El Muñeco te lo cambia.

RIVER 1 - GIMNASIA (J) 0: Los hinchas frenaron el cambio de Pipo, y Gallardo entró por Rosales y ya no por Mauro Díaz: desde ahí, el 10 se encargó de reemplazar el desencanto por alegría.
Quién sale? ¡Nooooehhhh!"

La gente metió a Gallardo.

Y la gente también frenó la salida de Mauro Díaz.

Fue la escena bisagra, la que lo cambió absolutamente todo. Algo así como el juego del Gran DT, pero en vivo y en directo...

Van seis minutos del segundo tiempo. La platea San Martín, furiosa porque Gorosito demora la presencia de Gallardo, ordena, suplica, ruega por segunda vez por el ingreso del Muñeco. Brama. Grita. Sí, grita el "Muñeeeco/Muñeeeco..." que se escucha como un coscorrón en los rulos de Pipo. Apenas pasan unos pocos segundos y el DT cede ante el reclamo de la masa. ¿Cómo? Sí, lo va a hacer entrar al prócer de la 10... por Mauro Díaz. ¿Por quién? Por MAURO DIAZ: "El cuarto árbitro tenía anotado el 29", le aseguró una voz muy autorizada a Olé.

"¿Quién sale? ¡Nooooooooeehhhhhhh!".

La escena es rápida, confusa, desprolija. Los hinchas explotan cuando ven el cartel que marca la salida del juvenil. La platea lateral quiere fagocitarse a Gorosito a la distancia. Y el entrenador retrocede sobre sus pasos, lisa y llanamente: ante el enorme descontento, modifica su decisión sobre la marcha y lo saca "al 7", a Rosales, justo el más silbado de la tarde. Y mientras el delantero se incendia bajo los insultos de miles, el otro Mauro (Díaz) queda en cancha. ¿Cómo sigue la historia? Entonces entra Gallardo, y como hizo en La Boca, otra vez cambia el guión: la primera que toca el Muñeco termina en un pase-gol a Falcao...

"Yo le dije a Buonanotte que viniera para este lado. El cambio era por Mauro, pero por Rosales, por eso le estaba haciendo señas a Dieguito, que se viniera para la derecha... No le iba a pedir que se pusiera a upa de Rosales", sostuvo en la conferencia el entrenador. ¿Le habrá crecido la nariz como a Pinocho?

Claro que Gallardo lo cambió todo, y no sólo desde lo futbolístico. A Rosales, por caso, su ingreso lo alivió de seguir soportando el rechazo de la gente, que ya agotó todos los créditos de paciencia con él . Y entonces, el "a ver si nos entendemos/los jugadores y la popular...", no sonó más. Y el grito de guerra "Orteeega/Orteeega..." no se repitió como canto de protesta de (casi) todos: la barra de River estuvo sospechosamente ajena a la ola de reclamos (reclamos que tras el partido se extendieron, con rasgos políticos, en un sector del playón del club).

En muñecalandia hubo aplausos para Vega y para Falcao. Una declaración de apoyo hacia el talentoso Mauro Díaz, fruto de las Inferiores. Y una indiferencia respetuosa hacia Fabbiani (lo pidieron una vez, pero poquito), a salvo de los silbidos intermitentes que cayeron sobre Ahumada y Barrado. Hubo espinas (muchas) para Rosales, el apuntado por todos. Y no más. Porque en definitiva, se reflejó mucho menos enojo del que vaticinaban los augurios apocalípticos tras la deshonra frente a Nacional. Al final, el aliento estuvo muy por encima de la desilusión: "En las buenas, y en las malas mucho más..."

Al caer la noche, mientras el Monumental se despedía de los hinchas, sólo se mantuvieron las leyendas de las banderas que poco a poco se fueron descolgando. "Volvé Ortega"; "Ortega y 10 más", y una que, escrita con pintura negra sobre fondo blanco, que retrató al héroe de la tarde: "Gallardo y nadie más". Gallardo, el mismo que a River le cambió absolutamente todo. Igual que los hinchas a Gorosito...

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