Nada escapa a la puja

Por Damián Nabot

Se prometieron miles de puestos de trabajo pero los anuncios sin planificación se asemejan a una de las prácticas políticas más aberrantes: el uso de la pobreza como herramienta electoral.

¿Qué políticas de Estado acordó la dirigencia argentina en los últimos años? ¿Qué áreas resolvieron dejar fuera de la puja cotidiana? ¿Qué resolvieron preservar de sus necesidades de diferenciación? ¿Acaso la asistencia a la niñez? ¿Tal vez la generación de una salida común para las decenas de millones de pobres? Nada. Incluso se pulsea sobre las urgencias, se tironea de los planes que, en sus fundamentos, deberían darles el horizonte de un destino a los excluidos.

Se habían prometido cien mil puestos de trabajo con el objetivo de transformar la asistencia en empleos, con la promesa de reconstruir el tejido rasgado por los escombros de los modelos económicos fallidos. Pero las denuncias de inscripciones abusivas, la falta de máquinas y herramientas para avanzar con las obras, las demoras en los cursos de capacitación que debía formar a los beneficiarios muestran una alarmante combinación de negligencia con arbitrariedad política.

Un intendente se lamentaba ayer que tenía presupuesto para pagar sueldos a beneficiarios que podían desempeñarse como albañiles, pero carecía de camiones para transportar personal y equipos. Otro se quejaba porque se abrían cupos para anotarse en el plan Argentina Trabaja sin implementar antes los cursos de capacitación. Nadie lo había previsto. Los anuncios se apresuran sin planificación y siembran el terreno para una categoría que figura en el inventario de las prácticas más aberrantes: el uso de la pobreza como herramienta electoral.

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