NATACION: MICHAEL PHELPS ¿El Gorden Boy?

El nadador dice que tras los Juegos le huye a la pileta, come golosinas y ya subió unos kilitos.
Parece que Michael Phelps, el Tiburón Phelps, se ha convertido en un tierno hipopótamo. Como el de Pumper. Sí, alguien que a esta altura del año ya no se embarca en carreras vertiginosas sino que prioriza el reposo y la abundante ingesta.

Según publica el diario El País de Madrid, el nadador norteamericano, que ganó ocho medallas de oro en Pekín y se convirtió en el máximo ganador de la historia de los Juegos Olímpicos, por estos días ha decidido tomarse ciertas licencias. O mejor dicho: ha decidido tirarse de cabeza, con lo bien que lo hacen los nadadores, sobre cualquier bandeja.

Como contó el mismo Phelps, que en cualquier momento aparece en Cuestión de Peso, ahora se pasa el día en su departamento comiendo chocolatinas (¿Jack?), gominolas (que son gomitas y no tienen nada que ver con la gomina de Castrilli), patatitas (papas fritas) y cacahuetes (maníes). Un crack voraz.

"Me estoy divirtiendo", explicó el gran Michael, que cuando batió todos los records en Pekín pesaba 91 y ahora está "un par de kilos arriba". Y agregó: "Después de los Juegos sólo he estado en la piscina un par de veces". Le faltó decir: haciendo la plancha (o mirándoles el ombliguito a las chicas, si es que en las piscinas donde Phelps se relaja hay chicas y no llevan trajes Speedo).

El campeón se merece este vuelco hacia el esparcimiento. A los 23 años conoce bien lo que es la exigencia. Previo a los Juegos, se preparó con rigor extremo: largas horas de pecho y mariposa, y dietas que incluían el consumo de 12.000 calorías diarias (los que no se dedican a la alta competencia, la mayoría, necesitan 2.500).

"Ponete un kiosco, Michael", es probable que le griten las hinchadas si es que con tanta golosina el nadador disminuye su rendimiento. Pero él se lo toma con calma. Y ya dijo que después de Navidad volverá a entrenarse fuerte "para lo que viene, los Juegos Olímpicos del 2012".Goloso y precavido.

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