Nada que pueda devolver la confianza

Por Jorge Oviedo

El principal problema de la economía argentina no es la crisis internacional ni la recesión con inflación que el Gobierno combate con mentiras disfrazadas de estadísticas. El mayor obstáculo es que en la Argentina cualquier medida es posible.

Hay temores a lo que pueda hacer el Gobierno, que mostró que es capaz hasta de incautarse de los ahorros acumulados por los trabajadores en las AFJP.

¿Corregirá esto el cambio de gabinete? No parece. Lo que reclamó la ciudadanía hace dos domingos con el voto, y todos los días hábiles con la compra de dólares, es que cambie la política, no los nombres.

La economía no tiene la respuesta. No retornará el crecimiento porque se coloque al frente del Ministerio de Economía a un profesional formado en el liberalismo ortodoxo, que pasó sin escalas al estatismo ortodoxo.

La Argentina sufre una fuga de capitales enorme desde hace dos años. Los meses "buenos", esa fuga es de 1000 millones de dólares. Los "malos", de 3000 millones. Casi nadie quiere invertir aquí sus ahorros. Es la política la que tiene la palabra.

Si lo que se requiere es inspirar confianza para que retornen las inversiones y el financiamiento, no se eligió ayer el mejor camino. Incluso la fecha fue equivocada. El anuncio se podría haber hecho hoy, tras el cierre de los mercados, y se habría contado con tiempo hasta el lunes para enfrentar el test de las cotizaciones del dólar y los bonos. El Gobierno habría tenido tiempo de explicar qué busca, cuáles serán los cambios de políticas, si acaso los imaginó, y tratar de crear consenso. Con Guillermo Moreno interviniendo en todo aquello que le plazca desde la Secretaría de Comercio, ¿tendrá importancia que Amado Boudou sea el nuevo ministro de Economía?

Los Kirchner parecen haberse replegado, reuniendo a la tropa que consideran más leal. La intención no aparenta ser otra que insistir y profundizar una política que fue derrotada en los mercados y en las urnas y que ha llevado a la Argentina a una situación más seria que la que podría causarle la crisis internacional.

Las políticas que Moreno ejecuta con entusiasmo han derrumbado la actividad en una recesión profunda, pese a lo cual la inflación persiste en altos niveles. Sólo el estallido de 2001 o la hiperinflación fueron más eficientes para generar nuevos pobres.

Ni siquiera las manipuladas estadísticas oficiales disimulan la situación. La demanda de energía eléctrica se ha reducido, incluso según el Indec. Ni siquiera ocurrió en la recesión del efecto tequila, con una caída de cuatro puntos del PBI.

La parálisis que agrega la tardía reacción ante la gripe A profundiza el efecto recesivo. Las vacaciones de invierno, que podrían haber tenido algún alivio en muchos sectores del turismo y el comercio, apuntan al fracaso. El fin de semana largo que se avecina será seguramente el de menor actividad en mucho tiempo.

Las cuentas públicas ya están sufriendo los efectos por la menor recaudación y un gasto que hasta ahora creció mucho más que los ingresos.

En el pasado el matrimonio Kirchner evitó los ajustes por el simple expediente de aumentar los impuestos. Y cuando ya no le funcionó, entonces recurrió a incautar ahorros. ¿Qué hará ahora ante renovadas estrecheces?

Es la pregunta clave desde antes de las elecciones y que aún no ha sido contestada. Muchos operadores y analistas descontaban una "profundización del modelo", con alta probabilidad de nacionalización del sistema financiero si el oficialismo triunfaba en las urnas.

Por esa vía, todos los bancos habrían sido simples agentes del Banco Central, que habría sido el verdadero tomador de depósitos y dador de préstamos. El Gobierno se habría quedado con una jugosa caja que podría haber usado para empujar la actividad otorgando créditos a discreción.

La mayoría de los economistas y analistas políticos cree que hoy los Kirchner no tendrían margen para tomar una medida así. ¿Harán el ajuste entonces? ¿Seguirá aumentando la demora en pagar los reintegros y devoluciones impositivas a las exportaciones? ¿Se demorarán más los pagos de obras a los contratistas del Estado? ¿Aumentarán las tarifas públicas para gastar menos subsidios? No hay medidas simpáticas para elegir en el menú.

¿Qué hacer con la fuga de capitales? Las filas progresistas del kirchnerismo proponen un endurecimiento del control de cambios, haciendo que sólo puedan comprarse y venderse divisas para el turismo y el comercio exterior. Una experiencia conocida, que derivó en otras ocasiones en un enorme mercado negro.

También para el campo hay diferentes recetas. Moreno propone más controles, subsidios a los que se disciplinan, precios oficiales y regulación de las exportaciones. La situación es muy seria porque aparentemente la próxima cosecha de trigo mostrará la segunda caída consecutiva y el país quedará al borde de tener que importarlo.

La política de reducción de la "sojadependencia" parece encaminar paradójicamente al país a la mayor cosecha del "yuyo", ya que el maíz, por la intervención estatal, tiene menor rentabilidad, mayores costos y un mercado menos transparente.

En materia de economía, los cambios hechos en el gabinete parecen indicar que los Kirchner están dispuestos a continuar, con otros protagonistas, con el esquema que tiene serios problemas de funcionamiento. Habrá que esperar para ver si la derrota electoral los convenció de enmendar sus peores yerros.

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