Nadie frenó a los barras

Por: Ricardo Roa.

Aníbal Fernández es un campeón. El ministro de Justicia y Seguridad dice que la guerra entre barras de Huracán, una de las más graves de los últimos años y que terminó al menos con dos muertos y cuatro heridos, es "ajena al fútbol

Y tiene razón, si se refiere a que no se pelearon los jugadores entre sí y a que en la cancha el partido terminó normalmente. Pero sólo hasta ahí. La batalla empezó en las tribunas. Y los barras de la villa Zabaleta echados de la cancha por los de la plaza José C. Paz robaron después lo que pudieron en su regreso al barrio. La Policía fue a reprimirlos recién cuando llamaron los vecinos. Y por lo que se sabe, fue todo lo que hizo. En el estadio, había dejado hacer. La tv mostró cuando los hinchas se escapaban como podían de los grupos violentos trenzados en el entretiempo. La Policía, que tiene muchas más cámaras y se ocupa de esa tarea, debió ver todo. Y no hizo nada. No previó antes ni actuó en el momento. ¿Tampoco se le ocurrió pensar que semejante gresca no continuaría? Levantó el operativo apenas terminó el partido. Y las cuatro horas siguientes fueron de terror. La banda derrotada en la cancha se vengó: tiroteó la casa del hermano del jefe de la otra barra, que acabó muerto. Y la respuesta fue inmediata: la barra de la plaza contraatacó en la villa. Y en la misma puerta del hospital Penna remató a uno de los que había baleado. Una de dos: o la Policía no actuó o si actuó fue inoperante. El resultado es el mismo. Por si no se sabe, la Policía depende de Aníbal Fernández. Y a esta altura y visto todo lo que pasó, qué importa si esta violencia loca tiene o no que ver con el fútbol. El argumento no disimula la responsabilidad policial.

Comentá la nota