La necesidad tiene cara de hereje

Por Walter Brown

La escena político–económica muestra las consecuencias de los desaciertos del pasado reciente.

El ministro de Economía, Amado Boudou, está embarcado en la tarea de convencer a los mercados internacionales de que la Argentina es un país confiable, que merece recuperar las bondades del crédito. Pero sus hombres admiten que no están en condiciones de revisar la medición de la inflación, el incentivo que el kirchnerismo utilizó para seducir a los acreedores a tomar deuda local.

El gobernador bonaerense, Daniel Scioli, decidió jugar presente y futuro al proyecto oficialista, aceptando un cambio de distrito, una candidatura testimonial, la conducción partidaria y toda propuesta que Néstor Kirchner le acercó. Pero sus colaboradores confiesan por lo bajo que hoy se sienten asfixiados por la falta de asistencia financiera y el corset político del ex presidente.

¿Cómo reconocer que el índice de precios estaba (¿está?) mostrando un resultado distante de la realidad sin que los tenedores de bonos que confiaron en él inicien una ola de demandas contra el Estado?

¿Cómo mostrar independencia política cuando el rojo fiscal crece y la única salida que no pasa por los despachos de la Rosada es un mercado de crédito cerrado o un impopular impuestazo? Solo el silencio, domina la escena.

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