Ley de necesidad y urgencia

Por: Ricardo Roa

Se sabía: ésta era en Diputados la ley del sale con fritas. El oficialismo le dio la puntada final al dictamen definitivo la noche del martes y la orden fue que ayer mismo debía estar aprobado. 166 artículos que los legisladores tuvieron que chequear y rechequear de madrugada si querían enterarse qué iban a votar

No respetaron siquiera el reglamento: extendieron el tiempo de la sesión hasta lograr quórum y perrearon también la obligación de dejar pasar siete días entre el dictamen en comisión y el tratamiento en el recinto. La razón de ser del Congreso es el debate. Y si es posible, el consenso. La lógica K manda votar lo que quiere el Gobierno.

Siempre listos como los boys scouts, los diputados oficialistas interpretaron el guión dictado desde Olivos. Se enteraron por TV que la Presidenta había metido la marcha atrás con el ingreso de las telefónicas al espacio audiovisual. Una concesión para reclutar aliados que encontraron razones para considerar al proyecto K como un mal menor frente a una norma con un grave defecto de fábrica: viene de la dictadura.

A ninguno se le ocurrió decir que este Gobierno lleva seis años aplicando esa misma ley. Tiempo más que suficiente para corregirla si quería. Todos saben que la necesidad y urgencia es porque perderán la mayoría el 10 de diciembre.

Tiene razón Cristina Kirchner cuando dice que éste fue "un trámite inédito en el Parlamento". Inédito por esto que pasó y no porque "todos pudieron sumar sus críticas": los foros fueron tribunas de adictos que no debatieron. Pluralismo K: consensuar con los que están de acuerdo.

La orden para los senadores K es la misma: sale con fritas. Otra vez con fórceps, sin tocar una coma y sin medir que tendrá su propio y grave defecto de fábrica: una inmensa debilidad jurídica.

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