Dos mundos cada vez más distantes

Por Néstor O. Scibona.

Más endurece el kirchnerismo sus posturas políticas, más fantasea con su amañada descripción de la realidad, más sufre la economía, presente y futura. Como si fueran dos mundos diferentes, hay una brecha cada vez más amplia entre el discurso oficial y lo que perciben los empresarios. El resultado es inevitable: sube la desconfianza, baja la predisposición a invertir.

Dos encuentros realizados la última semana, el seminario del Consejo de las Américas y el precoloquio de Idea en Salta, permitieron percibir claramente esa distancia, que también se extiende a lo que se dice y lo que se hace.

No contribuye a mejorar la credibilidad que el ministro Boudou haya anunciado, en el primero de ellos, que la intención oficial de recomponer la relación con el FMI obedece a que la Argentina "casi no lo necesita". Lo que necesita es volver cuanto antes al mercado de capitales, para evitar que el deterioro fiscal imponga un ajuste "por las malas"; y nadie sabe si podrá lograrlo. Tampoco se corresponde con la realidad que la ministra Débora Giorgi haya reivindicado la existencia de "sanas políticas macroeconómicas" y de superávits gemelos, como si todavía existieran. Ya hay que hablar en singular de este tema. El superávit primario dejará de existir en 2009 (ya desapareció si excluyen los ingresos que aportan la Anses y el Banco Central) y el comercial apunta este año a batir récords (más de 15.000 millones de dólares), pero por el derrumbe de las importaciones; un tercio de las cuales está sujeta a complicadas restricciones oficiales. En cambio, siguen ausentes del repertorio oficial las referencias a una inflación de dos dígitos anuales a pesar de la recesión, como lo están de las estadísticas del Indec. El organismo continúa siendo el epicentro de una batalla político-sindical con eje en el "morenismo", por más que ahora tendrá una acotada auditoría académica. En tren de seguir buscando atajos pragmáticos para vadear este conflicto, el Boudou acaba de bendecir una económica canasta básica alimentaria lanzada por la cadena Carrefour, al margen de los controles de precios de Moreno, cuyo costo, de 614 pesos mensuales para una familia tipo, supera en 41% a la que mide el Indec, según estima la consultora SEL.

Ninguno de los oradores del oficialismo esbozó en la reunión del Consejo de las Américas la más mínima autocrítica; cada vez que hubo referencias a problemas, se atribuyeron a la crisis económica mundial. Tal vez por eso el expositor más aplaudido fue un senador, el ascendente radical Ernesto Sanz, cuando planteó que la Argentina debe resolver tres grandes desequilibrios - institucional, económico y social- a través de un debate nacional. En el mismo panel, el diputado kirchnerista Agustín Rossi aportó un dato sugestivo: ya hay 90.000 trabajadores que reciben el subsidio de 600 pesos mensuales que puso en marcha el Ministerio de Trabajo para evitar hasta fin de año despidos en grandes empresas. Anualizado, el monto del subsidio coincide casi exactamente con los 600 millones de pesos anuales que el Gobierno le garantizó a la AFA a cambio de del monopolio para ofrecer "fútbol gratis" por TV. Cuesta realmente entender cuál es el orden de prioridades de la Casa Rosada.

Si el mundo oficial no estuviera plagado de confrontaciones, sofismas y fantasías triunfalistas, en el mundo real de la Argentina habría chances de mejorar el deteriorado clima de negocios. Economistas de distintas tendencias coinciden en que la recesión mundial está quedando atrás y que, entre los países que lideran la recuperación, se encuentran China (principal cliente de manufacturas agropecuarias argentinas) y Brasil (de productos industriales). No sólo eso. También mejoran el precio de las materias primas y el tipo de cambio real multilateral, debido a la depreciación del dólar en el mundo y la devaluación local del peso. ¿Alcanza para salir del pantano en que cayó la actividad económica local? No, pero sin dudas ayuda. Por lo pronto se estima que, pese a la sequía y la política K anticampo, la próxima cosecha de soja pasará de 32 a 52 millones de toneladas. Esto implica para el sector un ingreso extra de 8000 millones de dólares, que contrarresta el derrumbe de la producción de trigo y maíz. Otro dato positivo es que en agosto habría bajado a 800 millones de dólares la salida de capitales (que en junio había trepado a 2500 millones), al disiparse la expectativa de una maxidevaluación poselectoral. Según una estimación que aportó el economista Ricardo Arriazu en el precoloquio de Idea, si se redujera en una cuarta parte la salida de capitales la demanda interna podría crecer 3% anual.

El drama es que en los últimos dos años la Argentina ya sufrió por desconfianza una hemorragia de 45.000 millones de dólares y el kirchnerismo sigue saboteando la perspectiva de que al menos una porción pueda retornar para volcarse al consumo o la inversión. Incluso, está a punto de malgastar la bala de plata del blanqueo de capitales, que puede pasar sin pena ni gloria. Quizá en 2010 haya que contentarse con un repunte del PBI de 2 o 3%, cuando podría crecer al doble o más.

Problemas estructurales

No sólo es un problema que Néstor Kirchner diga que el voto contra el gobierno el 28 de junio fue para "profundizar el modelo"; el mayor problema es que Cristina Kirchner se dedicó a adoptar medidas en esa dirección en las últimas semanas, como si gobernara para su propia tribuna ideológica. Incluso, con decisiones que convalidaron acciones ilegales, como ocurrió en Santa Cruz. Para superar el conflicto del gremio petrolero, que con apoyo del gobernador Daniel Peralta paralizó casi 20 días la producción de petróleo y gas (20% del total nacional), desconoció la paritaria a nivel nacional y no acató la conciliación obligatoria, Julio De Vido forzó a las empresas a pagar el 100% de los salarios caídos.

El mal clima político que desalienta la inversión también hace perder de vista los problemas estructurales. El mismo Arriazu advirtió en Idea que si la Argentina aspira a crecer al 5% anual promedio en los próximos años y crear empleos de calidad, debería aumentar la inversión entre 25 y 30%. De lo contrario debería resignarse a seguir alimentando la pobreza y el desempleo. Además, necesitaría invertir no menos de 4500 millones de dólares anuales en infraestructura energética, para evitar un cuello de botella productivo. Aunque no lo dijo, de su diagnóstico puede extraerse otra conclusión decepcionante: por ahora, las prioridades del kirchnerismo son fútbol "gratis" en continuado y la urgente reforma de la ley de radiodifusión, que desvían el debate de los desafíos verdaderamente importantes.

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