negociaciones de esta Comisión de Monitoreo que funciona desde hace seis años, pero cuya actividad suele revitalizarse ante situaciones de más sensibilidad, como la actual. El comercio bilateral está resentido por la crisis global aunque con cierto sesgo a favor de la Argentina: los números de marzo indican que por primera vez en sesenta y nueve meses habrá superávit para Buenos Aires.

Otro plato fuerte de la ronda fueron las discusiones que el martes tuvieron los industriales y funcionarios que participaron del Comité Automotor, que fiscaliza el destino del comercio administrado. En este segmento de la actividad industrial hubo al menos dos datos auspiciosos para los empresarios localizados en uno y otro lugar de la frontera.

La primera buena noticia es que, gracias a un eficaz plan de estímulo al consumo interno que está aplicando la gestión de Lula, la demanda doméstica brasileña se está reactivando contundentemente, lo que tracciona a la producción local. La otra gran posibilidad se abre para los autopartistas a partir de un dato que funcionarios de uno y otro país trataron de desmenuzar a conciencia.

En 2008 se importaron de extrazona piezas por un total de 14 mil millones de dólares, lo que "da la pauta de que existe un enorme potencial para realizar inversiones en la región", según se entusiasmaba ayer desde aquella ciudad brasileña Eduardo Sigal, subsecretario de Integración Económica de la Cancillería. Esta promisoria chance, sin embargo, puede abrir las puertas a otra puja bilateral: dónde se radicarían las potenciales inversiones autopartistas que, en los últimos años, prefirieron nítidamente el país vecino.

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