Nacido el 29 de junio

Por Silvio Santamarina.

Mientras el Gobierno dinamita el frente opositor en la campaña. La Iglesia y Clarín se preparan para un escenario más duro: el día después.

Hay dos hombres semejantes, que ahora coinciden en una nueva obsesión: el 29 de junio. Cultivan el bajo perfil, un poco por idiosincrasia, otro poco por cálculo. Apuestan a un look gris, que combina con su desconfianza por las estridencias y las dicotomías: para ellos nada es blanco o negro, porque siempre se les ocurre una salida negociada. Aunque estarán en la boca de Kirchner durante toda la temporada electoral, ambos miran por encima de las contingencias terrenales y piensan en otro país, con más o con menos kirchnerismo. Héctor Magnetto y Jorge Bergoglio ya están diseñando el día después.

Si bien el reciente viaje del cardenal primado al Vaticano incluyó las reuniones habituales de la agenda episcopal, llamó la atención en la interna eclesiástica argentina la inusitada duración de la visita: un mes y diez días sugieren una trama de conversaciones estratégicas sobre el futuro de la relación entre el Papa y la Casa Rosada. La idea de los que rodean a Bergoglio es consolidar la imagen de una Iglesia que en medio de la crisis político-económica garantiza "la libertad y la diversidad de opiniones, preservando la unidad nacional". En ese marco hay que interpretar los guiños cómplices del cardenal hacia la participación protagónica en la marcha contra la inseguridad del presbítero Guillermo Marcó y del rabino Sergio Bergman, a quien Bergoglio acaba de prologarle su libro. Uno de los más hábiles operadores de la Iglesia recomienda seguir con atención la alianza del bergoglismo con Bergman: "Hoy por hoy, el rabino es el mejor vocero político de la comunidad católica, mientras no se obnubile con su protagonismo mediático y se desborde el tono confrontativo de su discurso", opina la fuente. La clave de la influencia de Bergoglio es precisamente su destreza para esquivar el choque frontal con el Gobierno, quien pierde los estribos con la jerarquía eclesiástica cada vez que ésta alienta la participación de religiosos (laicos o de sotana) en movimientos políticos. La inteligencia K viene siguiendo con atención la lista de estos episodios:

* La campaña victoriosa del obispo Piña en Misiones.

* El Congreso, en 2006, "Los católicos en la sociedad civil y la política", que convocó a 3.000 personas en la UCA.

* Las Jornadas de Pastoral Social, que movilizaron a Mar del Plata a 800 cuadros católicos.

* El retiro para políticos del cardenal Estanislao Karlic en Pilar.

* La "Red de Legisladores y Políticos por la Vida", integrada por legisladores y gobernadores K como Roberto Urquía, Juan Manuel Urtubey y Celso Jaque.

* Los congresos en la UBA de "Constructores del bien común", con militantes católicos laicos porteños y del conurbano.

Más que a los partidos, el Gobierno le teme a la sociedad civil movilizada, y la reacción automática es desafiar a todos sus críticos a una pulseada en las urnas. Pero por las dudas, adelanta las elecciones. En el despacho de Magnetto, en tanto, esperan que las urnas arrojen un resultado claro. Si Néstor obtiene 30% o menos, deberá aceptar la derrota y sentarse a negociar una transición elegante. Si saca más de 40%, revalidará títulos y entonces la historia volverá a empezar, y Clarín deberá conversar como lo hizo siempre con gobiernos poderosos. Pero el escenario temido en el multimedio es un 35%, es decir, un resultado ambiguo que desatará una discusión interminable sobre el poder de Kirchner. Y el ejemplo de Venezuela hace temer un escenario de división violenta del país, con los medios de comunicación como arena de combate. Una fuente que trabaja en las estrategias corporativas de Clarín asegura que, ante el peligro de un 29 de junio apocalíptico, las órdenes de Magnetto son:

1. No confrontar abiertamente con el Gobierno, sino más bien victimizarse ante las agresiones recibidas, sean verbales o físicas, como los sabotajes satelitales a los medios del grupo o los escraches gremiales de Moyano & Co.

2. Vigilar que la nueva Ley de Radiodifusión no sea votada antes de las elecciones, a las apuradas. Clarín estima que el Gobierno no lo hará, precisamente para "tener en capilla" al multimedio durante la campaña electoral.

3. Ir sondeando el panorama en el Congreso y en la Justicia, por si se desata una batalla en todos los frentes con el Gobierno, opción que Clarín desea evitar a toda costa, pero para lo cual se está blindando preventivamente. El grupo considera que, a menos que a Kirchner le vaya demasiado bien en las elecciones, los diputados K que a fin de año dejan sus bancas preferirán no levantar la mano contra "el gran diario argentino", para no quedar huérfanos en medio de la transición política hacia el poskirchnerismo. Lo mismo con los jueces: si bien los operadores de Clarín calculan que ningún magistrado se animará por ahora a sacar la cara por Magnetto y la familia Noble concediéndoles acciones de amparo contra las reformas K en el mercado mediático, a la vez confían en mantenerlos neutrales en medio de la guerra. Pocos jueces resisten una visita a los archivos periodísticos.

4. Preservar las figuras de Duhalde y de Scioli, quienes serían propuestos por el grupo como los garantes de un acuerdo de caballeros para el recambio presidencial de 2011, en un eventual armisticio de última instancia con Kirchner. El ex motonauta se llevaría la presidencia, que respetaría a duhaldistas y kirchneristas por igual, y Clarín se llevaría el jugoso negocio del triple play, que necesita con urgencia para resolver sus problemas de caja.

Que Dios, el pingüino y el clarinetista rojo nos amparen. Amén.

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