Los narcos de Río compran armas en toda la región y tienen misiles

Hay 17 puntos de ingreso del armamento a las favelas. Entre ellos también desde Argentina. La policía brasileña secuestró armas largas, metralletas y ametralladoras antiaéreas. También detectó misiles tierra-aire en manos de los delincuentes.
Dicen que Ana Cristina Costa do Nascimento, una joven madre de 24 años con una beba de 11 meses, murió por una "bala perdida" que le entró por la espalda. Ella era una de las tantas muchachas que viven en el complejo de favelas cariocas llamada barrio de la Penha. La chiquita, que estaba en brazos de su madre, se salvó de casualidad: sobrevivió a la herida del disparo y todavía está internada en estado reservado. Antes de ayer, Ana Cristina fue enterrada. Deja en la orfandad otros dos pequeños de 6 y de 3 años

La caza de los narcotraficantes emprendida por la Policía Militar fluminense, que en teoría debe "limpiar" de facinerosos a los casi 70 morros que cercan al Río elegante y lo empujan contra el mar, está llena de estas historias conmovedoras. En gran parte porque en el bando del narcotráfico todo cambió. Sus líderes funcionan como señores "feudales" con ejércitos propios que gobiernan las "comunidades" desde las cimas de los cerros. Pero esa estructura de comando aparentemente primitiva despliega una tecnología de guerra que supera a la que poseen las tropas oficiales. Todo consiste en saber quién lo permite y por qué.

Entre las "sofisticaciones" tecnológicas se cuentan los siguientes ítems: artillería antiaérea; lanzadores de misiles tierra aire; sistemas de camaritas instaladas en puntos estratégicos de las favelas comandadas claro está desde centrales colocadas en los puntos inaccesibles del bastión narco.

Para abajo hay de todo: granadas, bombas, fusiles FAL, ametralladoras. En fin lo que se quiera y de dónde sea. Tal como describió el experto en seguridad brasileño Walter Maierovitch, miembro del instituto antimafia Giovanni Falcone, en el mundo se mueven casi 300 mil millones de dólares en el mercado negro armamentístico. Quién controla el mercado de cocaína y otras drogas posee el dinero suficiente para "comprar" en ese mercado lo que precisa para mantener la "fortaleza".

Ya se sabe desde hace un tiempo por dónde entran las armas que abastecen a las bandas del narcotráfico. Los puntos de entrada principales, determinó la policía, son las fronteras con Bolivia, Paraguay, Argentina y Uruguay.

El armamento no es de marca sudamericana. Son originados en Israel, EE.UU. y Rusia a título de ejemplo. Hay también armas del Ejército argentino con origen definido aunque numeración borrada. Quien estudió el tema a fondo fue Pablo Dreyfus en la organización Viva Río de la capital carioca. Su investigación, que fue premonitoria y sirvió de base para la Comisión de Investigación Parlamentaria de las Armas (CPI), no pudo terminar. Pablo murió en el accidente aéreo de Air France de este año cuando cayó en el Atlántico el Airbus 330 de la compañía que había despegado de Río.

Hay dos grandes ramas del tráfico de drogas en Río: el Comando Vermelho (Comando Rojo) y la facción Amigos de los Amigos. Combaten sin cuartel entre ellos cuando se trata de controlar una "boca de fumo"; traducido: un punto de venta minorista de la droga.

Parte de los ingresos de las cúpulas de las bandas, que a su vez son "empleadas" de los mayoristas de narcóticos, tiene como objetivo abastecerse de la mayor cantidad y calidad de armas. Según datos del Instituto de Seguridad Pública de Río entre enero de 2007 y agosto de este año fueron secuestrados por agentes policiales 754 fusiles, ametralladoras antiaéreas y ametralladoras. Representan, afirma la entidad, un promedio de 23 armas mensuales. Esto, claro está, es apenas lo que recuperó la fuerza de seguridad gubernamental. No es más que un 10% de las existencias en las "comunidades" controladas por el tráfico.

Hace tiempo que la Policía Federal identificó los pasos de las armas. De acuerdo con las estimaciones de los agentes de esa repartición nacional las cargas armamentísticas deben atravesar en promedio unos 2.500 kilómetros para llegar a su destino. Vienen de Bolivia, Paraguay, Argentina, Uruguay y Perú. Pero también involucran otros países, a saber Colombia. No hay diferencia entre los caminos que siguen los traficantes de armas y aquellos que trazan los de la droga.

Para andar por estados como Río Grande del Sur, Paraná, Santa Catarina y San Pablo, hay que tener condiciones. No van por caminos clandestinos: en estas provincias del sur brasileño prácticamente no existen. Eso representa dos variantes: o muchos hacen la vista gorda cuando vienen las camionetas y hasta camiones cargados o, en su defecto, hay mucha ineficacia en la represión. En defensa propia, la policía dice que "la geografía brasileña complica la situación: son 16.000 kilómetros de frontera seca" según Rafael Floriani, comisario de la División de Represión al Tráfico de Armas de la PF ¿Una excusa? Difícil de saber. Lo cierto es que la joven Ana Cristina murió por los disparos policiales contra los traficantes. Así lo declaró su marido. No fue culpa directa de los agentes, y tampoco de las bandas. Lo cierto es que las víctimas de esta guerra son trabajadores, dueñas de casa, ancianos y niños.

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