Nace el Nuevo Partido Anticapitalista

El líder del NPA es Olivier Besancenot, cartero de profesión y personalidad preferida de los franceses. “Se trata de tomar lo mejor de las tradiciones del movimiento obrero”, dijo. Tendrá la ambiciosa tarea de juntar a todos los que están a la izquierda de la izquierda.
"El rey ha muerto, viva el rey”; la famosa fórmula del derecho hereditario de la realeza se aplica perfectamente a la autodisolución y el renacimiento de la Liga Comunista Revolucionaria, la LCR. Al cabo de 40 años de existencia el movimiento trotskista francés dejó de existir como tal, ayer, para renacer este fin de semana con otro nombre, NPA, Nuevo Partido Anticapitalista, y con una ambición mayor: reacomodar las piezas de la extrema izquierda francesa y unir bajo una misma bandera a todos los que están a la izquierda de la izquierda.

El líder del NPA es Olivier Besancenot, un personaje joven y singular, cartero de profesión y personalidad preferida de los franceses. Olivier Besancenot impuso su marca en las agitadas mareas de la extrema izquierda y logró la hazaña de sacar a los ultras del rincón de los recuerdos y de las bromas de mal gusto a donde los sacudones de la historia, en particular la caída del Muro de Berlín en 1989, los habían encerrado. Simpático, persuasivo, eternamente tranquilo y sonriente, el líder trotskista se volvió una figura familiar en los medios de comunicación y consiguió con ello rejuvenecer la guardia vieja del trotskismo. En las elecciones presidenciales de 2007 Besancenot obtuvo más del 4 por ciento de los votos y ahora da un nuevo salto con la creación del Nuevo Partido Anticapitalista. En una entrevista publicada ayer por el diario Libération, Besancenot explicó que con el NPA se “asume una parte de utopía porque la izquierda no nos hace soñar más”. El diagnóstico es perfectamente real.

El Partido Comunista Francés se asemeja a una señora anciana que fue perdiendo sus electores, sus ideas y hasta sus bienes. El año pasado, el PCF alquiló al sector privado parte de su histórica sede central diseñada por el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer. Los socialistas tampoco tienen hoy un programa y menos aún un sueño. Con siete años de querellas internas y dos elecciones presidenciales perdidas, el PS prosigue la costosa búsqueda de unidad y no encarna aún una alternativa sólida. “Queremos confrontar nuestra reflexión a la luz de experiencias prácticas, sobre todo en América latina, con Venezuela, Cuba, Bolivia o el zapatismo en México”, dijo Besancenot. De hecho, el NPA se presenta como un instrumento de apertura para captar la dispersión de la extrema izquierda y, al mismo tiempo, darle un perfil menos sectario. “El NPA es una herramienta política más adaptada al período político que vivimos. Se trata de tomar lo mejor de las tradiciones del movimiento obrero, que sean trotskistas, socialistas, comunistas, libertarias, guevaristas u oriundas de la ecología radical.”

La desaparición de la Liga Comunista Revolucionaria como tal marca un cambio profundo en la extrema izquierda francesa. Fundada en 1969 luego de las jornadas de protesta de mayo de 1968, disuelta en 1973 por el gobierno y reorganizada luego bajo el nombre de LCR, este partido se transformará durante el fin de semana en Nuevo Partido Anticapitalista. Para Besancenot, “no se trata de una ruptura, sino una mezcla de lo antiguo y lo nuevo. Proponemos un polo anticapitalista de base. Desde hace más de 17 años, la izquierda radical ha tratado de federarse por arriba y en cada ocasión la historia ha impedido la dinámica de unificación. Por ello queremos ofrecer una nueva representación política a los que pertenecen a la nueva generación militante, que hasta ahora no tenía partido y que quiere uno”. La plataforma del NPA propone romper con la economía de mercado y la instauración de un solo servicio público bancario. Luego de su oficialización durante el fin de semana quedará planteada una alternativa de cara al futuro: formar o no con el PCF y el PS un frente de todas las izquierdas. Esta alternativa parece hoy lejana. Lo más tangible es la curiosa aventura de un dirigente como Besancenot que, en medio del masivo naufragio de todos los sueños, conservó un segmento intacto de una ideología radical cuyo discurso tiene, por ahora, un impacto más amplio que su influencia electoral.

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