La necesidad de replantear el sistema educativo

La crisis educativa en la provincia de Río Negro no es un problema de ahora, y no se resolverá con la vuelta de los chicos a clases, de existir una propuesta salarial tentadora para los docentes.
¿Quién puede pensar que con 200, 400 o hasta 600 pesos incorporados al salario de los trabajadores del sector el conflicto educativo estará solucionado?

El problema va mucho más allá de las cifras que se están manejando. Desde el gobierno provincial aducen que no hay más recursos para aumentar los fondos que actualmente recibe el sistema. Los referentes gremiales de los trabajadores públicos señalan, por su parte, que los sueldos que perciben son muy bajos para poder desarrollarse en esta sociedad. Ambos sectores, con sus estadísticas sobre la mesa, tienen razón.

Los chicos, la tercera pata de este sistema, son los grandes perjudicados en esta puja de intereses.

Comparaciones odiosas

El valor del salario de un docente, que es hoy el nudo de la crisis, nace de los fondos que destina una provincia a la educación. Lo primero que hay que preguntarse es si Río Negro orienta la cantidad de dinero necesaria para sostener dicho sistema. Uno de los mecanismos empleados para saberlo es comparar y ver qué pasa con el resto de las provincias y qué es lo que dice la ley al respecto o las normas existentes sobre este servicio. En este sentido se puede resumir que:

- La provincia de Río Negro destina el 29,7% del gasto total presupuestario al sistema educativo, frente a un promedio nacional del 27,4%. Está entre las siete primeras de todo el país respecto de este indicador.

- Logra una inversión por alumno estatal en relación con sus recursos fiscales por habitante (0,36) superior a la media de las provincias (0,34).

- Cumple ajustadamente con la Ley de Financiamiento Educativo (LFE), pero con salarios docentes por debajo del promedio de la media nacional, y no recibe partidas del Fondo Compensatorio Salarial.

En estas estadísticas encontramos los argumentos de las partes para defender sus posiciones. Desde el gobierno se dice: "estamos aportando al sistema por encima de la media", algo que es cierto. Y desde el gremio: "los salarios están por debajo del promedio del país". Un concepto tan válido como el anterior.

¿Cómo se sortea este callejón sin una clara salida?

Uno de los puntos que se deberían analizar es la eficiencia del gasto/inversión en el sistema. Una vez evaluada ésta, el otro tema es estudiar cómo se incrementan los recursos totales para destinar más fondos a la Educación.

Sobre el primer punto -un trabajo que no está libre de dificultades- habría que buscar indicadores que midieran temas clave a considerar al evaluar el compromiso con el financiamiento educativo. Es central avanzar en el diseño de estadísticas que permitan medir los avances en cada una de las metas planteadas. La reformulación del estatuto del docente no debería quedar fuera de este análisis: el laxo sistema de licencias y suplencias y la movilidad deberían ser replanteados para reencauzar desvíos.

Sobre el segundo punto hay que señalar que, si no hay eficiencia en el gasto, no existen garantías ciertas de que incrementando el presupuesto educativo mejore por sí solo el perfil del sistema. Está el caso de Neuquén, cuyo presupuesto casi duplica al de Río Negro con una misma matrícula y, sin embargo, los resultados académicos de los alumnos neuquinos se ubican por debajo de los rionegrinos. En este sentido hay que destacar el rol de los docentes de Río Negro, ya que en los resultados comparados de Calidad Educativa realizados por la Nación los estudiantes de esta provincia se encuentran entre los tres primeros del país, detrás de la CABA y La Pampa.

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