De Narváez repartió boletas en San Justo y dijo que viene el cambio

De Narváez repartió boletas en San Justo y dijo que viene el cambio
Hizo una caminata a pocas cuadras del lugar donde Kirchner encabezaba su acto.
Diez de la mañana. Ni un alma en las calles de Tordillo, el pueblo que tiene el padrón más chico de la Provincia. Francisco de Narváez quiso desayunar pero no encontró ningún café abierto. Se puso a caminar y cruzó a un hombre a caballo: "¿Quiere una boleta?", le dijo. "Sí, y también deme una para la patrona", oyó. Ocho horas después, la camioneta que utiliza para la campaña se detuvo en el centro de San Justo, en La Matanza, el distrito más poblado y para muchos el corazón del poder K. Las calles estaban colmadas. Los chicos le hacían bromas con Gran Cuñado, le preguntaban por el tatuaje y el candidato aprovechaba para entregarles boletas a sus padres.

"Somos el cambio", dijo. "Hoy estamos cerrando una forma de hacer política", puntualizó. La idea del cambio abarcó de punta a punta la campaña. En los spots, en las declaraciones frente a los periodistas y en las actividades proselitistas. En el tramo final, los estrategas agregaron una frase que ayer el postulante de Unión-PRO repitió cada vez que pudo: "La boleta es el instrumento de cambio". Las papeletas eran entregadas en mano pero también volaban de tanto en tanto por el aire. El lujo, acaso, de haber podido mandar a imprimir cien millones.

Así fue el cierre que eligió su equipo de asesores, que comanda el ecuatoriano Jaime Durán Barba. Una suerte de actos exprés para hablar con los ciudadanos, repartir boletas y diferenciarse del estilo de Néstor Kirchner. Tanto fue el esfuerzo por diferenciarse que se demoró unos minutos la llegada a San Justo para que la TV pudiera tomar imágenes, en simultáneo, con el cierre del ex presidente en el Mercado Central (ver página 12).

El mensaje que había recibido el postulante de Unión-PRO, meses atrás, era que se tenía que olvidar de los actos masivos, en los que los militantes van a oír a los políticos "como si fuera un mesías". Ese era el tipo de actos que, en rigor, más le agradaban al empresario. El 17 de octubre había llenado el gimnasio del estadio de Ferro para celebrar el Día de la Lealtad peronista en medio de banderas, bombos y fotos de Perón y Evita.

Fue la última vez que lo hizo. Entre Macri y Durán Barba lo hicieron cambiar de opinión. "Tenés que ir vos a hablar con los vecinos y terminar con las viejas estructuras partidarias", le dijeron, según contó a Clarín uno de los integrantes del think tank (tanque de ideas) que funciona en Las Cañitas.

De Narváez estuvo en La Matanza 28 minutos. Sólo caminó una cuadra (ida y vuelta) porque los canales de televisión no podían tirar más de cien metros de cable. Otro detalle que tuvieron en cuenta sus colaboradores. En ese lapso, repartió cientos de boletas, se sacó fotos con los empleados de una famosa casa de electrodométicos y posó ante las camaritas de los celulares que se lo requirieron.

Ya se ha venido diciendo: el empresario, que se postula con el mote de justicialista disidente, aceleró la decisión de desperonizar la campaña cuando detectó que el acierto en la estrategia se reflejaba en las encuestas. Dejó de hacer referencias a Perón en las actividades proselitistas, salvo que, como ayer, el tema surgiera en forma casual. Un matancero se le acercó y le dijo que le quería decir algo: "Primero Perón los echó de la Plaza por estúpidos y por imberbes. Ahora los vas a echar vos". De Narváez sólo dijo "gracias", pero su sonrisa lo decía todo.

Durante la caminata recibió muestras de afecto (sólo interrumpidas por el grito de "facho" que llegó desde la ventanilla de un colectivo en marcha) y sonrió al enterarse que la última encuesta de Isonomía, la consultora que está contratada por su equipo, le otorga una ventaja de cuatro puntos. "Estamos a un paso. Ni con fraude van a poder", se comentó en el bar Tokio, pleno centro matancero.

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