La necesidad de pensar rápido

La jueza Argibay pegó un golpe a dos bandas cuando dijo que liberar a chicos delincuentes significa convertirlos en "blancos móviles", eventuales víctimas del gatillo fácil
Fue un día después de que la Corte resolviera sorpresivamente que menores de 16 años sigan detenidos, a contramano de un fallo previo que había declarado inconstitucional una ley de la dictadura y ordenado liberarlos.

Hubo aplausos y críticas a la decisión del Tribunal. Y esta vez con roles invertidos: los apoyos vinieron de sectores de derecha, que vieron en la medida una reivindicación a su exigencia de mantener en la cárcel a chicos considerados peligrosos.

Y los palos de la vereda de la izquierda, indignada porque interpretó que así se bajaba la edad de imputabilidad a cero. Pero la Corte es la misma para ambos y el argumento de Argibay desarmó a los dos: lo que dijo es que de esta forma se busca proteger a pibes que "están marcados" y que en la calle pueden sufrir "el maltratato, la explotación o la muerte".

Poco más, poco menos lo que la jueza también dice es que en la calle impera la ley de la selva. Nada que no se sepa, según lo que pasa y se ve todos los días. Pero además incorpora otra mirada al debate: no se trata de si los menores delincuentes deben estar afuera o adentro sino qué puede pasarles si vuelven a la calle.

El problema es que los delitos cometidos por menores crecen dramáticamente y que los institutos son más una escuela de delincuencia que un camino de corrección. De este círculo vicioso no se sale por la puerta de la ideología, sea cual fuese. Ni mano blanda ni mano dura.

Hay que pensar otras cosas antes de que sea aún peor.

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