Negociación secreta por Aerolíneas

A instancias de Rodríguez Zapatero y horas después del dictamen a favor de la expropiación, las partes analizan si los españoles se quedan con el 20% de Aerolíneas y Austral.

Aviones. Un eventual acuerdo incluiría una cláusula para que las partes desistan de hacer juicios en tribunales internacionales.

El Gobierno y el grupo Marsans mantienen un canal de diálogo en la más estricta reserva. La negociación se produce en simultáneo con el trabajo de los legisladores hacia la expropiación de Aerolíneas Argentinas. El eje del diálogo es la posibilidad de que los españoles retengan el 20% del paquete accionario de Aerolíneas y de Austral y que se dejen de lado todas las amenazas de juicios tanto por cifras millonarias en tribunales extranjeros contra el país como aquellas demandas penales contra los directivos españoles. Esta negociación, que puede cambiar de manera radical el destino de las empresas, tiene un dueño: Néstor Kirchner. El Presidente tiene la llave para determinar el final de la historia, de decidir si habrá paz o guerra con Marsans.

La apertura del diálogo está relacionada con la presión ejercida por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. El jefe de Estado español pretende que la Argentina no expropie Aerolíneas. Prefiere una solución acordada, al estilo de lo que se negocia hoy en secreto.

Por ahora, Néstor Kirchner se mostró inflexible. En las últimas horas dejó trascender entre sus íntimos que espera ansioso la ley para expropiar las aerolíneas y que el Estado vuelva a manejar definitivamente las compañías. Incluso manifestó que no le teme a un juicio de Marsans ante tribunales internacionales, como el CIADI. Cuando le comentan sobre esa posibilidad, Kirchner responde que ya tiene elegido al eventual defensor del país. Es Rafael Bielsa. El ex canciller tiene una amplia participación en puestos clave en el Estado.

Desde que estalló el conflicto con el Ejecutivo, Marsans intentó un acuerdo con la Casa Rosada. Cristina Fernández prefirió jugar a fondo con la estatización y posterior expropiación de Aerolíneas y Austral. Pero el mismo día que el Congreso aprobaba el dictamen para la ley expropiadora presentada por el Frente para la Victoria, funcionarios del Ministerio de Planificación y directivos de Marsans abrían una ventana de negociación.

Rafael “El Gordo” Llorens, subsecretario de Legal y Técnica del ministerio de Julio De Vido y especializado en derecho administrativo, se reunió el jueves pasado al mediodía con Vicente Muñoz –director financiero de los españoles, recién llegado de España– y Horacio Fargosi, presidente de Aerolíneas. Hablaron sobre la alternativa que Marsans ya había puesto sobre la mesa de negociaciones: la reducción de sus participaciones en Aerolíneas y Austral al 20% y cederle el resto al Estado. A cambio de cero pesos. Esto implicaría también perder la mayoría en el directorio de las dos empresas y la gestión. Si bien no es la salida ideal para los privados, siempre la vieron como alternativa en la que no resultan tan perdedores.

Por la noche del jueves hubo otro encuentro, en el que las fuentes más entusiastas dicen que se cerró el acuerdo de palabra. Los españoles capitalizarían a las empresas y así las sacarían de su situación de patrimonio neto negativo. La gestión quedaría definitivamente en manos del Estado al igual que las grandes inversiones. Marsans se comprometería a ser un socio amigable y dejar de lado su aclamado reclamo por 1.560 millones de dólares ante el tribunal de arbitraje internacional del Banco Mundial. El pasivo de las empresas sería renegociado por el Estado, curiosamente el principal acreedor a su vez. Al Gobierno también le sirve que Marsans figure como accionista a la hora de reconvenir los contratos de alquiler de aviones, ya que están a nombre de los españoles.

Quedaría por definir algunos puntos importantes: qué se hace con el pasivo de las compañías, cómo se frena el envión legislativo con casi el total apoyo de los gremios y, como quedó expresado más arriba, que Kirchner bendiga el acuerdo. Quienes conocen de cerca los últimos pasos de los diálogos sostienen que la línea negociadora la delineó la propia Cristina cuando volvió de África. Sin embargo, otras fuentes le ponen obstáculos a la materialización de este posible acuerdo entre Marsans y el Gobierno.

Primero habría que convencer a Néstor y a su soldado más fiel, el secretario de Transporte Ricardo Jaime, quien apoyó abiertamente la expropiación parlamentaria en los últimos días. “Se llegó muy lejos con el tema”, agregó otra fuente más escéptica.

En segundo lugar, el Congreso. La mayoría oficialista y gran parte de oposición radical respaldan la expropiación. Hay un dictamen de comisión aprobado del proyecto de ley y se esperaba tratarlo en los próximos días en Diputados.

Y por último, los gremios. Salvo el personal de Austral, los dirigentes sindicales de Aerolíneas –especialmente los pilotos– quieren ver afuera de la compañía a los españoles, quienes a su vez los responsabilizan de su salida estatizadora-expropiadora.

Antecedentes del conflicto

• En julio último, el grupo español Marsans declaró que no podría pagar los sueldos del personal de Aerolíneas y Austral. La Secretaría de Transporte aportó los fondos para cubrirlos y a los pocos días se hizo cargo del gerenciamiento, a través de un acta acuerdo.

• Marsans y el Gobierno no llegaron a acordar el valor de tasación de la firma. Ahora el proyecto de expropiación de las acciones se tratará el miércoles en Diputados. Tiene dictamen a favor en comisión. Si obtiene media sanción, irá al día siguiente al Senado.

• El eje del debate es la deuda de Marsans, que asumiría el Estado. Se estima en 890 millones de dólares y la oposición rechaza el traspaso.

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