Nadie espera que Boudou cambie algo.

Por Néstor Scibona

No fue ninguna sorpresa el voto de los mercados en contra de la designación de Amado Boudou como nuevo ministro de Economía. Y más si empieza a hablarse de gravar la renta financiera. El derrumbe de los bonos y de las acciones, junto con la mayor presión sobre el dólar, potenció como tantas otras veces una jornada negativa en los mercados externos y tradujo en números la sensación generalizada de que el cambio en la conducción del Palacio de Hacienda se hizo para que poco cambie en el manejo de la política económica.

Esta reacción, concretada incluso antes de que Boudou jurara, resultó tan previsible como el recambio ministerial. Hace semanas que en los despachos oficiales se daba por descontado que la silenciosa gestión de Carlos Fernández no iba a extenderse mucho más allá de las elecciones y que el candidato con más chances de reemplazarlo era el entonces jefe de la Anses.

La novedad fue que en el camino se produjo la amplia derrota electoral del 28 de junio, que se extendió ?inesperadamente para el oficialismo? al territorio bonaerense. Sin embargo, este "detalle" no alteró los planes del matrimonio Kirchner, que actuó como si las urnas hubieran avalado todo lo que los condujo a la pérdida de la mayoría en el Congreso y a su actual debilitamiento político.

Para los mercados, y también para la gran mayoría de empresarios y analistas, el ascenso de Amado Boudou significa en los hechos que Néstor Kirchner seguirá monopolizando discrecionalmente las decisiones en el área económica, como lo hizo en los últimos cuatro años desde que Roberto Lavagna se hizo sacar tarjeta roja.

Como dirían los lingüistas, cualquier señal de cambio en serio debía contener por lo menos dos preposiciones inseparables: la normalización del Indec y el apartamiento de Guillermo Moreno como ejecutor de aquellas medidas que no suelen escribirse en resoluciones ni decretos ni llevan la firma de ningún funcionario.

Nada de eso ocurrió. El kirchnerismo se replegó sobre sí mismo y buscó dentro de su propio banco de suplentes a funcionarios capaces de defender lo indefendible, como las estadísticas oficiales de precios, pobreza, desempleo y actividad económica o los métodos del mentor de esta adulteración cuando el Gobierno se entromete en la vida de las empresas.

Si este punto de partida no ayuda a mejorar la confianza, otro tanto ocurre con la credibilidad del nuevo ministro de Economía. Por su formación académica, Boudou no pudo ignorar que eran falsos ?o al menos, medias verdades? muchos de los argumentos que utilizó el año pasado, cuando se convirtió en el adalid de la estatización de la jubilación privada. Ni esa confiscación de ahorros tenía por objeto mejorar la situación de los actuales o futuros jubilados ni las AFJP ?reguladas por el Estado? se dedicaban exclusivamente a la "timba" financiera con pésimos resultados, como intentó hacer creer. De hecho, la mitad de los activos de las AFJP estaba colocada compulsivamente en devaluados títulos de deuda pública, que el Gobierno se dedicó luego a autocancelar o refinanciar para evitar un default.

Con las carteras de inversión más líquidas y los aportes extra que recibió, la Anses financió parte del mayor gasto público electoral y también obligaciones externas del Gobierno, ante el cierre de otras fuentes de financiamiento que no fueran del propio Estado.

También la Anses se convirtió en un banco, sin serlo, para apoyar incluso a compañías multinacionales y hasta designó directores en empresas privadas con las acciones heredadas, sin que éste fuera el propósito declarado de la estatización. Si bien se evitó el default estatal, el costo en términos de desconfianza fue enorme, como lo demostró la fenomenal fuga de capitales que siguió a la ley aprobada por el Congreso, con escaso debate y apoyo opositor.

Cómo revertir la desconfianza con los mismos protagonistas es un interrogante que no tiene respuesta. Pero no es el único. En los últimos meses el gobierno kirchnerista ingresó por primera vez en seis años en zona de déficit fiscal y no cuenta con otras fuentes de financiamiento que no sean los propios organismos públicos. No son cifras alarmantes, pero Boudou tiene por delante un enorme desafío si busca reabrir la colocación de deuda con el Indec falsificando índices.

La alternativa de una corrección fiscal también se complica por la resistencia del kirchnerismo a asumir costos y también frente al nuevo escenario político. Si el nuevo Congreso aprueba una reducción de las retenciones agrícolas, el recorte de los superpoderes, un reparto diferente de la caja fiscal y no hubiera acuerdos, dentro y fuera del PJ, para estas medidas o para un presupuesto 2010 más racional, el escenario de incertidumbre se potencia.

Cada vez que la Argentina acumuló desequilibrios fiscales y terminó en crisis fue porque apeló a maxidevaluaciones para licuar gastos y aumentar ingresos. La presión sobre el dólar y la reacción de ayer de los mercados tienen que ver tanto con el pasado como con el futuro. Y el horizonte económico no está, tras los cambios, más despejado que a comienzos de semana.

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