“La negociación por las salas de bingo nunca fue transparente”

Las oportunas denuncias de Elisa Carrió sobre el juego en la provincia de Buenos Aires y en la Ciudad Autónoma que vincula en negocios nada claros a Néstor Kirchner, Daniel Scioli y Mauricio Macri, así como las advertencias y reclamos formulados desde la Iglesia Católica, fueron determinantes para una marcha atrás en los proyectos que aguardaban su implementación en los escritorios de los mencionados funcionarios.

Por Margarita Stolbizer (*) Especial para Hoy

Macri dio marcha atrás velozmente, se supone que también a partir de la intervención de Gabriela Michetti. Scioli, como es su costumbre, puso cara de no saber de qué se trata, transfirió responsabilidades y buscó cómo “colar” su iniciativa de manera solapada junto a otras

decisiones (lo mismo que había hecho cuando tuvo que resignar el proyecto de ley para apoderarse de los fondos del IPS y después lo hizo a través de la sanción del presupuesto).

Lo cierto es que en la Provincia, el proyecto para habilitar 8 nuevas salas de bingo, ampliar el número de máquinas autorizadas en los casinos, autorizar el juego de apuestas deportivas, incluso a través de internet, y extender todos estos negocios hasta el año 2025, estaba

-con su anuencia- a la firma del gobernador.

Mucho se ha dicho y pocos elementos hay para no creer que de eso se trata, respecto a que el acuerdo Scioli-Kirchner que catapultó al primero en su candidatura a la Provincia, fue justamente la apertura de la puerta de acceso al negocio del juego en este territorio, al amigo presidencial Cristóbal López.

En cumplimiento de ese supuesto acuerdo es que las autoridades provinciales comenzaron a presionar a Codere pidiendo sumas fabulosas para mantenerlos en la concesión y terminaron dejando sin efecto su licencia de explotación del Bingo La Plata y enviando el proyecto referido anteriormente.

Como para transferir responsabilidades, el gobernador dice que no trajo las máquinas ni el juego a la Provincia (omite decir que ha sido su mismo partido que gobierna la Provincia hace más de 20 años) y qué tan malas serían las nuevas licencias como las anteriores. Quita importancia al abuso que implica la sobreinstalación de salas de juego en la Provincia, incluso en distritos del Conurbano en donde el entretenimiento y la apuesta han pasado a ser el impuesto que pagan los pobres para alimentar una fantasía.

La negociación de las licencias de salas de juego y máquinas tragamonedas nunca ha sido transparente. Mucho menos lo es el tratamiento forzado que se pretende ahora, para ejercer presiones o abrir puertas a nuevos beneficiarios de un negocio muy rentable y poco riesgoso.

No hay cuestiones políticas ni ideológicas en esta cuestión. Lo que hay son políticos funcionales a los intereses económicos de algunos grupos vinculados con el juego.

En Argentina, y en la provincia de Buenos Aires, mientras que en los últimos años han caído cantidades de pequeños productores, otros trabajan con lo justo o a pérdida, quienes más plata han ganado han sido los empresarios del juego y los que especulan con dinero improductivo. Entre éstos están los propios Kirchner y sus amigos o socios. Eso define el modelo de país y de sociedad.

Nosotros queremos un país productivo que, aprovechando nuestras ventajas comparativas, como es la riqueza de nuestro suelo, pueda generar trabajo decente, buenos salarios y mejores oportunidades para todos.

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