Un año nefasto para el presidente de España

La crisis económica ha dejado un saldo de más de cuatro millones de desempleados en España. Por primera vez en seis años las encuestas le auguran una derrota a Rodríguez Zapatero frente al conservador Mariano Rajoy.
Desde que llegó al gobierno, en marzo de 2004, José Luis Rodríguez Zapatero no había tenido un año tan nefasto como este que ahora culmina. Después de ganar ampliamente las elecciones generales por segunda vez consecutiva, a principios de 2008, el líder socialista se topó desde comienzos de 2009 con los efectos devastadores de la crisis económica que ha dejado un saldo de más de cuatro millones de desempleados, tuvo que afrontar el abandono de algunos ministros de peso, como el del histórico Pedro Solbes, que ocupaba la estratégica cartera de Economía; en las elecciones regionales perdió el gobierno de la Xunta de Galicia, y aunque el socialista Patxi López logró romper con tres décadas de hegemonía nacionalista en el País Vasco, el triunfo quedó opacado por la derrota del PSOE en las elecciones europeas de junio. La crisis desatada por el secuestro de los tripulantes del pesquero Alakrana a manos de piratas africanos fue la gota que colmó el vaso.

Por primera vez en seis años las encuestas le auguran una derrota a Rodríguez Zapatero frente al conservador Mariano Rajoy. Por suerte para los socialistas, faltan dos años para las elecciones, aunque el fantasma de una moción de censura en el Parlamento capaz de acelerar la convocatoria electoral no deja de sobrevolar Madrid. La profunda crisis que también afecta al Partido Popular, hundido en el mayor escándalo de corrupción desde su fundación, ha logrado mitigar los efectos de este auténtico annus horribilis que acaba de vivir uno de los pocos dirigentes socialdemócratas europeos en el poder.

En las horas siguientes al histórico triunfo de 2008, cuando el PSOE logró alzarse con el 44 por ciento de los votos, los dirigentes socialistas no parecían preocupados por la falta de mayoría parlamentaria que les asegurara la gobernabilidad. De última, afirmaban, Rodríguez Zapatero había logrado un triunfo mucho más ajustado en 2004, y eso no les había impedido tejer acuerdos con los partidos minoritarios para sacar adelante incluso leyes polémicas como la que posibilitó el matrimonio homosexual. No imaginaron que apenas uno año después de haber ganado las elecciones la crisis económica y una serie de serios desaciertos políticos harían mella de tal modo en la figura de Rodríguez Zapatero que la búsqueda de los siete diputados necesarios para obtener la mayoría suficiente para sacar adelante proyectos de ley se habría de volver un auténtico calvario. A nadie le gusta, se regodean en el Partido Popular, aparecer votando ahora junto a los socialistas. Y aunque el segundo gobierno de Zapatero no llegó ni siquiera a su ecuador, el desgaste es tan grande que no son pocos los dirigentes de la derecha que se relamen con la posibilidad de plantar una moción de censura exitosa en el Parlamento, un procedimiento que la Constitución permite pero que jamás ha sido utilizado en la historia de la democracia moderna española. Desde el PSOE retrucan que, a pesar de los malos augurios de la derecha, a lo largo de 2009 lograron juntar los votos suficientes para aprobar las leyes más importantes, como la que amplió el derecho al aborto.

Más allá de la fría aritmética parlamentaria, es la propia figura de Zapatero la que ha perdido lustre y brillo durante estos últimos doce meses. El líder socialista ganó las elecciones de 2008 prometiendo crear empleo y se ha encontrado con el mayor índice de desocupación de las últimas dos décadas. Un 20 por ciento de desempleados, más de cuatro millones de personas, colocan a España en el top de los países europeos con problemas en este rubro. Si la figura del líder socialista no perdió más puntos en popularidad es porque resistió con dureza los intentos de la confederación patronal, la CEOE, dirigida por el propietario de la fallida Air Comet, Díaz Ferrán, de llevar adelante una reforma laboral que hubiera precarizado aún más las condiciones laborales, facilitando el despido. Los sindicatos se opusieron a la propuesta y los socialistas los respaldaron.

Tanto desfase en el plano económico trajo, como no podía ser de otro modo, consecuencias políticas. En las elecciones regionales del 10 de marzo los socialistas perdieron la Xunta de Galicia, una región que habían logrado arrebatarle a la derecha apenas cuatro años atrás, luego de un largo período de hegemonía conservadora, y ganaron el País Vasco, aunque en una alianza forzada con el PP que logró desplazar a los nacionalistas, aunque no fue bien vista por el propio electorado regional. En junio el PSOE coronó un año de fiascos con la derrota en las elecciones europeas, aunque lograron salvar la paliza porque la imagen del PP, afectada por los escándalos de corrupción del llamado "caso Gürtel", no es mucho mejor que la de sus rivales. Si las encuestas no se equivocan, los socialistas y sus aliados de centroizquierda corren peligro durante el 2010 de perder los comicios a manos de los nacionalistas en la estratégica Cataluña, lo que ayudaría a hundir aún más al partido.

El pésimo manejo político y diplomático de la crisis desatada por el secuestro del pesquero Alakrana y el abandono del barco gubernamental del ortodoxo Pedro Solbes, un ministro de Economía heredado de los tiempos en que mandaba Felipe González y con fuerte convicciones neoliberales, que se marchó por divergencias en el modo de afrontar la crisis, terminaron de hundir a Zapatero en las encuestas. Sólo los defectos y torpezas del líder opositor Mariano Rajoy y su obstinada permanencia al frente del PP, a pesar los escándalos que lo afectaron este año, permite a los socialistas afrontar el 2010 con una pizca de optimismo.

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