El mundo que nos toca vivir

Por: Ricardo Roa

Festejamos hoy 25 años de democracia. Y no es poca cosa para un país donde el golpe militar fue por décadas parte de la vida política, aunque implicara paradójicamente su desaparición

También se cumple un cuarto de siglo del eslogan más simbólico del triunfo alfonsinista: con la democracia se come, se educa y se cura. Era naturalmente algo que se podía pretender. Saldar una deuda que la sociedad tenía consigo misma. Y que aún la tiene. Lo que faltó decir entonces es que con la democracia también se respira. Se piensa y se habla libremente. Y como quiera que sea, eso efectivamente se ha conseguido.

Pero en democracia seguimos sin resolver el problema de una desigualdad social y una pobreza dramáticas. Tampoco desaparecieron las castas de poder, que han renovado los hombres pero no los métodos. Los nuevos aires todavía no han penetrado ahí.Son cosas de este tiempo que el kirchnerismo haya proclamado estar a punto de conjurar dos siglos de frustraciones, como si la reconstrucción democrática hubiera comenzado en 2003. También que el Congreso funcione como un apéndice del Gobierno. Que lo mismo pase con una parte de la Justicia. Y que además se pretenda que los medios expresen sólo aquello que el poder político quiere escuchar. La inseguridad es otra mancha.

Una mancha tremenda que crece. Hace 25 años lo que aterraba era la violencia desde el Estado. Desapariciones, campos de concentración, cámaras de torturas. Como las encontradas en El Pozo de Arana. Se sabe que la democracia no es un mundo perfecto. Pero con sus más y sus menos, es el mejor que nos ha tocado vivir.

Comentá la nota