Necesidad de consensos en el citrus.

Las posiciones encontradas entre los sectores empresario y laboral del limón aumentan los riesgos de que la campaña sea negativa.
Si los tucumanos creían que la recesión internacional era un fenómeno lejano, que en el peor de los casos podía afectar al país de manera global, en las últimas semanas quedó demostrado que las consecuencias ya estaban instaladas en la provincia. Y si no, que lo digan los empresarios y los trabajadores del sector citrícola, que se desesperan porque la crisis externa no permite que comience la campaña exportadora de limones. Y, en el ámbito de este tipo de negocios, tiempo que se pierde no se recupera.

En principio, se estima que 2009 será un año con muy buena calidad de los cítricos en Tucumán, con un estado sanitario de las plantaciones muy saludable. Para la presente campaña, se calcula que la producción alcanzará valores similares a los logrados en 2008, cuando el sector citrícola de la provincia cosechó 1,35 millón de toneladas de limones. O sea, habrá abundante fruta este año.

Sin embargo, un hecho agronómico auspicioso como un preanuncio de buena cosecha no siempre resulta favorable, porque se corre el riesgo de sobreofertar los mercados con la fruta tucumana, lo que sin dudas tendría un impacto negativo en los precios y, en consecuencia, en los ingresos del sector. Para colmo, los costos en la citricultura no se dieron por enterados de que el mundo entró en recesión, y continúan su ascenso a las nubes.

En este escenario de incertidumbre y de preocupación, el sector empresario de la actividad tiene otro frente que atender: el laboral. Si bien la temporada comenzó con tratativas entre referentes de la Asociación Tucumana del Citrus (ATC) y de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (Uatre), algunas empresas del sector se vieron obligadas a sacar los pies del plato para promover despidos, en parte porque prevén una disminución de la actividad. La situación amenazó con quebrar el frágil vínculo negociador que se estaba formando entre la ATC y Uatre, porque precisamente uno de los tópicos presente en las discusiones era la necesidad de que se preserven las fuentes de trabajo, pese a la crisis.

Los ánimos en el lado laboral están bastante caldeados, porque al no haber comenzado aún la cosecha fuerte de fruta fresca para la exportación, son miles los trabajadores que aún no pueden cobrar sus jornales, que necesitan para vivir ellos y sus familias. Por ahora, los limones que se extraen de los árboles van a parar mayormente a las industrias para su procesamiento. En los empaques, la tarea es mínima.

Para colmo, los trabajadores están convencidos de que los empresarios magnifican la crisis para contrarrestar cualquier pedido que este año se eleve para reajustar los salarios del sector. Todavía no hay parámetros nacionales sobre incrementos salariales en otras actividades para tomar como parámetro, pero los trabajadores del citrus quieren un aumento, que tal vez no todos en el sector estén en condiciones de afrontar. La disputa en este terreno promete ser bien áspera, pero lo peor que podría pasar sería que se generara un ambiente de paros y protestas, dado que una confrontación de este tipo sólo actuaría como lastre para una actividad a la que le cuesta mantenerse a flote. Todavía está fresca en algunas mentes la protesta laboral que paralizó la citricultura tucumana en 2005, que representó pérdidas millonarias para el sector y para la provincia.

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