El mundo multipolar no será un escenario mejor

Por: Juan Battaleme

PROFESOR DE POLITICA INTERNACIONAL (UADE, UBA)

Existe optimismo ingenuo en vitorear el abandono de la unipolaridad. La nueva realidad sería más difícil y peligrosa para los Estados menores.

Tanto en el debate político como académico se habla del necesario y bienvenido regreso de un mundo multipolar, el cual terminaría con un período en el sistema internacional vinculado a la concentración de poder militar y económico en manos de EE.UU. conocido como unipolaridad.

Su llegada implicaría el restablecimiento del equilibrio de poder frente a la potencia central; un diferente set de reglas de orden internacional con una mejora del entramado institucional dando lugar a reglas de orden menos asimétricas; el incremento de los márgenes de autonomía; una menor capacidad de disciplinamiento por parte del actor hegemónico, junto con más oportunidades de crecimiento y espacio de maniobra en materia de política internacional. El "ascenso de los demás" como ha señalado Fareed Zakaria obligará a EE.UU. a adaptarse, caso contrario se acelerará su declive en el sistema internacional.

El problema es que la unipolaridad está en declive pero no agotada, lo cual todavía habla de un margen de maniobra amplio por parte de la potencia central, mientras que la idea de que la instauración de un orden multipolar significa más estabilidad, menos abuso, una mejora para los Estados con menos capacidades no sólo es desconocer la historia de la política mundial, sino tener un optimismo rayano con lo ingenuo debido a los reacomodamientos que se avecinan tanto a nivel regional como a nivel global.

El clamor de Brasil, Rusia, India China, Sudáfrica, como así también algunos Estados de la Unión Europea para construir un mundo multipolar, surge a partir de su propio interés nacional, el cual implica incrementar poder frente a sus pares y acortar la asimetría con EE.UU., ya sea mediante instituciones que pueden influir y controlar (Unasur, Organización de Cooperación de Shangai, etc.) o a través del uso de su poder duro -ya sea militar o económico- a los efectos de que se cumplan sus imperativos estratégicos. La guerra del Cáucaso de agosto es una buena muestra de ello.

Crecientemente los grandes poderes van a ser más unilaterales frente a sus vecinos menores. De una estructura multipolar se produjeron dos guerras mundiales, las competencias imperiales y las dominaciones políticas y económicas de la periferia.

La multipolaridad suma jugadores al juego de la política internacional, pero no necesariamente estabilidad, mejoras y beneficios. Atender los desafíos de la multipolaridad implica tener una economía sana, un poder militar creíble y una capacidad diplomática importante ya que las complejidades de ese mundo son múltiples debido a los entrecruzamientos de intereses.

Vitorear a la multipolaridad como un elemento positivo de la política internacional es desconocer que la realidad multipolar es difícil, dura y peligrosa para los estados menores del sistema internacional.

Comentá la nota