Un mundo que sólo Kirchner entiende

Por Rodrigo Lloret

¿Cuándo terminará la arrogancia de Néstor Kirchner para entender que su figura divide a la Unasur? ¿Alguien podrá explicarle al ex presidente que su obstinación no hace más que retrasar el proceso de integración regional? ¿El mundo se ha vuelto contra el patagónico o el patagónico vive en un mundo que sólo él comprende?

Es difícil discernir la psiquis kirchnerista, pero algo quedó muy claro en estos días: la candidatura de Néstor Kirchner ya no tiene ninguna posibilidad real de concretarse. Ese es un secreto a voces que viene creciendo en ámbitos diplomáticos.

La diplomacia no ha sido el pasado, ni lo será en el futuro, una virtud de Néstor Kirchner. Antes de ser presidente, el santacruceño había mostrado poco interés por los contactos internacionales: su primera visita a Estados Unidos y a Europa se produjo cuando llegó a la Casa Rosada. El mundo siempre estuvo muy lejos de Santa Cruz.

La distancia de Kirchner con el resto del planeta se hizo más evidente durante su mandato presidencial. No abundó en el buen trato y en algunos casos llegó a ostentar desprecio, por los embajadores que llegaban a Buenos Aires enviados por los jefes de Estado de todo el mundo. El abandono de las formas en la diplomacia genera, inevitablemente, futuros conflictos en las relaciones bilaterales: con el desaire no se desdeña al enviado de un país, sino precisamente, a ese país.

Pero si faltaba algún elemento para demostrar la poca agudeza con la que Kirchner atendió a la política internacional, la Unasur llegó para convertirse en el más patético ejemplo de su autismo. Kirchner siempre denostó a ese bloque, creado por impulso de Brasil. El ex presidente argentino desconfió en todo momento de ese espacio motorizado por Lula da Silva porque sospechó en ese objetivo la intención de propulsar un liderazgo regional del brasileño. Con esa paranoia, Kirchner trasladó a la región las mismas armas que utilizó durante toda su vida de militancia peronista.

Kirchner hizo todo lo que pudo para que no quedaran dudas de su irreverencia por la Unasur. Fue el único presidente sudamericano que no estuvo presente en su primer acto, en Cusco en 2005. Tampoco le dio crédito mientras iba dando sus pasos fundacionales. Y tampoco participó en Santiago de Chile este año de su más importante reunión, cuando el bloque tuvo su bautismo de fuego internacional al encausar la crisis boliviana.

“La Unasur necesita un hombre de consensos. La crisis nos invade y es preciso el diálogo para superar las diferencias que tenemos, hay que reconocerlo, en nuestra región. Con divisiones no iremos a ningún lado”, comentó un diplomático regional que conoce de cerca el proceso de la Unasur. El funcionario no es argentino, pero sus palabras iban dirigidas a un argentino.

Pero nada de eso le importa al patagónico. El mundo que Kirchner concibe es, y siempre lo ha sido, a su imagen y semejanza.

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