Un mundo lleno de malas noticias

Joaquín Morales Solá

EL Fondo Monetario se fortalecerá en el futuro y, seguramente, también cambiará. La Argentina no entra en los planes actuales ni futuros del organismo. Palabras de Dominique Strauss-Kahn. El Banco Mundial confeccionó una lista con sus países prioritarios en América latina.

La Argentina no figura en un lote de cinco naciones latinoamericanas. Documento oficial del organismo. Nadie llamó a Cristina Kirchner para coordinar posiciones en la reunión cimera de Washington sobre la crisis financiera internacional. Por el contrario, la Presidenta tuvo escollos insalvables para concretar reuniones bilaterales con los principales líderes mundiales que viajaron a Washington, salvo la perseverante excepción de Lula.

Dirigentes internacionales importantes, que conversaron en tiempos recientes con los gobernantes argentinos, se sorprendieron por el grado de desinformación e ideologización de los Kirchner. La Argentina tardará mucho en recuperar la confianza , pronosticó un altivo diplomático extranjero. El problema no es la economía, aunque también lo sea, porque el mundo está lleno de esos conflictos. El problema central es que cualquiera cree cualquier cosa sobre lo que el gobierno argentino podría hacer, hasta un eventual nuevo default. Afuera, muchos creen que la Argentina camina hacia ahí, segura.

Hay cosas que no se perdonan en momentos de convulsión universal. Una de ellas es, sin duda, que un país haya decidido echarle más leña al fuego en lugar de ayudar a sofocar el incendio. Es lo que los Kirchner hicieron cuando estatizaron los fondos de pensión y hundieron durante varios días a mercados bursátiles del exterior. Hay, además, una ausencia de instituciones cuando la agencia de recaudación impositiva convierte a los bancos en delatores de un servicio de inteligencia del Estado. En eso consistió una circular de la AFIP enviada a siete bancos para que le informen sobre las operaciones de depósitos, de plazo fijo y de apertura de cajas de seguridad.

La AFIP se ha convertido en el brazo armado de Guillermo Moreno. Es obligación del Estado tener información sobre el dinero que circula, pero no puede hacer de esa información una herramienta de extorsión. Más importante que todo eso es la audacia de hamacarse en la cornisa.

El sistema financiero argentino ha demostrado estar más sólido que lo que se creía: aguantó hasta ahora todas las balaceras a las que lo sometió el Gobierno desde que se asustó con la crisis financiera internacional. Se asustó con razón: el gobierno de los Kirchner deberá modificar políticas y relaciones en los próximos tiempos (con el Fondo Monetario, con Europa y con los Estados Unidos) o deberá enfrentar una fuerte recesión y el consecuente desempleo. Los tiempos de encendidas oraciones aislacionistas han concluido junto con la bonanza de la economía.

¿Podrán los Kirchner reconstruir las instituciones? Hay una formación política que actúa contra toda posibilidad de cambio. En un solo párrafo, Néstor Kirchner mostró la radiografía de su concepción republicana. Respondió a los periodistas que él no opinaba sobre las decisiones de la Corte Suprema porque es respetuoso de la división de poderes y porque tiene el cargo de presidente del justicialismo. El ciudadano Néstor Kirchner, y ahora es sólo eso, puede opinar sobre las resoluciones de la Justicia. Y el Partido Justicialista no forma parte, que se sepa al menos, de los poderes del Estado.

Kirchner no quiso hablar sobre la decisión de la Corte de declarar la libertad sindical porque simplemente la noticia lo hirió. El tribunal no sólo declaró inconstitucional un artículo de la ley sindical. También lo corrió al Gobierno por donde más le duele: le recordó que estaba desconociendo varios tratados internacionales sobre derechos humanos y sociales incorporados a la Constitución en 1994.

Hugo Moyano y Luis Barrionuevo son hijos también de una determinada formación. Para ellos, la conspiración forma parte de la vida y no sólo de la política. Creen que algún kirchnerista anduvo detrás del fallo de la Corte. En rigor, fue un dictamen de un secretario del tribunal, el de asuntos laborales, que todos los jueces firmaron sin hablar previamente entre ellos. Sólo Carmen Argibay no emitió opinión. El propio procurador general, Esteban Righi, se pronunció en el sentido que lo hizo la Corte, pero respaldado en razones jurídicas más coyunturales, no en la definitiva inconstitucionalidad.

La Corte no ignoraba lo que estaba haciendo, pero prefirió hacerlo cuanto antes porque temió que una postergación de la resolución la sometiera a intensas presiones políticas y sociales. Punto. No hubo nada más que eso. Ningún gobernador ni legislador peronista objetó la decisión de los máximos jueces. Dos magistrados que firmaron la sentencia, Enrique Petracchi y Juan Carlos Maqueda, han militado en el peronismo, pero también han evolucionado hacia la comprensión de un sistema político y social más plural.

El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, trató de morigerar el impacto cuando dijo que el tribunal había resuelto nada más que sobre los gremios estatales. No es cierto. El ar-tículo declarado inconstitucional se refiere a todos los sindicatos.

El Gobierno deberá ahora modificar la ley sindical. Ya hay movimientos en ese sentido de parte de senadores netamente kirchneristas. Serán seguramente mezquinos con la diversidad porque temen la reacción de los grandes gremios, a pesar de que Kirchner le dio a Moyano la administración de los monumentales recursos de las obras sociales.

Pero eso, el control de abundante dinero, es una de las dos condiciones indispensables para la conservación de la estructura sindical; la otra condición es el sindicato único, que acaba de tumbar la Corte Suprema. Sea como fuere, lo cierto es que el máximo tribunal mostró al trasluz la obsolescencia de un sistema construido hace ya 60 años.

Para peor, en el año próximo habrá elecciones y los gremios siempre han hecho su contribución, a favor o en contra. Esto terminará a los tiros , dramatizó un diputado peronista cuando imaginó el tratamiento de una nueva ley sindical.

Los sondeos oficiales para el año electoral no son buenos. Podría perder entre siete y nueve senadores del total de 15 peronistas que renovarán mandato. El oficialismo perdería, así, la mayoría absoluta de la Cámara Alta. En la Cámara de Diputados las cosas podrían ser más graves: ahí se renueva la mitad de la Cámara y se elegirán diputados en todas las provincias. En cambio, el Senado renovará sólo un tercio y comprenderá sólo a ocho provincias.

La oposición, a su vez, comienza a moverse en una dirección más sensata. El radicalismo y Elisa Carrió parecen haber entendido que no pueden repetir la experiencia de una extrema fragmentación. Los dos se reunirán con el socialismo dentro de diez días para avanzar en un acuerdo electoral. Un peronismo no kirchnerista empieza a despuntar en la concluyente Buenos Aires. Felipe Solá, Francisco de Narváez y Eduardo Duhalde urden una propuesta distinta de los Kirchner. Solá se irá mañana del bloque oficialista para integrar un interbloque de 20 diputados peronistas no kirchneristas. Primer paso.

Sindicatos, oposición y peronismo ya no serán como fueron para los Kirchner. La hostilidad política que asedia al matrimonio gobernante es más amplia que la de un mundo ciertamente desconfiado y glacial.

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