Necesitamos profundizar lazos entre Europa y América latina para superar la crisis

Por Stefano Sannino

Director General Adjunto de la Comisión Europea para relaciones con América Latina y con Asia.

La ciudad de Buenos Aires acoge hoy y mañana una reunión preparatoria de la próxima Cumbre entre la Unión Europea y los países de América latina y del Caribe, que se celebrará en España en el primer semestre del 2010.

Altos funcionarios de la Unión Europea y de sus 27 Estados miembros se reúnen con sus homólogos de los 40 países de América latina y del Caribe, para abordar temas de interés común para ambas regiones como el cambio climático, la eficiencia energética y la relación entre tecnología y el desarrollo. La reunión de Buenos Aires constituye en este sentido una importante ocasión para analizar el estado actual de las relaciones entre las dos regiones, que suscribieron hace ahora 10 años una asociación estratégica que se ha ido fortaleciendo bajo el impulso de las Cumbres bianuales de Jefes de Estado y de Gobierno.

Tanto Europa como América latina han cambiado en estos diez años. Europa ha crecido y ha reflexionado mucho sobre sí misma y sobre cómo adaptarse al siglo XXI. En América latina esta década ha sido sin duda positiva, ya sea desde la perspectiva de la consolidación democrática o del crecimiento de sus economías que se encuentran mejor preparadas hoy para afrontar la crisis financiera que en el pasado.

Sin embargo los efectos de la actual crisis están teniendo una marcada repercusión global que debemos saber integrar en nuestras relaciones. Por todo ello me parece importante ahondar en la reflexión, iniciada en los últimos meses por la Comisaría de Relaciones Exteriores Sra. Benita Ferrero Waldner, sobre cómo profundizar nuestras relaciones bi-regionales y actualizar nuestra agenda común. Nuestra asociación se ha articulado esencialmente en torno a tres ejes principales: la integración regional y las negociaciones para alcanzar Acuerdos de Asociación de región a región, la cooperación al desarrollo para reducir la pobreza y mejorar los niveles de educación y el constante diálogo político. Con respecto al primer eje de nuestra asociación, si bien la UE ha apoyado fielmente los grandes proyectos políticos integradores originados en Latinoamérica, no debemos olvidar que la integración regional no es un objetivo en sí mismo, sino un instrumento político, ambicioso y dinámico, que debe servir para progresivamente reforzar los niveles de interdependencia entre países vecinos que comparten intereses y retos comunes. Tal interdependencia debe ser fomentada a través de sólidas relaciones bilaterales y de iniciativas concretas que inyecten dinamismo a proyectos políticos que en América latina ya han alcanzado un grado de desarrollo y un potencial sin parangón en otras regiones del mundo. A tal fin creemos que es importante desarrollar un enfoque que parta de lo concreto, para llegar a lo más general. Me refiero a la posibilidad de lanzar juntos programas específicos con efectos federadores en áreas claves para las relaciones sub-regionales. Se trataría de desarrollar acciones y proyectos aglutinadores que puedan aunar a nuestros gobiernos, pero también a nuestra sociedad civil, y al sector privado. Ello requerirá actuar en áreas de gran impacto integrador como son el sector energético, o las interconexiones físicas, con todas sus ramificaciones en términos económicos, sociales y medioambientales.

En el ámbito de la cooperación al desarrollo, el objetivo global europeo es la reducción de la pobreza y la consecución de los objetivos del milenio. Su validez y relevancia para países de la región no debe impedir que reflexionemos sobre su adecuación al contexto latinoamericano actual, donde la mayoría de países se caracterizan en términos generales por ser de renta media y quizás prefieran dar mayor énfasis a la cooperación en otras áreas, como la científica o tecnológica, sin por ello renunciar a otros programas que tenemos en curso. Como tercer eje de nuestra asociación, el diálogo político debe, a mi juicio, encontrar su expresión máxima en el proceso de las Cumbres y en el objetivo de avanzar en nuestra Asociación bi-regional. Las Cumbres son la mejor prueba de un enorme capital político que, además de mantener el dialogo bi-regional al más alto nivel, deberían poder marcar la línea de nuestras acciones conjuntas, y convertirse así en el instrumento director de la programación de nuestra cooperación bi-regional.

Conseguir articular los compromisos adquiridos en la Cumbre de Lima, especialmente en las áreas del cambio climático y la energía, la cohesión social y la migración, es desde luego un objetivo prioritario en la agenda bi-regional y en esta reunión de altos funcionarios bajo presidencia argentina que celebramos esta semana en Buenos Aires. Pero en esta reunión debemos también preparar la próxima Cumbre en España, dentro de apenas un año y medio.

Esa próxima Cumbre debería, en mi opinión, contribuir a fortalecer el dialogo político, reflejando las cuestiones más candentes para nuestra agenda bi-regional en el 2010. Debemos ser capaces de aprovechar el tiempo que aún nos queda hasta esta Cumbre para preparar un Plan de Acción para la aprobación de nuestros Jefes de Estado y de gobierno. Un Plan de Acción que sirva para ejecutar un proyecto de carácter aglutinador en esas áreas de gran impacto integrador a las que me refería anteriormente, y en el que participen gobiernos, sociedad civil y sector privado, en el marco de una Asociación bi-regional renovada.

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