Nacionalizar o regionalizar la campaña en La Plata

Mientras Lula terminaba de ajustar la agenda en común con EEUU luego del diálogo telefónico con Barack Obama, nuestra Cristina daba cátedra de calefones, gastronomía hogareña y cuestiones culinarias a la usanza de la desorientada gordita televisiva Coti Nosiglia, en la residencia de Olivos. Ni Capusotto lo hubiese imaginado tan bien.
Esa es la Presidenta que deberá defender en La Plata el intendente Pablo Bruera si se nacionaliza la campaña para las elecciones legislativas que probablemente se desarrollen en octubre. Bruera es kirchnerista de la última hora, convertido K en uno de los mayores momentos de descrédito popular del matrimonio presidencial.

Este dato no es menor, sobre todo si se tiene en cuenta que cada vez que se coló la agenda nacional entre los temas de la ciudad, el oficialismo se hizo un embrollo para alquilar balcones en el Concejo Deliberante. Es lógico: qué persona munida de sentido común puede defender la revanchista pelea con el campo, el principal sector productivo del país, el papelón con el vicepresidente Cobos o las constantes mentiras desde el atril de Olivos. Dijo la Presidenta: “El canje de heladeras es un éxito”. Cree o desea Cristina que la gente sea como ese sketch de Capusotto y Fabio Alberti. Es decir, B... Total. De otra manera, no se entiende semejante paradigma de la falacia. Ni qué hablar de los autos 0 kilómetro en cuotas que no entrega ni la concesionaria de Ricardo Salomé, la misma que hizo la pantomima del primer vehículo del Plan Nacional. Pregunte, infórmese, y verá que nada es como vocifera la Presidenta.

Un trabajo finalizado a fines de 2008, por estudiantes de sociología y ciencias políticas de una reconocida casa de altos estudios local, ubicó la intención de voto para el presidente de facto Néstor Kirchner en 6%. Kirchner podría ser la figura del oficialismo, a la que tendría que pegarse la lista local del bruerismo. Quizás Sergio Massa traccione más votos en la capital bonaerense, pero el peso del ancla K es imposible de sostener para el intendente.

Ningún cálculo pegado al kirchnerismo le cierra a Bruera. Y es lógico que así sea. Por eso buscará disfrazar alguna candidatura bajo algún signo del peronismo disidente, intentará poner en práctica “la gran Alak”, es decir, tratar de incidir en el armado de listas opositoras para ubicar a candidatos que no le compliquen la gobernabilidad en caso de ser elegidos para ingresar al Concejo Deliberante.

Pero no le será fácil. Por eso, el norte de estos meses de gestión es profundizar la agenda local, tratar de eludir o evadir los grandes temas nacionales y mostrarse activo en el impulso de obras para la ciudad. Hará muchos anuncios, más allá de que muchos luego no se concreten.

Varios sectores de la oposición que no le harán el juego al intendente no sólo profundizarán los temas de la ciudad, sino que buscarán que los grandes aspectos de la Nación se cuelen en las discusiones en el recinto para incomodar y desorientar a los concejales oficialistas.

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