Una negociación con Pérsico en una mesa de café y Kirchner en el teléfono

Una negociación con Pérsico en una mesa de café y Kirchner en el teléfono
El piquetero K lideró las reuniones con los manifestantes por orden del ex presidente.
En ese mismo momento, la atención mediática estaba puesta en otra reunión, la que encabezaba el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, con una funcionaria del Ministerio de Desarrollo Social. Pero la verdadera negociación para levantar el acampe que cortó el tránsito de la 9 de Julio durante 33 horas en realidad ocurría a pocas cuadras allí, en un bar con mesas a la calle ubicado en la esquina de Hipólito Yrigoyen y Bernardo de Irigoyen. Un grupo de líderes de las agrupaciones sociales que se manifestaban contra el Gobierno se encontró en ese lugar con el interlocutor secreto que puso la Quinta de Olivos para ponerle fin al conflicto. Era el piquetero K Emilio Pérsico, hasta hace poco subsecretario de Economía Social de Desarrollo Social, cargo que debió abandonar tras conocerse que su hijo Pablo había sido detenido por posesión de plantas de marihuana.

En esa mesa de café, escondida en el fondo del bar, Pérsico abrió el diálogo con una frase clave: "Vengo con la orden de arriba de que encontrar sí o sí una solución a este quilombo". El hombre de barba larga asintió con una sonrisa cuando los piqueteros le preguntaron si "arriba" significaba "Néstor Kirchner", contaron a Clarín varios participantes de ese encuentro. A esa misma hora, Aníbal Fernández acusaba a los piqueteros de hacer "stalinismo" y de "obligar a la gente a ir a un acto o a un corte para cobrar el plan".

Pérsico, un viejo zorro de las negociaciones entre piqueteros y funcionarios, ya que conoce las mañas de los dos lados del mostrador, entró de inmediato en confianza con sus interlocutores admitiendo que el Gobierno estaba muy preocupado por el corte de la avenida más ancha del mundo. Los Kirchner querían que se termine cuanto antes: "Me dicen que no quieren que pasen otra noche ahí. Están muy preocupados por los incidentes de la madrugada".

Los piqueteros le contestaron que ellos tampoco quería seguir profundizando el conflicto, pero que necesitaban entonces ciertas garantías para llevar confianza a sus compañeros. Una de ellas, la primera que tiraron sobre la mesa, fue que fuera liberado cuanto antes Antonio Vega, el único de los manifestantes que seguía detenido tras las escaramuzas de la noche anterior. Pérsico demostró entonces su poder de influencia en el kirchnerismo. Llamó con su celular a un funcionario de la Jefatura de Gabinete, según contó ahí mismo, y después de cortar prometió a los piqueteros que el tema se iba a solucionar pronto. Menos de una hora después Vega fue liberado y reapareció en el piquete, aunque tan golpeado que fue llevado al hospital Argerich.

El éxito de la gestión secreta de Pérsico, sin embargo, se debió a otra promesa de mayor peso político y económico. Les garantizó a los piqueteros que el ministerio de Desarrollo Social "intervendría" ante los municipios del conurbano bonaerense para coordinar directamente la incorporación de miles de militantes de las agrupaciones piqueteras opositoras al Gobierno en los planes de empleo. Eso mismo les había prometido un mes atrás, cuando todavía era funcionario, aunque ahora empeñó su palabra diciendo que tenía la aceptación "de arriba" y que las primeras pruebas de su buena fe se verían concretadas en menos de quince días. Los piqueteros aceptaron la propuesta y fue entonces cuando Pérsico ofreció una nueva instancia de negociación. Llamó a Desarrollo Social y acordó que los manifestantes serían recibidos por el funcionario Enrique Gandulfo. "Vayan para allá", despidió Pérsico a sus compañeros de mesa.

Era el cierre perfecto para un día de dichoso. Había destrabado un piquete histórico de la 9 de Julio pocas horas después de alegrarse porque su hijo Pablo había sido liberado por la Justicia.

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