De Narváez echó a sus borocotós y se quedó sin bloque

El empresario y Mauricio Macri acusaron de "traicionar el compromiso asumido ante los ciudadanos" a los legisladores que se acercaron al Gobierno. "No teníamos táctica", les respondieron.
"Por falta de conducta y por traicionar el compromiso asumido ante los ciudadanos", Mauricio Macri y Francisco de Narváez expulsaron a los dos diputados de Unión PRO que apoyaron el presupuesto kirchnerista 2010. Rubén Ledesma y Patricia Gardella, en rigor, ya habían dado señales de alejamiento del espacio opositor. Desde ayer, De Narváez, triunfador en las últimas elecciones, es el flamante titular del monobloque Unión Celeste y Blanca.

Ledesma contraatacó a sus ex socios. "Es hora de que me ponga los pantalones largos y que empiece a fijar posiciones en el Congreso, que no lo he podido hacer hasta ahora porque el representante de nuestro bloque era el mudo Francisco de Narváez", castigó el sindicalista.

El diputado, además, justificó su aval al proyecto kirchnerista sobre la base de que "cada uno votó como pudo porque jamás se habló, no teníamos táctica y no nos juntamos nunca". Fue un palo para el jefe de bloque PRO, Federico Pinedo, Macri y De Narváez.

Más que un acercamiento al kirchnerismo, Ledesma, el titular del sindicato de los mercantiles de la zona oeste del Gran Buenos Aires, volvió a sus fuentes. Ledesma es un tradicional dirigente gremial del peronismo. En 1995 accedió a la conducción de una de las principales seccionales del Sindicato de Empleados de Comercio, donde hizo sus primeros palotes en la política partidaria del PJ. Desde entonces, su ambición fue consagrarse intendente de su distrito, el más grande de los municipios bonaerenses, La Matanza.

En función de su proyecto, en 2002 tomó una decisión aventurera. Apostó por un ignoto gobernador y uno de los presidenciables menos populares: Néstor Kirchner. Lo introdujo en el conurbano, monopolizado por el entonces presidente Eduardo Duhalde. Ledesma no se despegó de Kirchner durante su campaña. Le organizó 40 actos, aportó dinero, militantes y empapeló la provincia con la cara del gobernador santacruceño.

La retribución de Kirchner no fue la esperada. El ex presidente bendijo a Alberto Balestrini como candidato a intendente matancero. Lo compensó con un cargo modesto, insuficiente, según Ledesma: asesor presidencial.

En 2005 le dieron un lugar en la lista de diputados nacionales del Frente para la Victoria. En 2007, Ledesma creyó que era su hora. Pero Kirchner le volvió a dar la espalda. Su candidato fue Fernando Espinoza, hombre de Balestrini. Ledesma rompió con el ex presidente, fundó la Corriente Peronista Bonaerense (CoPeBo) y buscó nuevos horizontes políticos.

Recayó en el incipiente armado de De Narváez. Consiguió, incluso, incluir a su mano derecha, Gardella, en la lista del partido narvaecista. Pero tampoco sería eterno el idilio con De Narváez. Cinco meses antes de las últimas elecciones, empezó a quebrarse el vínculo. Los asesores del empresario no le permitieron participar de las reuniones de campaña. Ledesma se sintió discriminado.

Tampoco le respetaron su liderazgo territorial. De Narváez ordenó incluir dos listas colectoras en La Matanza, además de la de Ledesma. Ese día decidió abandonar el narvaecismo.

Junto al histórico duhaldista Juan José Álvarez, Ledesma se acercó a Macri. El primo y diputado provincial, Jorge Macri, le facilitó la llegada al PRO. A partir de una reunión entre los cuatro dirigentes, Ledesma –junto a Gardella– se consagró como la pata peronista del proyecto presidencial de Mauricio. El jefe de Gobierno porteño lo confirmó como candidato a diputado, ante la incredulidad de los autodenominados "macristas de la primera hora". En el marco de una relación tensa, fue una señal hostil de Macri hacia De Narváez.

Pero Ledesma tampoco se sintió contenido en el mundo macrista. Nunca tuvo buena relación con Federico Pinedo y, hace un par de meses, reactivó conversaciones telefónicas con Néstor Kirchner. Hace una semana anticipó a los macristas que armaría un bloque propio junto a Gardella.

Dos días antes de la votación crucial, un diputado PRO se lo cruzó en el estacionamiento del Congreso. "¿Qué puedo hacer para que no te vayas?", le preguntó. "Nada. Estoy hinchado las pelotas. Me voy".

El único, el verdadero, el original

Sin siquiera presumirlo, el médico devenido diputado bautizó con su apellido, allá por 2005, un fenómeno político que se repite hasta hoy: el "borocotazo". Un mes antes de asumir su banca como legislador nacional de PRO, Lorenzo Borocotó se reunió en la Casa Rosada con Alberto Fernández, en ese momento jefe de Gabinete, y minutos después selló su pase al oficialismo con una foto junto a Néstor Kirchner.

Esa "traición" al espacio liderado por Mauricio Macri le costó al diputado una andanada de críticas y hasta una denuncia judicial. Los apoderados del partido lo impugnaron ante la jueza María Romilda Servini de Cubría por "verdadera estafa al pueblo" y "prevaricato de ideas", entre otros cargos. Finalmente, la magistrada dio vía libre para que Borocotó ocupara un escaño en la Cámara baja.

Como diputado, mantuvo un perfil bajísimo y no se integró en el bloque K. Conformó, en soledad, su bancada "Movimiento Independiente", aunque en los hechos se alineó con los deseos del oficialismo. Su historia parlamentaria, que culminará el próximo 10 de diciembre, quedó empañada por la inicial "malversación del voto".

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