Con nada por perder y mucho por ganar

Desde la derrota electoral de hace dos meses, el ex Presidente y el gobierno de Cristina Fernández han llevado adelante iniciativas inimaginables en los tiempos de gloria del kirchnerismo.
Podría pensarse que es una fuga hacia adelante, pero se trata en realidad de un estilo de hacer política, de rehacer fuerzas, en medio del desconcierto de justicialistas y opositores.

Después, el tiempo dirá si alcanza para volver a ser candidato en 2011 o al menos pesar en la decisión de quién lo sea.

Hoy por hoy, esa forma de concebir la política es la base para garantizar la gobernabilidad, según la interpretación del kirchnerismo. "Quieren paralizarnos, que dejemos de hacer hasta el 10 de diciembre, pero eso sería el principio del fin de la gobernabilidad", confesaba por estos días en Bariloche uno de los hombres de máxima confianza de los Kirchner.

Resultados y lecturas

No deja de asistirle alguna razón a Kirchner cuando dice que "pueden ser muchas las lecturas" del resultado de las elecciones. Perdió ciertamente en Buenos Aires y en los principales distritos del país, pero de esas derrotas no parece haber surgido uno o varios nítidos ganadores. Y si bien desde diciembre tendrá menos legisladores, conservará la condición de primera minoría en Diputados.

Por estos días las críticas se centran en que la aceleración del Gobierno con sus iniciativas legislativas es un recurso contrarreloj para aprovechar una correlación de fuerzas favorables en el Congreso hasta el recambio decembrino.

También en que debería postergar hasta entonces esas iniciativas porque después de la elección de junio, el Gobierno, si bien legal, carece de legitimidad. La verdad de esa crítica es relativa: Cristina Fernández fue electa presidenta hasta 2011. Conceder que perdió legitimidad supondría a la larga colocar a su Gobierno en una parálisis y con ello, en un deterioro de la gobernabilidad, según entiende el kirhcnerismo.

Postderrota electoral

De allí que esta semana Kirchner, en su segunda incursión postderrota electoral en el Gran Buenos Aires, haya hecho su lectura de las urnas: "La gente pidió que profundicemos aceleradamente el modelo". Aun cuando "el modelo" resulte por momentos difuso, contradictorio a veces, otras maniqueo.

Dentro de esta dinámica, el envío del proyecto de la ley de radiodifusión, un legado de la dictadura, que en los albores de la democracia tuvo un frustrado intento de reforma. La presentación estuvo acompañada de un mensaje de tono confrontativo de la Presidenta, aunque no deja de asistirle la razón cuando hizo referencia a que muchas veces se ha confundido "libertad de expresión con libertad de extorsión" al poder político.

Aunque previsible la reacción unánime de la oposición contraria al proyecto, en el Gobierno confían en que a la hora del debate legislativo, muchos de los que enarbolan ese discurso terminen por respaldarlo. "Hasta Cobos sabe lo que está en juego y cuánto puede beneficiarlo si llega a ser presidente", evaluaba aquel mismo soldado kirchnerista, según el cual el proyecto es "inobjetable" desde el punto de vista técnico y político.

Reducciones y retenciones

Confrontativa, también, resultó la decisión de la Presidenta de aplicar el veto a las eliminaciones o reducciones temporarias de las retenciones a las exportaciones de productores de una veintena de municipios bonaerenses incluidos en la Ley de Emergencia Agropecuaria.

El "error" que vino a subsanar el veto, sin embargo, no fue tal. Esos beneficios habían sido parte de la negociación en Diputados para obtener el voto de los bonaerenses a la prórroga por un año de las facultades legislativas delegadas al Ejecutivo. Y a libro cerrado lo aprobaron los senadores oficialistas.

El veto sirvió de excusa para detonar el irresuelto conflicto con el sector agropecuario. El cese de comercialización hasta el sábado que viene no tendrá efectos significativos en el abastecimiento, pero vuelve a caldear los ánimos. Kirchner ha encontrado un "enemigo" al que desafiar, aunque esta vez la protesta aparece con menor fortaleza y acompañamiento social, conducido por una Mesa de Enlace con contradicciones entre sus dirigentes.

Para colmo, el Gobierno le asestó el golpe de cooptación de una referente de la protesta, funcionaria de la administración de Hermes Binner, la dirigente María del Carmen Alarcón.

Kirchner sigue vivo

Que Kirchner no está muerto también lo prueba el affaire de la senadora Roxana Latorre, que derivó en un golpe a las aspiraciones presidenciales, si las tiene, de Carlos Reutemann.

El voto de Latorre al dictamen en comisión de que le permitió al oficialismo sancionar en el Senado con simple mayoría la prórroga de las facultades delegadas, dio sustento a las sospechas de un pacto secreto entre Kirchcer y Reutemann que el senador salió a desmentir de manera destemplada, revelándolo en una faceta públicamente desconocida: primero rompió con su fiel acompañante histórica, luego la presionó para que no reasuma como senadora el 10 de diciembre y finalmente estalló en "pánico escénico": "Me importa tres pitos. Que (la candidatura presidencial) se la metan en el medio del culo".

Reutemann, que si, que no

El derrape de Reutemann golpeó las chances de "el candidato" sobre el que colocaba su expectativa el peronismo antikirchnerista.

El hecho habilitó a otros aspirantes de menor talla a que se lanzaran a la arena, como el ex gobernador y diputado electo Felipe Solá y el gobernador chubutense Mario Das Neves. Proyectos de candidaturas ambas que necesitarán de un encolumnamiento del justicialismo bonaerenses, en especial del Gran Buenos Aires, una misión que parece haber tomado en sus manos Eduardo Duhalde.

Pero enfrente está un Kirchner que no está muerto: en sus contactos con los intendentes les garantiza que seguirá el financiamiento del Gobierno nacional. Aunque las arcas estén afectadas por una flacura que la Rosada busca revertir con la vuelta al FMI. "Nunca nos fuimos", dijo el mismo que le pegó el portazo en sus días de gloria.

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