De Narváez y Techint, episodios que perturban el mundo Kirchner

Por: Pablo Ibáñez

Néstor Kirchner se resiste: se niega a excluirse de la polémica sobre el brete judicial de Francisco de Narváez. Desecha la teoría de un hipotético beneficio electoral para su competidor. Usa un único argumento: el diputado, manda a decir, algún día quedará «muy complicado».

Tres funcionarios, todos con rango de ministro, distribuyeron ayer ese mensaje a legisladores y hombres del PJ. Quiso apagar un ruido interno: salvo en el micromundo K, los que no están presos de la lógica Olivos, alertaron sobre el costo del caso De Narváez.

Esa objeción se percibió, en la agenda pública, mediante el vacío: el coro de ángeles oficialistas que suelen irrumpir, en avalancha, para vitorear las medidas del Gobierno o disparar contra la oposición, fue mínima en torno a la citación para De Narváez.

Hubo, al margen del propio Kirchner, Aníbal Fernández y Florencio Randazzo, voces aisladas: entre los pocos, el piquetero Luis D'Elía y el diputado Guido Lorenzino. Lo más notable asomó al atardecer: José «Pepe» Scioli cuestionó lo actuado por Faggionato Márquez.

«Que un juez, que encima tiene 36 pedidos de juicio político, esté citando a un candidato embarra una elección que de por sí, para la ciudadanía, es rara», dijo el hermano y ministro de Scioli que juró expresar su visión personal y no la postura del gobernador.

En crudo, asemejó el libreto más a un aliado de De Narváez que de Kirchner. Detalle: Scioli, el gobernador, fue el primero en detectar que el caso judicial contra el dirigente de Unión-PRO es percibido, según las encuestas que devora, como una «operación política».

Kirchner, sin embargo, sigue en la trinchera. A través de sus ministros, recomienda, pide o exige, que los dirigentes K intervengan y reclamen, como él hizo ayer desde Merlo, que De Narváez se presente a declarar. Siempre fiel, casi en soledad, D'Elía obedeció.

Revuelos

El relato oficial de la euforia muestra grietas. Esa biblia pronostica un 28 de junio con Kirchner triunfador por 10%, rozando los 40 puntos y convertido en el presidencial con mejor porcentaje: el PRO porteño, dicen, no llegará al 40% ni tampoco, aún ganando, Carlos Reutemann en Santa Fe.

Pero, bajo la hojarasca, anidan sorpresas y revuelos. Uno refiere a Luis Patti y su participación como candidato. Los apoderados del ex comisario dan por hecho que podrá competir pero ayer, la Cámara Electoral no lograba unificar criterio sobre ese punto.

Fue una jornada movida: el equipo de abogados del CELS, «thin thank» que patrocina Horacio Verbitsky, que impugna la candidatura de Patti, al igual que la diputada ex K Victoria Donda, cerró el día con la expectativa de que el detenido no sea habilitado.

¿Usará, la Cámara Electoral, el caso Patti para compensar su fallo a favor de las testimoniales? Hoy se despejará la intriga en paralelo a que la Corte explore la causa de fondo del ex comisario, detenido en Marcos Paz acusado de crímenes de lesa humanidad (ver nota aparte).

Una semana atrás, Kirchner afirmó que Patti no debía poder ser candidato. Así y todo, la presencia del ex policía en la grilla electoral perjudica -al punto que buscó un acuerdo- a De Narváez. Sin Patti en el cuarto oscuro, Unión-PRO podría colectar sus votos.

Adentro, en casa, Kirchner tiene otros sacudones. A su lado cuentan que se irritó con una declaración de la Confederación General Económica (CGE), alguna vez usina de la burguesía nacional que, dos años atrás, Julio De Vido le prometió reactivar como vidriera paralela a la UIA,

El ministro de Planificación recurrió a un amigo: Daniel Millaci, vinculado al grupo Plaza de los hermanos Cirigliano, para sentarlo en la butaca principal de la CGE, acercarlo a Hugo Moyano para una remake Gelbard-Rucci, y instalarlo como versión «pyme y nacional» de la UIA.

Pero cuando estalló el conflicto con Techint, por la estatización de tres empresas por parte de Hugo Chávez, Millaci firmó una airada declaración a favor del holding de la familia Rocca. Alguien se lo sopló a Kirchner y el ex presidente le pasó factura a De Vido.

¿Millaci dejó caer, tras sus palabras, la íntima e inconfesable convicción del ministro que tiene con los Cirigliano más que empatías políticas? ¿Marca, además, un giro de otros sectores empresarios, tributarios del Estado, en contra de la Casa Rosada? Todo, en estos tiempos, parece posible en el planeta Kirchner.

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