Nadie atiende los problemas de Lomas de Tafí

Vecinos plantearon inconvenientes al municipio de Tafí Viejo, que dijo que no puede atender porque la obra no fue entregada en condiciones.
La angustiante sensación de no existir, así sea en el plano administrativo, es la que embarga a los vecinos de Lomas de Tafí. Según afirman, la anarquía y la anomia se manifiestan a diario, tanto en la creciente inseguridad como en la arbitraria modificación de recorrido de los ómnibus que ingresan al barrio de 600 viviendas.

Lomas de Tafí está dentro de la órbita de la Municipalidad de Tafí Viejo. Durante una asamblea que realizaron el miércoles por la noche, los vecinos hicieron público lo que les respondieron cuando fueron a plantear los problemas que afrontan desde el 29 de diciembre de 2008, cuando les entregaron las casas: inseguridad, mal estado de las calles, necesidad de un segundo acceso, deficiente iluminación, falta de desmalezamiento, problemas con los desagües y ausencia de un centro de asistencia médica, entre otros. "Nos dijeron que hasta enviaron cartas documento, al Instituto Provincial de Vivienda y Desarrollo Urbano (Ipvdu), porque las empresas no habrían entregado la obra como debían", explicó Roberto Rodríguez. Debido a ello, según agregó, los funcionarios les habrían dicho que no se harían cargo del mantenimiento del barrio. (Ver "La obra no se ajusta...")

Aluvión de quejas

Los vecinos sueltan sus quejas a borbotones. Que la falta de mantenimiento convierte las calles en pantanos cuando llueve. Que hay robos y hasta atracos de arrebatadores de manera constante. Que las alimañas conviven con las mascotas y con los niños del lugar. Que hay verdaderos montes de yuyos en los espacios verdes del barrio...

Por momentos, la asamblea parece un grupo de autoayuda: cada uno recita sus penas. "Mi papá tiene 76 años; cada vez que viene se pierde porque el colectivo cambia el recorrido, a causa del estado de las calles", dice una vecina que se identifica como Alicia.

En muchos casos, con una anécdota ilustraban más de un problema: "no podés salir ni a perseguir a un ladrón, porque te quedás embarrada en plena calle", dijo una vecina que prefiere no dar su nombre ni salir en las fotos. "Salir es imposible; las calles son un desastre. Si hay una urgencia ni siquiera se puede usar el auto. Encima me robaron la bici", renegó otra, que también pidió anonimato.

Entonces, la súplica por un poco de ripio se generalizó. Con distintas historias, todos contaron a LA GACETA que las calles se vuelven "jabón" y barro con cada lluvia. Cada vez que habla, Mariana habla en plural. Dentro de ella está Guadalupe, desde hace siete meses y medio. "Cuando vamos a hacer las compras después de que llovió, nos demoramos más de una hora entre ida y vuelta, porque apenas si nos podemos mover con esta panza en medio del barrial", se queja airadamente.

Al promediar la reunión vecinal, se oyó un pedido que recibió la adhesión generalizada de los vecinos: "firmemos todos una nota para pedir una ambulancia las 24 horas, al menos hasta que esté construido el CAPS (Centro de Atención Primaria de Salud). El otro día, a una nenita le dieron convulsiones. Por suerte un vehículo la llevó y parece que fue a tiempo, porque el daño de eso puede ser irreversible".

En medio del debate, las historias de inseguridad suenan normales. Los vecinos parecen acostumbrados a los robos y a los arrebatos. Hace poco recibieron el compromiso del jefe de la Unidad Regional Norte, comisario mayor Luis Roberto Ibáñez. "Pero si nos acompañan, van a ver que los agentes no están. Además, los que roban, cruzan el canal y listo: la Policía sabe eso y no pasa nada", se amarga Gustavo. "Con materiales y mano de obra, nos comprometemos a construir tres garitas, para que estén protegidos de la lluvia. ¡Pero nos tienen que asignar personal!", exclamó Rodríguez.

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