No a la mutilación del Parque

La actual administración municipal ha mostrado preocupación por la planificación y el ordenamiento del desarrollo de la ciudad. Ello resulta ponderable, pues no es frecuente que se repare en algo fundamental que contribuye a la calidad de vida de los habitantes de la ciudad. La planificación le otorga previsibilidad a las acciones públicas y a las privadas.
Para ubicarnos con un ejemplo práctico: si una zona es declarada exclusivamente residencial, uno podrá construir su casa sin el temor de que al lado le instalen una fábrica, un taller o un comercio. Tampoco una cancha de rugby o de fútbol.

En virtud de aquella señalada preocupación, el municipio llevó adelante en su momento el denominado Programa Urbano Ambiental (PUA) y ahora se apresta a anunciar el Código de Desarrollo Sostenible. Este último tiende a reemplazar al antiguo Código de Zonificación, aún vigente, al que no se ha respetado, generalmente por vía de excepción, justificándose esto en la falta de actualidad del mismo. Pero toda la preocupación apuntada ha quedado desnaturalizada en estos últimos días a raíz de un penoso hecho sucedido en nuestro Parque Miguel Lillo, cual ha sido la deforestación producida en poco más de una hectárea ubicada detrás del Complejo Casino.

Como es de público conocimiento, la Asociación Necochea Rugby solicitó ese predio dentro del Parque, y la Municipalidad, vía Departamento Ejecutivo, se lo otorgó, hasta enero de 2014, bajo la figura de "padrinazgo", cual si se tratara de cuidar una plaza o algún otro paseo público, según lo contempla la ordenanza pertinente.

En razón de que el objetivo principal de dicha asociación civil es construir una cancha de rugby de 60 por 90 metros, obviamente que tuvieron que talar todos los árboles dentro de esa superficie para en algún momento dar dicho inicio a su plan de obras.

Ayer, el secretario de planeamiento de la comuna, Martín Sarasíbar, afirmó ante los integrantes del Concejo Deliberante (de lo que se informa en esta edición) que la Municipalidad no había dado autorización para la extracción de las plantas. Y es posible que haya sido así.

Pero entonces, es legítimo preguntarse: ¿Cómo se imaginaban los técnicos del municipio una cancha de rugby en ese predio? ¿Con árboles en su interior? Va de suyo que no resiste el menor análisis.

Lo que debe hacer de inmediato la Municipalidad es reparar el daño producido y reforestar cuanto antes el sector.

Nuestro Parque Miguel Lillo es una reserva forestal de 600 hectáreas, de las cuales hay parquizadas poco más de 200. Es decir que hay casi 400 hectáreas –a las que habría que forestar-pero en las que sí se podría contemplar la cesión de tierras para un emprendimiento como el que pretende llevar adelante la Asociación Necochea Rugby.

El lugar hasta ahora acordado está en pleno corazón de la villa balnearia. Otorgarlo es casi como si se hubiera otorgado la Plaza San Martín. Además, debe considerarse que si la asociación civil planea llevar a cabo importantes obras, no se puede hablar de un permiso por cuatro años. Hay que destinar un predio al que se puede dar en concesión por una cantidad de años que no la haga vivir en zozobras a la Asociación, por eventuales finalizaciones de concesión.

La más que desafortunada decisión de adjudicar el predio detrás del Complejo Casino (a metros de la avenida costera) nos lleva a preguntar: ¿Qué respuesta se daría cuando alguna otra entidad civil, con fines tan loables como la Necochea Rugby, plantease un pedido similar, para construir una cancha de fútbol, o de cualquier otra actividad deportiva?

La errónea decisión de la comuna difiere notablemente de la que se adoptó cuando se emplazó Club Villa del Parque, de prestigiosa trayectoria, a que desalojara el predio donde estaba su antigua cancha de fútbol (con tribuna de cemento incluida) porque el lugar estaba reservado en el plano necochense para una plaza pública, lo que así se hizo.

En el caso de la cuestionada tala, afortunadamente se produjo la inmediata reacción de la Asociación para la Conservación del Parque Miguel Lillo, como así también de otras entidades civiles y vecinos, con más amor por el Parque y con más sentido común que el exhibido por más de un técnico municipal.

Cabe esperar que el Departamento Ejecutivo comunal, advirtiendo que se ha cometido un desafortunado error, revea su decisión y, en conjunto con la Asociación Civil Necochea Rugby, dispongan un predio donde esta entidad pueda concretar sus planes a favor del rugby y de la comunidad toda, sin lesionar lo que debe ser la estructura intangible del Parque Miguel Lillo.

El daño producido puede ser reparado, con la adecuada reforestación del lugar. Además, esto debe servir de enseñanza para actuar con extrema prudencia cuando se trate del uso y destino de las tierras del Parque como así también de cualquier otro espacio público. En todos estos temas debe intervenir, como corresponde y marca la ley, el Concejo Deliberante.

Así como el bloque oficialista mostró su discrepancia con la fallida designación del titular para el Ente Necochea de Turismo, debe exhibir su propia posición ante lo que hasta ahora ha pretendido ser una mutilación del Parque Miguel Lillo.

Igual responsabilidad le cabe a la oposición.

En este caso no hay posibilidad de conductas ambiguas. O se defiende a rajatablas la integridad del Parque Miguel Lillo o se convalidará la citada mutilación, dejando una peligrosa puerta abierta para casos similares.

Sabemos que la ciudadanía necochense está siguiendo con atención lo que viene sucediendo, para tener en claro quiénes son y serán responsables de lo que acontezca. Esta silenciosa ciudadanía a la que luego se exhorta a votar.

Esperemos que los dirigentes políticos adopten las decisiones que su responsabilidad les exige

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