Nadie quiere salir al rescate del dólar

Por Laura García

A un año de Lehman, el análisis post-mortem revela que casi nada es como antes. El mercado quedó transformado por el trauma de aquel colapso impensado. Todo parece haber sido alcanzado por el estruendo. Salvo por el dólar. Entre los escombros, el verde curiosamente aparece plantado hoy en los mismos 1,45 por euro que merodeaba hace un año, pocos días después de la quiebra más escandalosa que haya visto Estados Unidos.

Entre un momento y otro, no obstante, el dólar tuvo un periplo homérico que lo llevó de la penuria a la gloria para volver a dejarlo a mitad de camino. Hoy pocos lo ven hoy de vuelta en los mínimos de 1,60 por euro de julio de 2008 cuando parecía condenado a perder toda su autoestima, pero descartan que vuelva a coquetear con los máximos de 1,23 que supo tocar a fines de octubre, cuando probó que todavía era la moneda preferida a la hora de guarecerse. Una Fed superagresiva, que llevó la tasa a cero antes que nadie e imprimió dinero como si se fuera a acabar el mundo, había dejado al dólar algo más cabizbajo para comienzos de este año, en 1,40 por euro, lo que de todos modos redondeaba un avance del 3% en 2008. Desde entonces, volvió a subir –tocó un máximo de 1,25 a mediados de febrero de 2009– para desmoronarse después hasta los 1,45 de estos días.

Muchos creen, de hecho, que debería valer todavía menos en función del repunte anímico del mercado. "El nivel de aversión al riesgo ya está casi en niveles pre-crisis. De haberse mantenido la clásica relación entre riesgo y dólar, hoy la moneda debería estar mucho más debilitada", comenta Mitul Kotecha, jefe de estrategia global de divisas de Caylon, el banco de inversión del Credit Agricole. Con esta relación histórica algo fuera de foco, y sin la guía de los diferenciales de tasas de interés entre países –al menos hasta la segunda mitad del 2010, hoy nadie espera que el costo del dinero comience a subir de vuelta–, el mercado cambiario se ha quedado con pocas guías. Pero según los analistas, lo más probable es que el dólar termine el año en un nivel cercano a los 1,50 por euro, con un diagnóstico de debilidad crónica bastante difícil de remontar.

Es que si bien el déficit comercial se redujo desde los casi u$s 65.000 millones de hace un año, está estancado en torno a los u$s 27.000 millones desde febrero, lo que supone que el país necesita atraer u$s 1.000 millones por día de capital extranjero para que la moneda pueda aferrarse a su valor actual. Pero según explica Steven Englander, jefe de estrategia cambiaria de Barclays, la cosa es aún más complicada. El sector privado de EE.UU. viene comprando activos en el exterior en cantidad, lo que diluyó la mejora de los números comerciales.

Estas compras se habían disparado a u$s 40.000 millones mensuales a comienzos del 2007 para luego revertirse a fines de 2008, cuando en el punto más álgido de la crisis los estadounidenses comenzaron a repatriar capitales a un ritmo de más de u$s 30.000 millones mensuales. Hoy la relación volvió a darse vuelta y están adquiriendo unos u$s 30.000 millones en instrumentos extranjeros por mes.

El dato no sería apremiante si no viniera acompañado por el creciente desinterés de los extranjeros por los activos de EE.UU.. Las compras netas de títulos estadounidenses de largo plazo cayeron por debajo del déficit comercial en u$s 46.000 millones en el primer semestre del año. Es la tercera vez que ocurre desde 1994.

"No hay evidencia de que el sector privado extranjero vaya a salir al rescate del dólar. La pregunta obvia es si esto es algo temporal. No parece ser el caso. Por lo general, el dólar tiende a prosperar cuando hay un único activo que atrae a los extranjeros, como fueron los altos rendimientos reales en los ochenta, el Nasdaq de la burbuja de Internet, la búsqueda de refugio en 2008. Hoy no hay ningún activo que presenta una clara ventaja de performance", dice Englander.

Con los inversores de EE.UU. comprando afuera, los extranjeros vendiendo sus activos de EE.UU. y los bancos centrales renuentes a llenar el hueco, no parece haber muchas chances de que el dólar vaya a superar pronto la anemia.

"Los mercados están anticipando un escenario similar al del período 2003-2007. En esencia, se trata de un régimen en el que EE.UU. mantiene una política monetaria laxa, lo que trae asociado un crecimiento alto pero un dólar débil", aclara Bilal Hafeez, estratega de monedas del Deutsche. Un cuadro como el de la primera mitad de los ochenta, cuando el dólar se disparó ante una Fed que comenzó a subir las tasas mucho antes que Alemania, hoy parece improbable. No sólo por las obvias diferencias en materia de inflación (en aquel momento muy alta, hoy muy baja), sino porque durante los períodos de fuerte apreciación del dólar, EE.UU. ha mantenido la tasa real al menos 100 puntos por encima que la de Alemania, con un crecimiento superior en 2% al de la economía europea. Hoy la tasa está 125 puntos por debajo y el crecimiento se espera que sea sólo 1,5% más alto.

El dólar, parece ser, no tiene quién lo rescate.

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